Daniel Tinayre, el hombre que amaba a las mujeres

0
66

MONEY MAKES GO ROUND

- Publicidad -

Si Ud. cree que lo que va a leer tiene algún viso de seriedad, siga de largo. Tras doce semanas de rodaje, la producción de Walter Salles, Telefónica/Telefé, Lita Stantic, Nacho Viale –nieto de Daniel Tinayre-, Ad Vitam y Full House para Francia, se encuentra ahora en postproducción. Se titula exactamente igual que aquella película del franco-argentino mencionado en el título: LA PATOTA, de 1961. La dirección corre por cuenta de uno de los genios de moda, Santiaguito Mitre, quien escribió el guión con el Orson Welles argentino, Mariano Llinás. Hubo que luchar largo tiempo para que Nacho Viale cediera los derechos hasta que, por fin, siempre que tuviera participación en las ganancias y figurara como productor, el nieto de Tinayre-Legrand cedió. Ni Mitre ni Llinás admiten sugerencia alguna de parte de la larga lista de productores, sencillamente porque están seguros que la historia aggiornada de aquella profesora, ahora abogada en los alrededores de la Triple Frontera, será un éxito imbatible en 2015. Seguramente tienen razón.

La doncella violada no será esta vez Mirtha Legrand porque sus almuerzos le llevan mucho tiempo. Tampoco será docente sino abogada. Y se quedará con el retoño fruto de la violencia. Se prefirió elegir a Dolores Fonzi y como José Cibrián se ha muerto su rol lo desempeñará el siempre cálido Oscar Martínez. En cuanto al estudiante arrepentido, Walter Vidarte -también en el otro mundo-, será desempeñado por esa maravilla de matices que es Esteban Lamothe, el que llegó de Ameghino para estudiar no se sabe bien qué en anterior película de Mitre. La cantidad de productores supera al equipo técnico y artístico. Como se sabe, el guión pertenecía al hispano Eduardo Borrás pero este hombre no ha dejado descendientes.

Doce semanas de rodaje no empañan los recuerdos de las proyecciones de aquella película de Daniel Tinayre. Los gritos de los asistentes a las salas del centro que participaban activamente de la acción, no dejan lugar a dudas sobre el jocundo éxito de lo que se viene. En el momento en que Madame Legrand caía en las manos de LA PATOTA, lo menos que se escuchaba era: Esa no, la puta es la otra. El público intentaba advertirles que habían confundido a doña Mirtha con Silvia Nolasco, la dama alegre. Dejamos los cines del centro y fuimos al viejo Almafuerte de la Avda Vélez Sarsfield en Barracas y el asunto fue todavía peor.

Según Jorge Miguel Couselo, Daniel Tinayre le había dicho que se dedicaría a hacer plata porque se había cansado de estar en el negocio sólo para que le alabaran la técnica. Los recuerdos que los otrora técnicos de Lumiton, Silvana Roth,  Olga Zubarry, Golde Flami y Nathan Pinzón  tenían con respecto al realizador no son muy elogiosos. No se puede escribir sobre aquellos rodajes de Tinayre en el tiempo de las fábricas porque no alcanzarían varios tomos. Tampoco se debe hablar sobre vidas privadas. En todo caso, la gente que tiene mala memoria puede consultar las revistas del corazón de los años 60.

patota

Es justo añadir que Amelia Bence nunca estuvo mejor dirigida aunque, naturalmente, en su etapa demencial: A sangre fría y Danza del fuego son pruebas elocuentes, siempre y cuando se tenga en cuenta que a Tinayre los guiones le importaban muy poco. La cuestión era la técnica y en esto tenía pocos rivales. Pero técnica no es estilo o, en todo caso, este hombre se caracterizaba por el estilo del mal gusto Este señor que había terminado su etapa creativa con una muy bien realizada LA BESTIA HUMANA, superior en gran medida a la rodada por Fritz Lang en Hollywood en la misma época, se llamó a silencio luego del golpe de Estado de 1955. Al fin y al cabo, Raúl Alejandro Apold era el padrino de su hija, Marcela Tinayre, y no convenía mostrarse liberticida. Regresó bajo el gobierno de Frondizi con una obra de teatro de Antonio Buero Vallejo titulada EN LA ARDIENTE OSCURIDAD y a partir de aquí y hasta el final sólo conoció un terrible fracaso llamado KUMA CHING. Se dedicó entonces a suculentos negocios en teatro, a veces en sociedad con Luis Sandrini. Tres jovenzuelas como Mirtha Legrand, Amelia Bence y Malvina Pastorino tuvieron el rol central en EL PROCESO DE MARY DUGGAN porque la obra se eternizó en cartel. Reunió a los saldos y retazos de la vieja industria y el público respondió. Siguió luego con Lamarque en varios títulos y corría llorando al banco con el dinero de las recaudaciones. No logro olvidar aquel primer programa de ALMORZANDO CON LAS ESTRELLAS, donde el señor Tinayre indicaba a los cámaras: “Que enfoquen la comida, que enfoquen la comida”. Alejandro Romay y Amelia Bence sonreían.

