Entrevista a Arthur Scovino: Caboclos en la 31Bienal de San Pablo

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Ya quedan pocas semanas para que finalice la 31 edición de la Bienal de San Pablo, y publicamos la última de las entrevistas que realizáramos en nuestras charlas por el Pabellón del Ibirapuera, con artistas como Ana Lira, Marta Neves, Tony Chakar, Gulsum Karamustafa, Grupo Etcétera.

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En este caso, se trata de un artista brasileño, Arthur Scovino (São Gonçalo, RJ. 1980. Vive y trabaja en Salvador, Bahía), cuya participación consiste en una arquitectura espacial que instaura la intimidad de una vida con sus prácticas cotidianas en un ámbito público, tan abierto y confrontativo, como es el de esta Bienal, al que a su vez Arthur le aporta la presencia viva de la naturaleza convertida por él en compañía sensible, en interlocutor estético de su trabajo creativo.

Arthur es quizás un emergente de este nuevo modelo de artista de pequeño gesto pero también, de profundo vuelo espiritual, cuerpo vibrátil puesto a disposición de los públicos que circulaban por el Matarazzo, en permanente búsqueda de intercambios y charlas según él mismo no se cansaba de proponer,

 

KC:  ¿Es el sincretismo arte/religiosidad una manera de hablar de cosas que no existen? ¿Desde dónde sumás esta propuesta tuya a la Bienal, de O Caboclo dos Aflitos, tan rica en tradiciones y tan de rupturas formales y conceptuales?

Arthur; Mi inspiración para crear este trabajo es la historia del mestizaje brasileño y de la cultura como una parte de las religiones, las tradiciones y los rituales. Bahia es un lugar increíble para entender como esta cultura se transforma, sobrevive y habla mucho sobre lo que somos. Mi propuesta para la Bienal de São Paulo es reunir recuerdos que tengo de mi infancia en Rio de Janeiro y de mi vida actual en Bahia, haciendo base en la fe, la espiritualidad y el misterio que unen a nuestras historias. Estas cosas existen, incluso cuando son invisibles o pasan desapercibidas durante un tiempo. Pero aquí empiezan a existir.

 

KC:  ¿Cómo confrontás las iconografías tan fuertes del mestizaje, de la cultura africana y la cultura amerindia con otras interrupciones, como las de la cultura de masas? Al mismo tiempo, pareciera que, desde esa propia cultura, estamos viviendo un barroco recargado y extraño, hiper retórico de las formas y los significantes…

Arthur: Procuro trabajar con las transformaciones de los símbolos a través del tiempo. La propia palabra caboclo ya no significa “mestiço de branco com índio” (mestizo de blanco e indio); hoy Caboclo es mestizo brasileño: blanco, negro, indio, incluso porque no se usa la palabra mameluco. Me gusta apropiarme de la herencias de la iglesia católica que están enraizadas en nuestra sociedad, pero teniendo en cuenta las nuevads posibilidades, hasta incluso el utilizar el templo barroco,las iglesias, como un espacio de arte, historia y energía para la creación de rituales propios. Así como sufrimos la influencia del candombe y del umbanda, incluso sin siquiera seguir las doctrinas de la religión. La fe es un elemento primordial para el pensarse de las culturas de los pueblos, a mi modo de ver, y también, de intentar comprender la confusión a la que llegamos. Siempre busco comprender la fe de las personas, sus búsquedas a través de la religión, las contradicciones, las pérdidas y triunfos. Todo esto puede ser herencia de nuestro drama barroco portugués com la belleza de los rituales africanos y la fuerza del chamanismo. Busco ser optimista en relación a las transformaciones y encuentro que el amor y la luibertad todavía son las mejores ideas.

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KC: ¿Qué te parece que sucede con la performance como práctica artística en contextos complejos y múltiples, desafiantes desde el hábitat, como los nuestros, donde la acción cotidiana debe ser cada vez más creativa, alegre, lúdica, afectiva?

La performance es una manera óptima de reflexionar sobre la creación en el arte contemporáneo. Aquí es donde el arte y la vida se encuentran más intensamente.

 

KC: ¿Cuánto de lo que “nao existe” hay en tu sistema de obra a la hora de crear? ¿Cómo articulás la propuesta de esta Bienal con tu propio trabajo como artista?

Para mí todo existe. Procuro trabajar con las cosas que existen misteriosamente entre las más obvias. Creo que en el fondo es el deseo de todo artista. Lo que no existe pasa a existir. He pensado mucho en esto cuando hice el proyecto para la Bienal y luego entonces vi todos los otros trabajos, y percibí que es realmente eso. Relacionar problemas sociales de Turquía con cosas que estamos acostumbrados a ver en Brasil, por ejemplo. Lo que no existe es aquello que no conocemos o que no queremos ver o aceptar. La 31 Bienal cuestiona el papel del arte, cambia la manera como ella se presenta e incluso al tipo de artistas que estábamos acostumbrados a ver en exposiciones como esta. Para mi es un placer inmenso estar aquí todos los días, hablar de mi proceso, escuchar a las personas e incluso conocer tantas cosas que yo pensaba que no existían.