Entrevista a Gonzalo Senestrari, autor y director de Tiernas Criaturas.

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Gonzalo Senestrari tiene 25 años, es dramaturgo, actor y director.

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SE: Gonzalo, formás parte de una generación que en su mayoría tiene padres adolescentes tardíos, que tras el discurso de “disfrutá” instalan en los hijos la exigencia de encontrar la felicidad, mandato que puede tener un efecto inhibidor de la acción.

Aunque tu obra habla bastante de eso, no parece ser tu caso, el de la inacción al menos.

GS: -En esas situaciones en las cuales las personas me hablan sobre la relación entre la cantidad de años que estuve vivo y las cosas que he hecho con esos años, mi ego sonríe pero al mismo tiempo no puedo dejar de pensar en que ya soy demasiado viejo para ser Mozart. Intento luchar contra esa auto-exigencia, pero generalmente estoy muy ocupado echándole la culpa a mi padre de mi infelicidad como para poder ver mi propia responsabilidad y hacer algo al respecto. Y entonces vuelvo a sonreír, y continúo echándole la culpa a mi padre porque lo encuentro más entretenido que ir a terapia.

SE: -Arrancaste actuando a los 9 años en cine. Y en teatro? Qué te puso del otro lado, a escribir?

GS: -Buscando el significado de la palabra “felicidad” en mi diccionario mental.

 Mi primer contacto con el teatro fue como actor, de alguna manera fue algo hereditario, y siempre disfruté actuar, lo sigo haciendo, pero fue cuando me senté a escribir por primera vez, que logré encontrar la manera de caerme bien a mí mismo. Y además sentí poder, sobre todo el poder que tienen las palabras.

Mi estilo tuvo una formación bastante autodidacta. No soy bueno para formar parte de talleres. Nunca duré mucho tiempo en los distintos cursos de teatro a los que fui. Intenté ir a la FUC, pero al mes abandoné.

Los libros y la música fueron guiándome en la escritura, y creo que en la vida.

Aprendí a ser irrespetuoso a la hora de escribir, con Bukowski, y a hacerlo de manera personal y visceral, con Easton Ellis. Fitzgerald me enseñó que todas las historias en realidad son excusas para contar cómo se siente uno. Clarice Lispector me ayudó a explicar mis pensamientos a través de palabras. Y Oliver Sacks me hizo pensar durante meses que yo tenía un leve grado de Tourette. Pero al mismo tiempo soy un niño que leyó Harry Potter y una versión de Orgullo y Prejuicio en donde hay zombies (Se llama Orgullo, Prejuicio y Zombies).

A la hora de escribir, me gusta estar solo, y si no lo estoy, busco lo más parecido a estarlo. Y ahí es cuando todo lo que vi, leí, escuché, las personas que conozco, anécdotas propias o ajenas, se mezcla en mi cabeza y mientras la música elige el estado en el que voy a escribir, comienzo a imaginar una historia en donde entre todo ese coctel.

Y después está todo el mundo de la dirección, que más que nada lo veo como una aventura, por eso lo hago. El proceso a la hora de dirigir lo disfruto tanto como lo padezco. No es fácil hacer teatro, tampoco es tan difícil, pero es agotador mentalmente.

Vale la pena, aunque uno tenga que ceder el poder ver la obra como un espectador.

SE: ¿Cómo llegaste a Tiernas Criaturas?

GS: A veces me cuesta recordar cómo es que escribí Tiernas Criaturas. Pasaron casi tres años (y un centenar de cigarrillos de marihuana) desde que la escribí.

Sé que fue la obra en donde mi niño y mi adulto interior lograron llegar a un acuerdo luego de muchas peleas. También fue una época en donde experimenté con el maravilloso mundo de los excesos, y no me refiero solo a drogas. También llevé mi corazón hacía el límite. Y creo que no hay mejor inspiración que los sentimientos.

Y ese año además había tomado las peores decisiones posibles con respecto a muchos aspectos de la vida, y como resultado nació Tiernas Criaturas.

Posiblemente, en ese entonces, la historia de la obra no significaba para mí lo mismo que significa ahora. Ahí es cuando las palabras tienen poder, cuando se adaptan al presente de cada persona.

SE: -Contame algo de tu trabajo previo en dramaturgia.

