Festival de Dramaturgia Europa + América: “El festival es un modo de fomentar lo inesperado.”

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Desde el 15 de noviembre y hasta fin de mes, se realiza en la Ciudad de Buenos Aires el Festival de Dramaturgia Europa + América, curado y dirigido por Matías Umpierrez.  Con producción de la Eunic (red mundial que nuclea a los Institutos Nacionales de Cultura de los estados miembros de la Unión Europea) y  coproducción de instituciones y embajadas de los países participantes y los teatros independientes donde tendrán lugar las funciones, el encuentro propone una zona de cruce entre 10 autores extranjeros y 10 directores argentinos, una frontera de intercambio entre diferentes modos de producción. Guillermo Cacace nos acerca al objetivo: Entiendo que el festival propone un encuentro exogámico con otras voces. Es una excelente oportunidad para pensar las distancias en un sentido no literal. Para pensar qué nos encuentra y  qué nos separa con lo que está pasando en otros lugares y si realmente no hay algo muy relativo en querer pensar las singularidades poéticas en relación a las regiones de donde provienen. A una cuadra de distancia pueden emerger mundos disímiles y a miles de kilómetros parentescos inesperados. No se trata de negar las marcas que hace una cultura en el lenguaje, el punto es si es en esas marcas donde reside la diferencia. Siempre me pareció una lectura muy esquemática la de pensar lo distinto como ajeno. A mí me producen más ajenidad ciertas cercanías.” Para Diego Faturos  “es interesante participar del cruce de propuestas por el cúmulo de instituciones extranjeras, sumado a dramaturgos en mayoría europeos, teatros independientes apoyando el festival, y un grupo de artistas poniéndose a disposición. Es la primera edición del festival y pinta muy interesante, tanto por los participantes, como por  tener la posibilidad de estrenar estos textos contemporáneos. Son materiales que en general no sería sencillo traer y montar.”  Por su parte, Román Podosky nos ofrece una poética definición del festival: “es un cruce de caminos donde veo algo del otro que camina en dirección a mí, y donde al mismo tiempo su mirada me expone en la medida en que avanzo hacia él.”

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10 obras extranjeras (provenientes de Italia, Francia, Austria, Reino Unido, Alemania, Croacia, Austria, España, Uruguay y Brasil) fueron puestas bajo la mirada atenta de  Ana Katz, Román Podolsky, Cristian Drut, Analía Couceyro, Lisandro Rodríguez, Elisa Carricajo, Guillermo Cacace, Mariana Chaud, Natalia Casielles y Diego Faturos. Las puestas en escena, que harán temporada el año entrante, tuvieron un arduo proceso de trabajo y permitieron una intensa reflexión sobre el material asignado. Hablemos sobre algunas de ellas:

Mi hijo sólo camina un poco más lento (Croacia), de Ivor Martinic, es un drama que hace la pregunta fundamental sobre cómo aceptar al Otro. Guillermo Cacace, quien la dirige y la presenta hoy y el viernes próximo en Apacheta sala Estudio, nos cuenta:   “Nuestra obra es una pieza coral. Hay claramente una tensión central pero se compone desde un conjunto de pinceladas exquisitas. Esas pinceladas son situaciones instaladas con escenas concebidas desde una noción muy musical. Escenas que respiran una sensibilidad con la que hace mucho no me encontraba. Entiendo que algo que me atrajo mucho del material es que tematiza una suerte de esperanza que se erige sobre las ruinas… Hay cierto juicio en estado de suspensión  que la obra propone y me resulta muy estimulante. La obra permite mirar la cicatriz y decir: esta marca no se borrará nunca, cada tanto volverá a doler pero mientras tanto hagamos lo posible por no pasarla tan mal.” Si bien la obra le fue otorgada, Cacace señala que rápidamente se sintió permeado por su discurso, en parte porque las obras del autor  poseen una sensibilidad exquisita en el marco de un lenguaje teatral que fluye de un modo poco usual y es sumamente generoso para con los intérpretes. Para él esta obra fue una excelente excusa para volver a trabajar con algunos actores. Aunque juntarse para ensayar ha sido un gran sacrificio por horarios y días inauditos, la satisfacción ha sido grande: “El punto es que el material me sedujo tanto y funciona tan bien en el cuerpo de los actores que todo tiene una compensación simbólica muy grande. Porque debe saberse que en estos casos, en lo particular siendo un festival enorme con un pequeño presupuesto la compensación es sólo simbólica y en esa dirección vamos hacia adelante.” 

