Litania Prado y el arte Wichi

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La cultura wichi es una de las culturas del Gran Chaco, zona que abarca los países de Bolivia, Paraguay y Argentina,  y cuenta con características parecidas a otras etnias de los pueblos originarios por la relación que ha mantenido y aun mantiene,  con la naturaleza –  un contacto permanente con el monte, con el río y los pájaros. El pueblo wichi es un pueblo que vive en permanente armonía con los sonidos y los cantos de la naturaleza ya que como parte de la creación, estos se relacionan con la vida misma y son de gran importancia para la subsistencia de las familias.

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Como toda cultura aborigen, los wichis tienen también el recurso de la lengua oral, una riqueza cultural que muchas veces no se refleja en la expresión escrita por ser una lengua ágrafa desde  hace muchos siglos. Sin embargo el pueblo Wichi ha sabido mantener viva la capacidad de transmitir, de generación en generación, lo propio de su cultura que hoy brota a través del arte, de la artesanía y del cine…

Litania Prado, de la Misión Chaqueña en Salta, Argentina, fue la primera pintora del pueblo wichi. En su obra, se descubre la vida cotidiana de la comunidad, destacando por sobre todo, el rol de la mujer. Perteneciendo a una cultura que carece de tradición pictórica, sin darse cuenta, se transformó en una pintora costumbrista de singular encanto y una cronista visual que vuelca a través de los colores de sus obras,  la alegría y optimismo de la cultura de su pueblo.

Sus obras cuentan las historias de la pesca, la marisca y la recolección de los frutos en el monte. Como otros pueblos cuyo modo de producción ha sido, hasta hace poco,  principalmente el de cazador-recolector, Litania retrata la situación ecológica de interdependencia con la tierra y los animales, que los wichís acostumbraban a calificar de “hermanos”. También  las actividades manuales que realizan las mujeres es otro de los temas que se reflejan con minucioso detalle en sus pinturas. Se trata de los códigos ancestrales de expresión artística que la mujer wichi plasma en una diversidad de dibujos y,  que combinando formas y tonalidades, teje con antiguas técnicas  en yica.

La yica proviene generalmente de la planta del “chaguar”, una planta de la familia de las bromeliáceas  que constituyen una parte importante del tapiz vegetal del soto-bosque, de los matorrales y montes típicos del Chaco. El chaguar, tiene numerosos usos además del de la fibra para tejido: es un alimento, es decorativo, medicinal como cicatrizante y mágico,  como la piola atada a la cintura de la parturienta y ante quien el chaman celebra un ritual para que el parto sea bueno y el niño nazca bien.

Se considera que los pueblos indígenas del Chaco Boreal y Central poseen la tradición más rica en tejidos de punto, después de los andinos. Estas redes de malla son la supervivencia de una de las técnicas textiles más antiguas de Sudamérica.

Hoy, con estos mismos hilos, las mujeres wichi siguen fabricando artículos relacionados con la actividad de la subsistencia: grandes bolsas de acarreo, sogas para animales, cuerdas para trepar a los arboles buscando enjambres, sogas para transportar leña o piezas de caza, grandes y pequeñas redes de pesca o cuerdas para armar trampas, hamacas y mantas – esteras de la vida hogareña.

Sin embargo, con la mayor demanda de productos ecológicos,  las mujeres también se han abierto a la creación de nuevos modelos y si bien no hay una relación acorde,  dado el largo proceso artesanal con la fibra de chaguar, las mujeres logran tal calidad en su trabajo que las obras de sus manos,  pasan a ser muy valoradas en el mercado internacional, especialmente por diseñadores como Marcelo Senra.

Pamela Gowland