GS: -Antes de Tiernas Criaturas, había escrito dos obras. Los Fracasados y Yo maté a Papá Noel. Hace poco volví a leer las dos, y aunque lograron hacerme reír mucho, todavía no termino de decidir si me gustan o no. Las siento muy distintas a Tiernas, pero a la vez las temáticas camufladas (y no tanto), siguen siendo siempre las mismas: la soledad; las drogas; la muerte; los fracasos; los padres; la psiquis; la palabra amor; el sexo; es decir, la vida en general, al menos la que yo creo que importa.

Creo que cada cosa que escribo, aunque la historia y los personajes sean diferentes, es en realidad una continuación de la obra anterior. Como si todo en realidad fuera una gran obra.

SE: -Por qué Sebastián Sánchez Amunátegui para codirigir

GS: -Lo elegí a él para ser el padre de Tiernas, porque él es un niño con canas. Y sabía que iba a desordenar todos los juguetes de esa obra. Y es lo que hizo. Llegó a lugares que yo jamás hubiera llegado. Y al mismo tiempo tenemos una relación muy divertida. Él es un niño y yo una señora. He lavado sus platos, ordenado su ropa, hasta discutimos una vez, pero la discusión duró entre tres y cuatro minutos y nadie elevó el volumen de la voz.

Siempre intentamos aunque sea hacer una video-llamada por semana, en donde él siempre termina diciendo “Todo está muy raro”.

SE: -¿Los personajes se ven muy ajustados. Son los mismos que estrenaron en Mexico?

GS: Hoy ellos son Tiernas Criaturas. La obra les pertenece, y se lo ganaron completamente.

Hay algo, tanto en este elenco como en el que interpretó la versión en México, muy especial. Todos ellos crearon a los personajes desde una lectura muy perceptiva. Entendieron la historia, entendieron a los personajes y no se conformaron con esto, además lograron superar los límites de la imaginación del autor y hurgaron de manera más profunda, sin solemnizar a las criaturas y entendiendo verdaderamente lo erróneo del concepto de la palabra “respeto” que suele tener la gente. Creo que eso lo lograron no solo gracias al talento que tienen a la hora de jugar a ser otras personas, sino al prisma con el que ven la vida.

Hermann Hesse diría que ellos llevan la marca.

SE: -Qué esperás cuando vas al teatro, como espectador, que teatro te gusta?

GS: -No veo tanto teatro como quisiera, es más que nada porque soy un ser un tanto ermitaño, me gusta quedarme dentro de mi hogar (que ahora es mi no-hogar, es largo de explicar).

Por esa razón no logro tener un referente como director o dramaturgo, sino obras que me dejaron marcas, ideas, escenas, y sobre todo una motivación. Recuerdo salir de ver Algo de ruido hace y pensar “Quiero lograr generar en alguien lo que esta obra me generó a mí”. El año pasado fui a ver El loco y la camisa y creo que hasta el día de hoy sigo sonriendo cada vez que recuerdo la particular elocuencia del personaje de el loco.

Y como suelo invertir mis noches de manera más hogareña, sí soy mejor espectador de cine, series y libros. Y ahí realmente mis gustos hacen lo que quieren sin pedir permiso. Me gusta el mundo de Wes Anderson, el ritmo de Guy Ritchie, el humor y la falta de respeto de Quentin Tarantino, ver un largometraje europeo independiente empezado en I-Sat, o volver a ver un capítulo de Family Guy por quinta vez. Y de vez en cuando hasta siento necesario ver alguna película con muchas explosiones no justificadas…de alguna manera tengo que lograr irme a dormir.

SE: -Última: Me contás algo más que yo no sepa? (era así?)

GS: Y sí, antes de terminar, te voy a contar algo que no sepas, pero que estás a pocas palabras de saber: Antes de morirme quiero aprender a hablar en Mandarín, solo para poder comunicarme con un chino que atendía un supermercado al lado de donde viví durante cuatro años. Logramos tener una amistad muy fuerte, él me regaló sus palitos chinos, y yo le regalé años y años de mi consumismo. Durante el último tiempo cada vez que iba a comprar, él me preguntaba “¿Minite?“. La primera vez estuve aproximadamente media hora intentando descifrar lo que me estaba preguntando, hasta que me recordé que dentro de la bolsa con las cosas que le había comprado había una caja de preservativos.

Me mudé hace poco, y no me despedí de él. Me gustaría volver algún día y tener una conversación que trate sobre algo más que mi vida sexual.