 

Medea del Olimar (Uruguay), de Mariana Percovich, es un unipersonal basado en hechos reales,  “es en primer lugar la huella de una afección: la que sintió su autora cuando leyó la noticia del asesinato de una niña a manos de su madre. Y es también un intento de poner palabras en esa trama de intensidades. Allí la autora acude a la heroína griega, a sus sucesivas escrituras en el tiempo y la vuelve a reescribir. La obra expresa ese contacto, que a veces es un choque, a veces un relámpago y otras una caída.  Lo que me atrae es que los afectos y las ideas de la obra parecen discurrir por caminos paralelos, sin la pretensión de unirlos en una perspectiva  totalizadora. Se diría que la obra son los pedazos de Medea, una vez rota la estatua que la tradición hizo de ella”, explica Podolskyque presentarála obra los domingos 23 y 30 de noviembre a las 20 hs en El Camarín de las Musas. Para él,   que se interesó por la  investigación de los espacios no convencionales y la experimentación con el lenguaje de la autora, lo más difícil del proceso de montaje fue encontrar el tono de la actuación, la forma de decir,  encontrar además  el modo en que Jasón acompaña a Medea en su relato. Y más en general, dar con la nota de un tipo de discurso fragmentario, que no progresa desde una lógica orgánica psicologista. Sobre su elección de los actores, Podolsky afirma: “Paula Brasca (Medea) es una actriz que conozco y admiro por su capacidad de tocar notas no convencionales en su expresión. Pablo Finamore  (Jasón) la acompaña con su talento y sus silencios cargados de sentidos. Si bien la obra es originalmente un monólogo, me pareció interesante agregar su presencia porque abre la posibilidad de preguntarse cómo siguen los vínculos amorosos más allá de que alguno de los implicados haya cometido una atrocidad”.

 

Demasiado cortas las piernas (Suiza), de Katja Brunner, se estrenó anoche en Timbre4 y se presenta nuevamente el sábado 29 a las 23 hs en el mismo teatro. Diego Faturos, su director, nos cuenta que: “la obra es bestial. Trata el tema del abuso infantil con una hondura conmovedora, combinada con pinceladas de humor e ironía. La obra es una llaga, una herida abierta que se termina de armar en la cabeza del espectador” y agrega “por momentos se describen escenas realistas con escalofriantes detalles y también tiene monólogos rotos, carentes de puntuación, que la hacen profunda, inteligente y arrolladora.” Con un equipo conformado por Julieta Vallina, Silvina Sabater, Javier Rodríguez Cano, Francisco Lumerman, Lala Mentía, Julián Krakov, Matías Labadens y Cinthia Guerra, Faturos comenta que el primer desafío fue tomar el material y poder despegarse de la conmoción inicial que genera el tema que toca y después empezar a jugar y de a poco apropiarse de la historia.

