Noé. Siglo XXI

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La exposición del artista Luis Felipe “Yuyo” Noé que se inauguró en  la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat recorre los últimos catorce años de producción, a través de 27 piezas realizadas entre el 2000 y el presente

“Cuando pienso en el mundo, pinto; cuando pienso en la pintura escribo”, se puede leer en una pequeñisima cinta blanca y larga que rodea y atraviesa “Reflexiones con texto y fuera de contexto” (2000), una instalación que pone a prueba los límites de la pintura y dialoga con sus trabajos de los años 60, “la pieza más vieja de la muestra. Y muy autobiográfica”, en palabras del propio Noé.

A los 81 años, este artista que desborda vitalidad, se pasea por la bella sala expositiva, en Puerto Madero, con sus inconfundibles anteojos de montura gruesa, un sombrero panamá y chaleco negro sobre la camisa, dando detalles de sus creaciones, en una recorrida para la prensa.

La experiencia del montaje de esta muestra fue magnífica, cuenta Germán Barraza, director artístico de la Colección Fortabat: “fueron jornadas de 14 horas y Yuyo estuvo siempre acá, yendo y viniendo, con una vitalidad envidiable, trabajando a la par de todos nosotros”, dijo a lo que le siguió un gran aplauso para el artista.

Las obras de Yuyo en la sala no siguen una cronología estricta, sino que están agrupadas alrededor de ciertas temáticas que siempre han desvelado a Noé: “dialogar con la historia, la política, la realidad argentina. Las dudas, la incertidumbre, reflexionar, pensar el porvenir”, enumera el curador Rodrigo Alonso.

Tal es el caso de “CRAC”, una inmensa obra de dos metros por tres, realizada en 2011, en acrílico, tinta espejo y madera sobre tela: la obra posee en un sector pedacitos de espejos fragmentados “Los rompí todo -explica Noé a Télam-; refiere a la crisis económica mundial del 2011. Por eso, la gente se puede ver en el espejo pero todo ‘craquelado’”, desgrana por explicación.

Piezas como “Argentina 2001. Estado de zozobra”, “El tejido social”, “Ante una difícil situación”, “Las vueltas de la vida (lado B)” y “Estamos en el siglo XX”, se unen para dar cuenta de los último 15 años de producción de este creador dueño de una obra poblada de detalles, pequeñas frases anotadas en los márgenes, diversas texturas, estallidos de colores y una variada paleta de materiales.

Noé (1933) vivió en París y Nueva York; en los 60 formó parte del grupo denominado Nueva Figuración que integró junto a Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega, participó en el Premio Guggenheim en 1964 y fue homenajeado en la Bienal de San Pablo en 1985.

Obtuvo varias distinciones como el Premio Nacional Di Tella (1963), becas del gobierno de Francia (1961) y desde 1959 realizó cerca de cien exposiciones individuales, así como retrospectivas en el Museo Nacional de Bellas Artes (1995) y el Palacio de Bellas Artes de México (1996).

Representó a la Argentina en la Bienal de Venecia (2009) y por su trayectoria le han otorgado el Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes, el Konex de Brillante de las Artes Visuales y el Premio Homenaje del Banco Central.

“Coherente oxímoron” es una de las últimas piezas de Noé, realizada especialmente para esta exposición en el Fortabat: una instalación de geometrías y formas de un dinamismo intenso y multidireccional, que para poder observar en su totalidad, el espectador, deberá subir a la segunda planta, que balconea la sala expositiva.

En el final del recorrido “hay una tela blanca, de grandes dimensiones, que vamos a pintar en conjunto, frente al público”, relata Noé, entusiasmado.

La cita es el sábado próximo a las 16 y un grupo de músicos acompañará la experiencia de pintar en vivo, a la vista del público, que reunirá en una misma tela la impronta de Luis Felipe Noé, Cecilia Ivanchevich, Julio Lascano y Paula Noé Murphy (su hija) junto a los artistas del laboratorio Interdisciplinario de Arte”.

En el segundo piso del museo -en paralelo a la muestra de Noé- se puede visitar “YESO”, del dúo Splash in vitraux, una instalación site-specific, especialmente creada por los artistas Manuel Ameztoy y Ernesto Arellano, de dimensiones monumentales.

La propuesta combina los lenguajes de la escultura y el arte textil, que asumen diferentes relaciones dialécticas en la instalación e intervención especifica del espacio.

“YESO es una resurrección de la técnica del fresco reinventando el oficio”, explica el curador Santiago Bengolea, y agrega: “Ameztoy recorre la escultura blanda y la instalación incorporando la estructura arquitectónica como fundamento de sus intervenciones de calados textiles; Arellano, por otro lado, compone esculturas en cerámica con diferentes ingredientes de la escultura argentina mezclados con elementos del animé y la ciencia ficción”.

Ambas muestras podrán visitarse en la Colección Fortabat, Olga Cossettini 141, Puerto Madero, hasta el 1 de febrero, de martes a domingos de 12 a 20.

Fuente: TELAM
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