El hecho estético y Astas de terciopelo de Teresa Duggan

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“La música, los estados de la felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético”. La cita es de Jorge Luis Borges ?de uno de sus mejores ensayos, “La muralla y los libros” (1950)?, donde concluye acerca de la imposibilidad de definir el hecho estético. En 1977 retoma esta afirmación en “La poesía”, una maravillosa conferencia que da en el teatro Coliseo: “Tengo para mí que la belleza es una sensación física, algo que sentimos con todo el cuerpo. No es el resultado de un juicio, no llegamos a ella por medio de reglas; sentimos la belleza o no la sentimos”. Teresa Duggan festejó sus tres décadas con la danza y fue un hecho estético que merece algunas palabras.

¿Por qué traigo a Borges si quiero hablar de danza? Quizás para abrir el paraguas o, dicho más formalmente, para justificar que puedo hablar de un espectáculo de estas características, sin saber demasiado de danza contemporánea. Los festejos de Duggan estuvieron conformados por varias presentaciones en el Teatro San Martín y en el Teatro 25 de mayo. En mi caso, asistí a la última función, Astas de terciopelo (título que ya en sí mismo es una imagen muy lograda), y más que hacer una crítica, voy a describir qué me despertó esta función, qué me produjo como espectadora sin muchas competencias.

Astas de terciopelo tiene un argumento que le da unidad a todo lo que ocurre en el escenario: un grupo de mujeres se reúnen para confeccionar un ajuar. En una atmósfera onírica, con el ruido de fondo de una máquina de coser, esas mujeres van tomando conciencia de cuál es su propia naturaleza. Sin embargo, esta anécdota es solo parte de un todo en el que confluyen movimiento, luz, objetos, música y texto. En este sentido, la puesta en escena potencia lo onírico: hay una iluminación sugerente que crea atmósferas por sí misma; hay una danza que por momentos se fusiona con los objetos –un hilo rojo, unos vestidos etéreos, suaves, que ondulan a la par de los movimientos de las bailarinas?; hay un texto que acompaña en el que se destaca el poema de Federico García Lorca “La casada infiel” que, no casualmente, desde la palabra también trabaja con el movimiento. Casi se podría decir que sus personajes realizan pasos de danza de un ritual amoroso:

Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.

Un poco de historia: desde su nacimiento en el año 1984, la compañía Duggandanza desarrolló un estilo propio que utiliza la imagen, el baile, la música y la manipulación de materiales. Sus obras crean ambientes fantásticos muy emparentados con la poesía, y muchas de ellas recibieron diferentes reconocimientos.

Borges termina su ensayo con un verso de un poema de Angelus Silesius: “La rosa sin porqué florece porque florece”. Esto es el hecho estético: inexplicable, difícil de traducir por medio de razonamientos. Lo importante es que conmueve, que nos interpela, que nos transporta. Después de todo, si el gran escritor argentino afirmó que “la belleza es una sensación física, algo que sentimos con todo el cuerpo”, no me queda más que coincidir. A Astas de terciopelo se la siente plenamente.

Ficha artístico-técnica

Idea y dirección: Teresa Duggan
Música: collage musical de varios autores
Coreografía: Teresa Duggan
Intérpretes: Teresa Duggan, María Laura García, Daniela Velázquez, Magda Ingrey, Vanesa Blaires, Laura Spagnolo, Josefina Peres, Verónica Gasser Noblía
Diseños de iluminación: Teresa Duggan
Vestuario: Nam Tanoshii
Asesoramiento escenográfico: Alejandro Mateo
Asistente general: Claudia Valado