Diego Recalde: Más allá de las fórmulas, hago lo que quiero

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Se estrena hoy Tenemos un problema Ernesto de Diego Recalde: Entrevistamos a su director.

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BM: Dado que el film es una adaptación de una novela tuya publicada en el 2011, quisiera preguntarte primero cómo surge esta idea, y en todo caso que te hace llevarla a la pantalla.

DR: Para serte franco, una noche de invierno del 2001 me levanté en la mitad de la noche para hacer pis y no sé si por el frío que todo lo encoge, o porque tenía una remera larga que me llegaba hasta los muslos, o porque estaba medio dormido, ¡o por una mezcla de las tres cosas!, lo cierto es que me costó encontrarlo. Y me angustié mucho. Esos segundos de angustia fueron cruciales. Porque cuando enseguida lo encontré, me pregunté, ¿mirá si me desaparecía en serio…?
Ahí me vino a la mente el inicio de una novela: la historia de un hombre que en la mitad de la noche va al baño a hacer pis y le desaparece el pene. Y entonces empecé a fantasear el por qué. Y ni bien encontré la causa, sucedió lo irremediable: ahí nomás con el plan en la cabeza me puse frente a la computadora a escribir la novela. Me llevó menos de un año escribirla. Y ni bien la terminé empecé el largo periplo que me llevó finalmente a su publicación por editorial Planetaen el 2011,es decir casi diez años después, y luego, viendo que era una novela muy cinematográfica, al cine. A decir verdad, fue raro. Raro porque me resultó muy fácil. Pensé que iba a ser más traumático. Bueno, contaba con dos ventajas: La escribí yo, por lo tanto la conocía de memoria, y es una novela muy cinematográfica. Lo que sí, para que el lector que venga verla se sorprenda, tomé el recaudo de agregar ciertos detalles que en la novela original no están.

BM: ¿Por qué la elección del humor como el material privilegiado de tus trabajos? ¿Y cómo lo definirías a este?

DR: Cada vez que miro hacia atrás y analizo lo hecho anteriormente, noto que es una constante que se da en todas las películas que hice. El tema es siempre dramático. El abordaje es siempre humorístico. A veces más hilarante y explosivo, a veces menos y todo desemboca en una risa amarga. ¿Por qué? Porque yo creo que el humor respecto a otros géneros corre con ventaja. Desde el humor uno puede decir ciertas cosas sin caer en una bajada línea o en una moralina berreta. Incluso para sacarlo todavía más del chiste les pedí a los actores que por favor no sobreactuaran, que no vinieran a hacerse los graciosos. Porque el argumento ya de por sí lo era. Por eso todo el tiempo les exigí que fueran naturales. Que actuaran de un modo visceral sin caer en la caricatura. Porque eso no sólo potenciaba la gracia de la película sino que además la hacía mucho más creíble.

BM: Si te pensás dentro del contexto del cine argentino, ¿cuál que sería tu genealogía?

DR: Yo tengo una enorme valoración por el cine argentino. Sobre todo por lo que hicieron Ayala, Olivera, Doria, Sorín… Ese cine que se hizo en los 80, fue y sigue siendoinspirador. De esa raíz vengo. Era un cine que sabía contar historias.Por ejemplo “Plata dulce”, para mí, es uno de los mejores finales que ha dado la historia del cine. Y también nobleza obliga las películas extranjeras que me llevó a ver en paralelo mi papá. Que todos los lunes durante un año me llevó al cine Cosmos, Lorca, Loraine y la Cinemateca Hebraica, a ver películas como “El Acorazado de Potemkin”, “Tiempos modernos”, “El ciudadano”, “La strada”… Y después ese quiebre, el gran quiebre diría yo, cuando descubrí a Woody Allen, a los catorce años. Gracias alas películas de Woody Allen terminé de madurar la decisión que ya había tomado en cierta forma en la infancia: que de grande iba a ser director de cine, escritor y actor.

BM: ¿Es para vos este trabajo en particular un cine de género?

