Las peliculas de Jodorowsky

0
10

“Jodorowsky’s Dune” es un documental inspirador. Es todo lo que quisieras saber sobre tu película preferida, pero como ésta en particular no existe, es una forma directa para entender la definición de trabajo y pasión. Una historia de fracaso sobre conquista.

La premisa recuerda a aquella de “Lost in la Mancha” – sobre Terry Gilliam luchando para realizar su imposible versión del Quijote-: un documental sobre una película no realizada. Y si bien uno de los temas de estas dos películas es el del exceso, “Jodorowsky’s Dune” es exactamente lo contrario, ya que la batalla de Gilliam parece una contra la predestinación, que lleva al director al recorte y la reducción a pesar de sus ambiciones, mientras que la de Jodorowsky es sobre creación ilimitada, sobre una expansión constante que termina por parecer sospechosa a los productores.

El documental utiliza anécdotas del interminable periodo de gestación (pre-producción), relatadas por el mismo Jodorowsky y recopilando testimonios de los demás protagonistas. En varias oportunidades el director Frank Pavich nos deja ver el monumental storyboard que Jodorowsky creo de mano de todo el grupo de artistas al que él sirvió como líder, y que fue ofrecido en las productoras más importantes de Hollywood (un montaje al final del documental demuestra que películas como “Alien”, “Contact” y la reciente “Prometheus”, entre otras, hacen uso de creaciones y diseños que originalmente eran para “Dune”, convirtiendo a este storyboard en un manual de ciencia ficción para los productores). El modelo de esta creación ha servido a la imaginación de Jodorowsky para su posterior trabajo en novelas gráficas (el también echo mano del storyboard original), de las cuales la más conocida es “El Incal”, que se compone de múltiples volúmenes.

Entre los artistas que conformaron la producción se encuentran H. R. Giger –fallecido este año-, que después trabajo en el icónico diseño de “Alien”, Chris Foss, el renombrado artista de comics Jean Giraud (más conocido por su seudónimo, Mœbius), Dan O’Bannon para los efectos especiales, como actores a David Carradine, Mick Jagger, Salvador Dalí, al que consigue después de unos excéntricos encuentros alrededor del mundo, y a Orson Welles. Para la música las bandas elegidas eran Magma y Pink Floyd. Así, la etapa de pre-producción tuvo un costo de millones de dólares que parecían incompensables contra el plan de Jodorowsky de hacer una película de más de diez horas – que hoy vendrían a ser una temporada de una serie-. Describir las formas en que el director gano las confianzas y puso a trabajar a cada uno de estos artistas seria contar el remate del chiste. El documental está compuesto de curiosidades que revelan a Jodorowsky pidiendo lo mejor de cada uno de estos artistas y motivándolos como un líder espiritual para crear su odisea inconclusa.

Algunas de las artimañas de Jodorowsky pueden parecer un poco las de un charlatán, un poco a un vendedor, pero que contrastadas con un alto nivel de ambición y competencia -que culmina cuando Jodorowsky cuenta su felicidad al ver el fracaso monumental que es “Dune” de David Lynch-, adquieren una importancia a la que los artistas reclutados no le pueden dar la espalda. La diferencia entre un vendedor y Jodorowsky es que este se vende a sí mismo con una apertura y una profundidad que hace tan difícil tomárselo en serio como dejar de escucharlo, y es en este intercambio que logra un nivel de identificación con los artistas y les da la posibilidad de comprar una parte de ellos mismos con su propio arte.

Jodorowsky muestra la capacidad de observar donde se aloja el ego de un sujeto y así hacer un quiebre sobre las insospechadas vulnerabilidades de sus conquistas, liberándolos sobre las vías de la creación. Toca la canción que oyen en sus cabezas y remata las frases en un precario ingles que termina pareciendo una mala imitación de lo que quiere expresar, pero que en el fondo parece tratarse de una técnica contraintuitiva a través de la cual gana cierto aire de superioridad y magnanimidad. Hace iguales al lenguaje de los deseos de los poetas con el de los vendedores. Con construcciones poco preocupadas por la sintaxis, hace una reducción entendible del lenguaje común, la palabra no dicha del lenguaje universal. Como Lewis Carroll creía que no había necesidad de creer en “espíritus descarnados”, sino en una “fuerza natural, relacionada con la electricidad y el sistema nervioso, por medio de la cual un cerebro puede actuar sobre otro”, el inglés pensado en español de Jodorowsky suena a una forma de comunicación primordial, teniendo que ver más con las emociones y la forma en la que corren por nuestro cuerpo hasta el otro, creando una conexión que no puede ser manejada por el lenguaje. En palabras de Ralph Waldo Emerson: “Creer en tu propio pensamiento, creer que lo que es verdadero en tu corazón privado es verdadero para todos los hombres, eso es genio. Habla tu convicción latente, y tendrá sentido universal”.

