El escarabajo de oro

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Ritmo vertiginoso, sólido guión y una interesante reflexión sobre las coproducciones con Europa

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Se estrena en MALBA la ganadora del último BAFICI. En verdad se trata de una coproducción entre Argentina, Suecia y Dinamarca donde la dirección es compartida entre Alejo Mogillansky (“Castro”, “El loro y el cisne”) y la realizadora sueca Fia-Stina Sandlund.

Hay una extraña mezcla de realidad y ficción en esta película que tiene sus orígenes en un proyecto del laboratorio del Festival de Copenhague (DOX:LAB). Por momentos resulta  difícil saber cuánto de lo que se ve tiene que ver con ese proyecto original y quizás poco importe ya lo que vale es el ritmo vertiginoso de las imágenes.

El comienzo va intercalando brillantes títulos con la entrada y salida de cuadro de la mayoría de los personajes que desfilarán a lo largo de los cien minutos que dura esta divertida experiencia. El propio Moguillansky, encarna a un director de cine a quien se le ha propuesto una coproducción con Suecia para filmar los últimos días, hasta el momento del suicidio, de Victoria Benedictsson, una escritora sueca feminista que realmente existió. La idea es recrear la Copenhague de fines del siglo XIX en Buenos Aires, ciudad a la cual arriban un  alemán y un francés como parte de los capitales europeos de coproducción.

Pero el proyecto sufrirá un feroz vuelco cuando se haga presente Rafa, un actor protagonizado por el brillante Rafael Spregelburd  quien le propondrá al director un plan alternativo. Consistirá en mudar la locación desde Buenos Aires a Misiones, a un sitio donde habría un tesoro a recuperar en unas ruinas jesuíticas. Usando como pantalla (excusa) la filmación parte del equipo se desplazaría en procura de joyas de un apreciable valor económico. Claro que para justificar el cambio de lugar deberán convencer a los productores y a la directora sueca para cambiar de personaje suicida. Propondrán que en lugar de la escritora sueca, sea Leandro N. Alem quien también se quitó la vida en la misma época, y sugerirán filmar en el pueblo misionero que lleva su nombre y que está cerca del sitio buscado.

Mariano Llinás, quien es aquí coguionista junto a los dos realizadores, actúa de si mismo y su personaje (Dogo) será vital a la historia ya que es quien deberá aportar los mapas del tesoro. Habrá también varios personajes femeninos que en una vuelta de tuerca final ilustrarán cierto costado feminista de la trama.

Aún con desniveles, con momentos de gran humor y algún que otro bajón, “El escarabajo de oro” es un producto de notable ritmo sustentado por un sólido guión. Hay además algunas referencias cinéfilas (Straub-Huillet, la voz de L.N.Alem es la de Hugo Santiago) y literarias (Edgar Allan Poe, Robert Louis Stevenson) y una mirada crítica a las coproducciones entre Europa y América Latina.