En sus películas, el realizador había mostrado un cariño inusual por los personajes femeninos, a los que hacía víctimas de asesinatos o accidentes fatales: desde la señora Bence en los dos títulos mencionados, pasando por Fanny Navarro en DESHONRA hasta llegar a Mirtha Legrand en LA PATOTA y a la melliza Silvia en BAJO UN MISMO ROSTRO, sin olvidarnos de Egle Martin en EL RUFIÁN. Estas damas delirantes eran el colmo del masoquismo: habían nacido para ser explotadas y tiradas luego al tacho de la basura. Tal vez, sólo tal vez, el colmo del masoquismo sea el de la enfermera Flora en DESHONRA. Con respecto a la calidad de sus películas luego de 1955, el interrogado Leonardo Favio quien fuera un habitante de EN LA ARDIENTE OSCURIDAD, le gritó a Jacobson hijo: “Esto es un bodrio”, en una entrevista radial que fue muy comentada en la época. Luego, en Pasen y vean, el largo reportaje de Adriana Schettini, Favio diría: “Pobrecita Mirtha. Tinayre la hacía llorar mucho”. La edad nos cambia.

 

TINAYRE HA MUERTO, VIVA TINAYRE

La novela de Emilio Perina, seudónimo de Moisés Kontastinovsky, quien murió en 1998 a los 75 años, titulada La Mary, sirvió como excusa para que Tinayre volviera al cine. Los productores de esta película, los que pusieron la tela, la habían conseguido luego de un interesante contrabando de oro y luego de un efímero momento de esplendor, tuvieron que pasar por tribunales, aunque sin mayores consecuencias. En el Museo del Cine pueden leerse las declaraciones de Guillermo Cervantes Luro –seudónimo de Guillermo Wofchuk-, en las que habla sobre sus trece meses en la cárcel. Como productor asociado hallamos también a Héctor Cavallero, por entonces pareja de Susana Giménez. De acuerdo con Olga Zubarry, quien cobrara fabulosa suma en dólares, “siempre que paguen no interesa de dónde llega la plata. En el rodaje todos nos tratábamos como si fuéramos de cristal”.

El texto literario es un folletín en donde la ingenuidad nos deja perplejos. Pierde de manera irremediable si lo comparamos con Los pulpos de Marcelo Peyret, escrita allá en los años 20 del siglo pasado. El Cholo es para Perina un gigante rubio y la Mary tiene poderes sobrenaturales. La acción se sitúa entre 1923, año del nacimiento de esta chica de barrio, y llega hasta 1947. El guión, a cargo de José Martínez Suárez y Gius, se encargó de subsanar este problema: como el espacio es el Dock Sud, en 1945 los habitantes de la zona se habrían visto implicados en los sucesos que son de dominio público. Por lo tanto, cambiaron las fechas.

Si la novela fue leída dos veces, la película la hemos visto cuatro, debido a una investigación que con Mónica Landro y Marta Speroni hemos concluido. Debo aclarar que no vi completo en cine lo filmado por Tinayre debido a que abandoné el Cuyo de Boedo luego de una media hora. Castigo: cuatro veces en dvd. Ahora, los así llamados críticos en los medios –hay amas de casa, señores vacíos sin remedio y meretrices acomodadas- se han lanzado a hablar maravillas de lo pergeñado por Tinayre. Demás está decir que esa delicia que es la voz de Marikena Monti nos acompaña todavía con sus gritos Maaaary, Maaaary, etc. En el mismo año Waldo de los Ríos compuso una particular musical algo más que afortunada para Boquitas pintadas de Torre Nilsson. En cambio, aquí Luis María Serra no merece perdón.

Las gacetillas de 1973 –cuando se rodaba la película, estrenada en 1974- insistían en que la señorita Giménez le había entregado la novela de Perina a Tinayre, algo extraño porque hay que suponer que la mencionada sabe leer. El hecho es que el texto literario carece de la morbosidad que impuso el guión en el comienzo: un hijo de farmacéutico que habla de abortos y muestra preservativos, un prólogo donde la religión aparece como culpable y, por fin, ese gigante rubio que en la pantalla se transformó en Carlos Monzón, doblado por Luis Medina Castro.

La Mary y la Claudia lucen modelitos muy del gusto de 1974 y la casa del Cholo y la Mary parece instalada en un country. Por supuesto, son de familia humilde y tanto que la pareja se solaza en constantes desnudos, tal vez por falta de dinero para comprarse ropa. Aquel realizador que conocíamos, el de la magnífica comedia LA VENDEDORA DE FANTASÍAS, había desaparecido por completo. Sólo quedaba un monstruo envejecido que aprovechaba la escasa censura reinante en aquella primavera de 1974, para dejarnos un testamento cinematográfico. Se aguardaba que la amistad –o como se llame- entre Monzón y un ahora septuagenario galán francés- lograra milagros en la distribución de la película. Este hecho no ocurrió pero no implica que se haya perdido dinero. Tanto Martínez Suárez como Gius tuvieron un altercado con Tinayre cuando comprobaron que el marido de Mirtha Legrand les cambiaba el guión. Sin embargo, sus nombres figuran en la secuencia cero.

Cuando este director hablaba de la incultura de los actores y del ambiente en general, no tenía en cuenta lo que comentó Silvana Roth: “Seguro, era un señor muy culto. Hay que juzgarlo por las novelas que elegía para sus películas”.  Ahora, el reestreno de LA MARY y el año que viene la violencia de género envasada en la remake de LA PATOTA, pondrán de nuevo a este realizador en un sitial que no merece, no al menos por estos dos textos fílmicos. Me pregunto si no hay directores y películas algo más valiosas que este reestreno que es un insulto a la inteligencia y una prolongación de lo peor de la TV argentina. No puedo reproducir aquí lo que el público gritaba en esa media hora de proyección en el Cuyo de Boedo, en especial cuando comienzan los desfogues físicos entre quien se convertiría en un asesino fuera de la pantalla y esa señorita que continúa comprando sexo.

lamary