Tratado de culinaria para mujeres tristes

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Al doctor Héctor Abad Gómez lo mataron en la calle Argentina de Medellín. Ese día, le encontraron un papelito en el bolsillo con un supuesto poema de Borges, donde se leí la frase “…el olvido que seremos”. Frase que, casi 20 años después, sería el título del libro de Héctor Abad Faciolince en el que relata la vida y muerte de su padre. Como hubo dudas con respecto a las famosas palabras acompañadas por las iniciales JLB, el escritor colombiano se tomó la tarea de investigar si el poema en cuestión pertenecía o no a Borges. De esa investigación surgió la publicación Traiciones de la memoria (2010), donde se incluye el relato en el que, a manera de investigación policial, el autor corrobora la autoría del poema con ilustraciones, fotografías y cartas personales. Esto fue posible gracias a la ayuda de su amiga Bea Pina y del poeta argentino Harold Alvarado Tenorio, entro otros interesados y curiosos.

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Más que amigos, y una investigación, unen al escritor colombiano con Argentina. Yo lo conocí en Buenos Aires. Ambos viajamos becados por la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, fundada por Gabriel García Márquez, para cursar un taller de periodismo cultural con el respetado -y muy querido- Tomás Eloy Martínez. Fue en abril del año 2002, todavía en el país se respiraba la desesperanza y la traición de ese diciembre negro del 2001. Martínez había ganado el premio Alfaguara por su novela El vuelo de la reina, Héctor Abad también había participado con Angosta -su gran betseller publicado en varios idiomas incluyendo el mandarín-. Yo, era solo una periodista con una revista en ciernes que quería descubrir el mundo. Desde entonces leí todos los libros de Abad. Nos encontramos varias veces más: Caracas, Mérida, Bogotá, Buenos Aires…, y se convirtió en uno de mis escritores favoritos. Su libro Tratado de culinaria para mujeres tristes (1997), me acompaña en mi mesa de luz. Y es de ese, precisamente, del que me interesa contar hoy.

“A mis cinco hermanas, mejor dicho, a mis seis madres”. Con esta dedicatoria se da inicio a un compendio de recetas, brebajes dudosos y consejos de un autor en voz de mujer. “Repentinos antídotos para la pertinaz melancolía” es el subtítulo de tan apetitoso documento. Es imposible no recordar los consejos de tu madre o abuela sobre temas variados: una constipación, una tristeza, el paso de los años o un mal amor. Héctor Abad va combinando todos esos sabios consejos en este libro que es más un recordatorio de la esencia de la vida. “Si alguno de mis consejos, alguna vez, no te cayó muy bien, o tuvo efectos perniciosos, te ruego que le des una segunda oportunidad. Si vuelve a fracasar, no dudes, arranca y rasga la página culpable de este libro inocente”.

Es un libro para descubrir sentimientos femeninos. La tristeza de las mujeres de la familia Abad está muy presente. Dice mucho sobre la verdad y la mentira, sobre la felicidad y el sufrimiento: “¿Pero quién te ha dicho que se prohíbe estar triste? En realidad, muchas veces, no hay nada más sensato que estar tristes; a diario pasan cosas, a los otros, a nosotros, que no tienen remedio, o mejor dicho, que tienen ese único y antiguo remedio de sentirnos tristes. No dejes que te receten alegría, como quien ordena una temporada de antibióticos o cucharadas de agua de mar a estómago vacío…”.

Tratado de culinaria para mujeres tristes, es el diario que no escribimos. Es un libro para mujeres con el que los hombres se divertirán. Para las cocineras destacarán los remedios caseros revueltos con cuchara de madera. Al lector común, deleitará la narrativa de este prolífico autor, columnista del diario El Espectador.

¿Quién no esconde en su corazón el eco de un mal pensamiento? Pregunta en una de las páginas. Y es que el personaje que nos relata sus secretos no escapa a esta trágica duda existencial en la que nos permitimos sobrevivir día a día. Pero un consejo siempre habrá, para las pecadoras, y las que no lo son aún.

Comparto una Receta para un mal amor: En las tardes de lluvia menuda y persistente, si el amado está lejos y agobia el peso invisible de su ausencia, cortarás de tu huerto veintiocho hojas nuevas de hierba toronjil y las pondrás al fuego en un litro de agua para hacer infusión. En cuanto hierva el agua deja que el vapor moje las yemas de tus dedos y gírala tres veces con cuchara de palo. Bájala del fuego y deja que repose dos minutos. No le pongas azúcar, bébela sorbo a sorbo de espaldas a la tarde en una taza blanca. Si al promediar el litro no notas cierto alivio detrás del esternón, caliéntala de nuevo y échale dos cucharadas de panela rallada. Si al terminar la tarde el agobio persiste, puedes estar segura de que él no volverá. O volverá otra tarde y muy cambiado ya.

Buena lectura.

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Sobre la imagen: En el 2013, el diario El País publicó un fotorrelato con las nueve historias favoritas del autor, ilustradas con obras. Para el primer texto, “La mente femenina”, el cuadro de Sorolla ‘Las tres velas con las mujeres caminando por la arena’ refleja el espíritu del libro; por eso es la imagen de este post.