DR: Sí y no. Porque el tema es dramático pero el abordaje es humorístico. Entonces se hace todo un poco más confuso. O sea es género comedia, es cierto, porque te reís. Pero también hay escenas dramáticas donde te emocionás. A eso agregale que la película comienza con una desaparición, por lo tanto, es un trhiller. Y a eso agregale que eso que desaparece es un pene, por lo tanto estamos hablando de un trhiller psicológico. En fin, me parece que esta mezcla es porque pongo a mi voz por encima de los géneros. Es decir, hago lo que quiero más allá de las fórmulas. Aunque suene presuntuoso. Y entonces eso vuelve a la película más inclasificable… afortunadamente.

BM ¿Qué es el cine para vos?

DR: Una forma de expresión donde me siento muy cómodo. Y feliz. No tengo una relación traumática con el cine. Me encanta aún con todos sus contratiempos y visicitudes. Disfruto mucho la previa, el rodaje y la edición.

BM ¿En que espectador pensás a la hora de hacer un film?

DR: En alguien parecido a mí. Alguna vez escuché decir a Ceratti que componía las canciones que quería escuchar en la radio. Bueno, yo hago las películas que quisiera ver en el cine.

BM: ¿Cómo fue la elección de actores?¿Y cómo tu trabajo con ellos?

DR: Muy placentera. Los busqué ya sabiendo lo que podían dar. Después les expliqué lo que quería: que por favor no sobreactuaran. Que aunque fuera una comedia no vinieran a hacerse los graciosos, ni a hacer morisquetas, ni caer en la caricatura. Porque el argumento ya de por sí era gracioso. Por eso todo el tiempo les exigí que fueran naturales. Que actuaran de un modo visceral. Porque no sólo así se potenciaba la gracia de la película sino que además la hacía mucho más creíble… Por suerte lo entendieron enseguida. Bueno, estaba rodeado de grandes actores con mucho oficio.

BM: ¿Porqué elegiste ser el personaje principal?

DR: La verdad, esto de actuar, escribir y dirigir, no me resulta fatigoso. Al contrario. Me da mucha tranquilidad. Primero, porque en mis cuatro largometrajes anteriores lo hice. Y me resultó de lo más sencillo. Estar dentro de la escena me permite darme cuenta si el actor que interactúa conmigo está cómodo. Segundo,a Ernesto lo conozco muy bien. En algún momento de mi vida fui Ernesto. Entonces, sé lo que quiero contar. Sé para qué estoy ahí.

BM: Me gustaría que nos cuentes un poco sobre tus films anteriores, y que es lo que crees que aprendiste de ellos, y cómo aplicaste esto a Tenemos un problema Ernesto.

DR: Mis películas anteriores fueron Sidra (2002), T.Ves? (2004), Habano y cigarrillos (2007) y El periodista (2012). Al haber llegado a este rodaje con cinco películas al hombro, todo fue más fácil. Yo gracias a todo lo anterior aprendí a nadar en el barro y hacer con poco mucho. Por eso cuando llegué a “Tenemos un problema Ernesto”, los problemas que surgieron en el rodaje me parecieron un juego de niños en comparación con lo vivido en mis rodajes anteriores. Lo mejor que me pasó fue que, como la gente estaba cobrando un sueldo, por primera vez podía exigir sin culpa. Y entonces descubrí algo magnífico: que con dinero se puede trabajar mucho mejor. La gente responde más. Todas mis películas anteriores fueron rodadas en seis días y casi sin plata. Ésta, en cambio, en veintedías y con plata, lo que fue un gran cambio cualitativo. Primero, porque pude tener a la gente contenta. Segundo, porque pude planear más los planos. Tercero, buscar con más tranquilidad las locaciones. Cuarto, repetir las tomas las veces que fuera necesario. Quinto, permitirme lujos visuales eso sí, sin caer en alardes innecesarios. Y sexto, quizás el punto más importante, asociarme con la productora“Idehados”con quien ya había trabajado en las películas anteriores pero una vez que las películasestuvieron hechas (es decir en la etapa de la difusión). Por eso esta vez fue distinto. Porque nos asociamos desde el principio y todo fue más fácil. Por primera vez pude delegar y trabajar más relajadamente gracias a que un montón de situaciones y trámites tortuosos, quedaron en sus manos. Trámites y situaciones que tanto Hugo Zanón y Juan Cantafio, los dueños de Idehados, las resolvieron magníficamente.