La portadora del cielo

0
77

Pequeños personajes dan grandes historias. Este año he leído algunos libros basados en personajes pequeños, solo de edad, e inolvidables: la niña muda de Toque de queda, de Jesse Ball; la chiquita que se convierte en hija prestada en Tres luces, de Claire Keegan, y Vendla la hermosa e inocente protagonista de La portadora del cielo, una novela de la finlandesa Riikka Pelo que Fiordo Editorial publica en español, con la traducción de Luisa Gutiérrez Ruiz.

Vendla vive en una granja con su abuela, se hace coronas con huevas de pescado, su vaca es su única amiga, le gusta esconderse en el campo y sus pensamientos están llenos de frases que aprendió de un catolicismo extremista y lastimero. De esta forma vive Vendla, con sus pies sucios, su pelo chamuscado por el barro y el vestido rojo de su madre.

Vendla tiene seis años y muchos la llaman loca, bruja, le temen, por su ávida curiosidad a descubrir un mundo –pagano- que le ha sido escondido, prohibido. Riikka Pelo no escatima recursos descriptivos para hacernos volar a un lugar nórdico de cuentos de hadas: una granja alejada del pueblo, espigas, un río vigoroso, peces, y la imaginación.

Vendla toma la palabra de la historia. Es una narradora que nos confunde. Piensa, habla con seres imaginarios, designa sobrenombres, recuerda a su madre, grita, grita para sus adentros. Es una dura crítica a una sociedad religiosa fanática, y de cómo sus designios marcan la vida de sus integrantes, y de cómo expulsan al que se rebela.

La portadora del cielo recibió el Premio Runeberg, uno de los más distintivos de la literatura finlandesa; y el Premio Tiiliskivi en el 2006. Desde entonces, Riika Pelo es considerada una revelación de la literatura finlandesa. Complacida de su lectura, durante varios días volví a algunos párrafos brillantes de La portadora del cielo:

“Vendla sabe que si encuentra el camino hasta Pieta, no acabará condenada. Su mamá Piitu está en América, a la orilla de un mar infinito. En el lugar de donde proceden los vestidos. Y Vendla conoce el camino que debe recorrer para llegar allí. Parte del juncal, cruza el río Lácteo y los rápidos de Sudenkoski y el Caminoo Grande, atraviesa empalizadas, molinos de agua, las colinas del ahorcado, y árboles marcados en honor a los muertos. Hay que ir por Härkämäki, trepar por las verjas de hierro, pieles de oso y techumbres cubiertas de tablitas. Hay que recorrer colinas de castillos, y silos de grano, dejar atrás marmitas de gigantes, mansiones de reyes y lagos formados por meteoritos, hay que atravesar túneles en tren, maderadas, pasar fábricas de papel y sanatorios. Hay que andar por montañas allí donde las hay, caminar por tierras llanas y lomas, bosques y terrenos donde se construyen rutas, agua, hielo y guerras. Así se llega a América.”

 

En honor a Vendla: Salmón con crunch de almendras.
Procesar un puñado de almendras, con un ajo, perejil y la ralladura de un limón. Aparte: salpimentar trozos de salmón y colocar en una fuente con aceite de oliva. Cubrir el salmón con el crunch y llevar al horno por 40 minutos. El olor y la textura indican cuando está listo para comer. Se recomienda acompañar con un vino Reserva Albariño de bodega Las Perdices, proveniente de Luján de Cuyo, Mendoza.

Buena lectura.