La portadora del cielo

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Pequeños personajes dan grandes historias. Este año he leído algunos libros basados en personajes pequeños, solo de edad, e inolvidables: la niña muda de Toque de queda, de Jesse Ball; la chiquita que se convierte en hija prestada en Tres luces, de Claire Keegan, y Vendla la hermosa e inocente protagonista de La portadora del cielo, una novela de la finlandesa Riikka Pelo que Fiordo Editorial publica en español, con la traducción de Luisa Gutiérrez Ruiz.

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Vendla vive en una granja con su abuela, se hace coronas con huevas de pescado, su vaca es su única amiga, le gusta esconderse en el campo y sus pensamientos están llenos de frases que aprendió de un catolicismo extremista y lastimero. De esta forma vive Vendla, con sus pies sucios, su pelo chamuscado por el barro y el vestido rojo de su madre.

Vendla tiene seis años y muchos la llaman loca, bruja, le temen, por su ávida curiosidad a descubrir un mundo –pagano- que le ha sido escondido, prohibido. Riikka Pelo no escatima recursos descriptivos para hacernos volar a un lugar nórdico de cuentos de hadas: una granja alejada del pueblo, espigas, un río vigoroso, peces, y la imaginación.

Vendla toma la palabra de la historia. Es una narradora que nos confunde. Piensa, habla con seres imaginarios, designa sobrenombres, recuerda a su madre, grita, grita para sus adentros. Es una dura crítica a una sociedad religiosa fanática, y de cómo sus designios marcan la vida de sus integrantes, y de cómo expulsan al que se rebela.

La portadora del cielo recibió el Premio Runeberg, uno de los más distintivos de la literatura finlandesa; y el Premio Tiiliskivi en el 2006. Desde entonces, Riika Pelo es considerada una revelación de la literatura finlandesa. Complacida de su lectura, durante varios días volví a algunos párrafos brillantes de La portadora del cielo:

“Vendla sabe que si encuentra el camino hasta Pieta, no acabará condenada. Su mamá Piitu está en América, a la orilla de un mar infinito. En el lugar de donde proceden los vestidos. Y Vendla conoce el camino que debe recorrer para llegar allí. Parte del juncal, cruza el río Lácteo y los rápidos de Sudenkoski y el Caminoo Grande, atraviesa empalizadas, molinos de agua, las colinas del ahorcado, y árboles marcados en honor a los muertos. Hay que ir por Härkämäki, trepar por las verjas de hierro, pieles de oso y techumbres cubiertas de tablitas. Hay que recorrer colinas de castillos, y silos de grano, dejar atrás marmitas de gigantes, mansiones de reyes y lagos formados por meteoritos, hay que atravesar túneles en tren, maderadas, pasar fábricas de papel y sanatorios. Hay que andar por montañas allí donde las hay, caminar por tierras llanas y lomas, bosques y terrenos donde se construyen rutas, agua, hielo y guerras. Así se llega a América.”

 

En honor a Vendla: Salmón con crunch de almendras.
Procesar un puñado de almendras, con un ajo, perejil y la ralladura de un limón. Aparte: salpimentar trozos de salmón y colocar en una fuente con aceite de oliva. Cubrir el salmón con el crunch y llevar al horno por 40 minutos. El olor y la textura indican cuando está listo para comer. Se recomienda acompañar con un vino Reserva Albariño de bodega Las Perdices, proveniente de Luján de Cuyo, Mendoza.

Buena lectura.