Nadie sabe adónde va la noche

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Siempre me llamó la atención la capacidad creativa de un director de cine cuando logra una buena película que transcurre en una sola noche, o dentro de una habitación, o, lo más audaz, dentro de una caja. Recordemos Falling Down (Joel Schumacher, 1993), En la cama (Matías Bize, 2005) o Buried (Rodrigo Cortés, 2010). Lo mismo me sucede con los libros. Me atrae el dinamismo que debe tener la narración. No hay pausas largas, nadie duerme, o cumple años, o espera meses un milagro.  Todo pasa en unas horas, como en Nadie sabe adónde la noche.

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La editorial Bajo la luna publicó la segunda edición de esta historia de Beatriz Vignoli, editada en 2007. Narra las peripecias de Ricardo Rojas, un profesor de literatura inglesa y norteamericana que se lanza a la aventura de la noche en Atopia, la ciudad creada por Vignoli donde se desarrolla su serie de novelas.

Nadie sabe adónde va la noche está llena de clichés nocturnos: bares, putas, drogas, taxistas que lo saben todo, encuentros furtivos y el empeño por reconocer en cualquier persona un único rostro anhelado. Así Ricardo Rojas, también conocido como Dick Redds, nos va recordando vivencias o personajes tan reales como esas mismas noches que transcurren en ciudades costeras, donde pareciera que el agua del mar (o río) y la luna influyeran directamente sobre sus habitantes.

Ricardo Rojas nos toma de la mano y nos invita al recorrido que, sospechamos, terminará mal. La novela comienza cuando cae el sol del viernes y termina al amanecer del sábado. La escritora rosarina, no escatima recursos en describir la fauna noctámbula, que llaman, de una sociedad provinciana y su noche decadente. Vignoli nació en Rosario y ha publicado varias novelas y libros de poesía. En el año 1992 comenzaron a aparecer capítulos de su novela DAF en Rosario/12, el suplemento de Página/12. DAF también transcurre en Atopia, pero esta es otra historia.

Lo ideal es leer Nadie sabe adónde va la noche cuando comienza la noche. Imagino que este recorrido por Atopia está azotado por el calor, por eso recomiendo acompañar la lectura, y la receta a continuación, con una cerveza fría, si es roja, mucho mejor.

Ensalada fresca con carne picada (molida). Sofreír la carne picada o molida con una cebolla, dos dientes de ajo y un morrón rojo; todo cortado en cuadritos pequeños. Agregar sal, pimienta y tomillo al gusto. Aparte, en un bol, cortar una lechuga criolla en trozos medianos; agregar tomates cherry cortados a la mitad y una taza de maíz dulce en granos. Agregar la carne por encima y queso rallado. La sazón de la carne picada suplanta otros condimentos adicionales como aceites o especias. Acompañar con una cerveza scotch ale.