#MDQFEST No todo es vigilia, de Hermes Paralluelo

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Concursando en Competencia Internacional se exhibe en Mar del Plata la última película de Hermes Paralluelo (1981, Barcelona), una coproducción entre España y Colombia, que continúa en esa zona intermedia post-géneros por donde pareciera haberse instalado el cine en este comienzo de nuevo siglo.

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Con un éxito de festivales en su haber (Yatasto, 2012), lo que narra este film es la cotidianeidad en la vejez de los abuelos del propio director, Felisa y Antonio, ya sobrepasados los 80 años, atravesados por los dilemas del autovalerse y cuidarse ante la debilidad del cuerpo y un elemento que se esboza como posible dilema: el internarse en un asilo de anciano para superar las dificultades de su edad.

Lo que tiene sin dudas esta película es un ritmo muy particular, especialmente en su segunda parte. Porque el comienzo, hasta casi la mitad de la película, es una sucesión de planos en el Hospital, donde los viejitxs son sometidos a una serie de estudios y análisis para comprobar su salud. Y mientras sus cuerpos son llevados y traídos las conversaciones, la memoria larga, los recuerdos de juventud, de cuando el mundo sin dudas era otro.

En la segunda parte del film, luego de cuatro planos bien simbólicos del invierno que reina: con cámara fija, paisaje de campo, camino y nevada, la historia pasa a suceder dentro del hogar de los ancianos.

La vulnerabilidad de la vejez, el contraste entre cuerpo anciano y tecnologías de la salud, el otro contraste (poético si los hay, y ni que decir, topos de la literatura universal) entre sueño y vigilia, vida y muerte, el tema del amor, de la fidelidad al otro, de la soledad, de la ternura y la compasión, son tratados desde el punto de vista de esta pareja, que va proponiendo un ritmo relajado, parsimonioso reflexivo y nostálgico en planos que sostienen los tiempos y acciones de esas vidas.

El universo afectivo del propio Hermes Paralluelo impregna las imágenes, porque lo que cuenta es una parte íntima de su propia historia, y provoca reflexiones desde un mínimo gesto personal, logrando involucrar respetuosamente al espectador.