#29MDQFEST: Jauja

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Habrá quien se desconcierte con una película en la que prácticamente no hay actores y contradictoriamente es una película de actuaciones, en la que el espacio es tan amplio como el paisaje de La Pampa, en la que se habla, en parte, danés, en parte español, francés; y en cuya historia gira en torno a algo tan universal como la búsqueda de una hija por un padre.

Como si el tema de “la cautiva” se correspondiera naturalmente con ese “desierto” cuyo límite es una zanja en construcción y el enemigo un soldado mítico al que se ha visto cabalgando vestido de mujer, Jauja que viene de estar seleccionada nada menos que en Cannes, tuvo su primera pasada en la competencia internacional de Mar del Plata 2014 y el jueves próximo se estrena en Buenos Aires.

Mencionado como un territorio antiguo, “tierra mitológica llena de abundancia y felicidad”, el lugar, Jauja, se presenta desde el primer momento con forma de verde pradera donde conviven lobos marinos, perros, sonidos de gallinas y gallos, al costado el mar, alguna pequeña laguna, donde hay algunos pocos hombres vestidos como si fueran soldados del ejército argentino de fin de siglo XIX durante la conquista del desierto. Una única mujer, joven rubia de 15 años, codiciada por unos, amada por otros, y su padre, un comandante danés explorador nómade. que se verá en medio de ese comandante lascivo, un administrador que suele hablar francés, una próxima fiesta organizada por el Ministro de Guerra. 

Le alcanzan a Alonso un pequeño campamento, unos pocos hombres, dos caballos y un perro para contar esta historia que en buena parte construye su universo paralelo, propio del relato oral, en un siempre presente desierto pampeano que expulsa a los que no quieren ser atrapados y retiene a los que se enamoran de él. La cautiva, mujer blanca, arrebatada por el indio gira en el cine de Alonso hacia lugares e interpretaciones nuevas, miradas desde el presente hacia el pasado, pero tambien hacia el futuro.

Dos momentos para grabar en la memoria: la única intervención musical sobre un plano nocturno y el cielo estrellado en uno de los planos más bellos que ha dado el cine argentino en los últimos tiempos, y la escena de la mujer de la cueva junto a un pequeño manantial.

Cine para interpretar, con marcado acento en el poder de actuaciones gestuales y cargadas de materialidad, como las de Viggo Mortensen, productor y músico en la pelicula, curiosamente en la primer pelicula en la que Lisandro Alonso se sale del trabajo con actores no profesionales, y el espacio que se lo devora todo.