Hay una sabiduría común en sus estrategias, así como en sus películas, que curan la fisura entre la espiritualidad y la filosofía, a la que solo nos permite ver con ojos alucinados, a través de la psicodelia y el surrealismo. Biografía y memoria son los temas de su último film, “La danza de la realidad”, que vuelve sobre los sobre los recuerdos afiebrados de la infancia, atormentados por la rudeza de su padre y fascinados por los eventos que tienen por testigo al niño y su memoria. En la contemplación de recuerdos enterrados, Jodorowsky revela la herida que es la pérdida de conciencia del adulto. El hombre presente es el fantasma en la mente del niño, ya acechando la pureza que le va a arrebatar con la experiencia.

“La Danza de la Realidad”, quizá la película más accesible y personal de Jodorowsky, es una nostálgica autobiografía a lo “Amarcord”, en la que el director retrata la temprana etapa de su vida en Tocopilla, Chile, la relación entre sus padres y en particular la de su exigente padre (Brontis Jodorowsky, el hijo del director) con él.

El joven Alejandro lleva largos rizos dorados que lo hacen parecer una chica hasta que su padre se los corta, para el lamento de Sara, su madre (Pamela Flores), que en lugar de hablar canta todas sus líneas. Este y otros eventos traumáticos, en los que se trata de forzar al niño para que se haga hombre, son representados durante la primera parte de la película. La segunda parte se centra en las ambiciones revolucionarias de su padre, un stalinista que planea un atentado contra el militar Carlos Ibáñez. En el proceso su ideología va cambiando y cuando regresa a casa con su hijo y su mujer encontramos a un hombre que sufrió un giro espiritual.

“La Danza de la Realidad” es el trabajo más sentimental del director, menos conceptual que sus anteriores. Como declaró en entrevistas, la nueva intención en su cine es curar, y así podrían entenderse los efectos que la película pudo haber traído para él, como uno de los actos de psicomagia que ofrece en su cuenta de twitter todos los días, dándole a su infancia una nueva reacción, y a sus padres cumplirles ciertos deseos inconclusos (su madre como cantante de ópera y a su padre intentar matar a Ibáñez), rompiendo con la verdad autobiográfica.

Pero hay una búsqueda de verdad sobre sus personajes ficcionales, buscando conectar con ese punto donde la inspiración se convirtió en creación, como la llamaría Werner Herzog, una “verdad extática” – la forma de verdad poética para el cine-. A largo de la película el director entra en escena un número de veces para hacer intervenciones reflexivas en las que habla directamente a y sobre su joven versión, trabajando sobre el concepto de cine como representación que trae desde el inolvidable final de “La montaña sagrada”. Al recordarnos de que cada película tiene un creador, nos hace notar que la vida no lo tiene, y que lo que es más real para nosotros es la conciencia. Sobre este punto reside la diferencia esencial entre el proyecto de la adaptación de “Dune” y una película como “La Danza de la Realidad”. Mientras que la versión de “Dune” de Jodorowsky pretendía provocar, en palabras suyas, los efectos de los alucinógenos, su nueva película hace una evocación del poder de la conciencia.

También hay un sentido fuera-de-lugar en cada cuadro, en cada escena, en cada película de Jodorowsky, que transforma la experiencia de percepción en algo nuevo. Y esto podría ser la definición de lo que es jorodowskyiano. Distintos símbolos y mitologías, misticismo y religión, son yuxtapuestos, una tradición con otra, en una imagen que solo una película suya puede soportar. En los personajes esto puede ser un niño desnudo en el desierto o uno vestido de comunista con brillantes zapatos rojos. O su metafísica de la deformación. Cuerpos desmembrados son comunes de ver en sus películas, y como los hace propios no es mostrándonos la violencia por la que estos llegaron a ser, sino la fuerza vital del cuerpo remanente. Todo para el efecto de que el público quede inmerso en una experiencia hecha para convertir.