 

Hamlet está muerto, Sin fuerza de gravedad (Austria), de Edwald Palmetshofer, ya completó su participación en el festival con tres funciones a sala llena y se deberá esperar hasta el próximo año para disfrutar de esa enorme experiencia sobre la existencia contemporánea. Lisandro Rodríguez indica que le interesó sobretodo el desafío de montar una obra con pocas cosas claras, poder trabajar con actores que en su mayoría nunca antes había trabajado (a quienes convocó más como aliados de una experiencia que como actores, gente dispuesta al riesgo, a la no búsqueda de resultados) y también  con Matias Sendon, una persona que lograr sumar lenguaje al trabajo siempre y se le vuelve un aliado fundamental a la hora de la construcción de los signos vitales de cualquier obra. Fue  un trabajo muy intenso y breve con una disposición actoral extraordinaria y un texto complejo y lleno de recovecos escénicos.  Precisamente el poco tiempo junto con  la extensión del texto, la pérdida en términos de lenguaje y significado y el desconocimiento de la “cabeza ” del autor fueron para él los grandes obstáculos en el proceso, “Ese limbo en el que el trabajo se vuelve tremendo, sufrido y atractivo al mismo tiempo, donde lo accidental del proceso juega un rol fundamental.” Muchas de esas dudas las pudo subsanar en su encuentro con el autor: “Fue un encuentro amable y amigable donde pudimos dialogar y sacarnos dudas y hacernos preguntas. Una persona sensible, profunda y muy concreta y a la vez abierta en relación a su poética y a la puesta. Aportó muchas cosas y pudimos tener un valioso intercambio. Ya con eso creo q es más que justificable y valioso el festival.”

 

La ciudad (Reino Unido), de Martín Crimp,  recayó en la dirección de Cristian Drut quien ya había estrenado en Argentina otras obras del autor (En el campo en 2011 y Atentados contra su vida en 2013). Drut convocó a parte del elenco con el que había trabajado en las obras anteriores y  piensa que Lo interesante para ellos es que, al haber transitado ya dos montajes sobre textos del mismo autor, equivocados o no, tienen una hipótesis de cómo es. Sobre su interés sobre el dramaturgo, el director explica: “Sin dudas hay algo de la textualidad  de Crimp que siempre me interesó y que al ubicarse entre Pinter y Sarah Kane recorre procedimientos que uno podría asociarlos a ambos. La ciudad mezcla cosas de las obras anteriores. Tiene cierto espacio abierto de conformación del sentido donde uno puede decidir como director y también cuestiones con las pausas y los silencios que la vuelven muy precisa. También hay algo Pirandelliano o de La vida es sueño o como nos gusta citar a la gente de teatro: Algo Lyncheano. El campo de los sueños. La realidad, la ficción. Me interesa en Crimp cierta sensación en donde pareciera no importarle mucho cómo se resuelve el montaje. Como si comprendiera y dejara espacio para el director y su especificidad”

 

Quince días de teatro, de intercambio productivo y de reflexión generan suma expectativa, expectativas que según pasan los días se van convirtiendo en palpable realidad, con funciones agotadas, charlas con el público  e interpretaciones brillantes y atractivas. Lisandro Rodríguez prefiere no pensar en las expectativas y sorprenderse con lo que suceda con el público. Guillermo Cacace arriesga una respuesta: “La creación de un marco más. En el presente que acerque a la gente a autores extranjeros intervenidos por la mirada local que se produce desde cada elenco y a futuro que encuentre vías de continuidad para seguir quitándonos pelos del ombligo. El excelente nivel de producción local no debería generar un versus. La convivencia de poéticas nuestras y extranjeras puede desplegar potencias dormidas en la ausencia un tráfico más intenso de alteridades. Luego, ¿qué es una alteridad? ¿en qué reside?¿qué posibilidades tienen las emergencias de lo más distinto serán temas a pensar en este marco.”  Por su parte Faturos se muestra interesado en ver qué genera su obra. Quiere poder sentarse en la platea y ver la cara de la gente a medida que la función avanza. Román Podolsky concluye:  “El festival es la posibilidad de que los cruces iniciados entre autores y directores lleguen al público y se multipliquen. Es un modo de fomentar lo inesperado.”

 

 

Programación completa y venta de entradas en www.festivaldramaturgia.com.ar