Magia a la luz de la luna

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Woody Allen, el más europeo de los directores norteamericanos.

Con notable precisión, Woody Allen viene estrenando desde hace veintidós años una película anual. Pero además “Magia a la luz de la luna” (“Magic in the Moonlight”) es su opus número 44 en casi igual número de años, desde “Robo, huyó… y lo pescaron”, su ópera prima como realizador en 1969.

Lo que ha cambiado en los últimos años es la localización de sus filmaciones, fenómeno que se inició en 2005 cuando “Match Point” fue rodada en Inglaterra. Justamente la que ahora nos ocupa también transcurre en dicho país y sobre todo en Francia, pero el desplazamiento de parte de su producción a Europa incluye a España (“Vicky Cristina y Barcelona”), Francia (“Medianoche en Paris”) e Italia (“A Roma con amor”).

Claro que las tres antes mencionadas transcurrían en bellas ciudades icónicas mientras que en esta oportunidad serán la campaña británica y francesa los lugares elegidos, siendo además los actores menos acreditados.

De todos modos Colin Firth ya es un intérprete consagrado y se recuerdan su interpretaciones en “Valmont”, “Sólo un hombre” y sobre todo su caracterización de Jorge VI en “El discurso del rey”, la que fue distinguida con el Oscar al mejor actor.

Aquí es Stanley Crawford, un mago que descree en efectos paranormales. Su amigo Howard (Simon McBurney) lo convence en ir a la residencia de los Catledge en la Costa Azul. La madre (Kati Weaver) ha contratado a la vidente Sophie (Emma Stone) para contactar a su marido muerto. El hijo (Hamish Linklater) está perdidamente enamorado de Sophie, pero no logra que ella quede prendada.

Stanley es un ser totalmente escéptico y extremadamente arrogante por lo que tratará de demostrar que los poderes de la joven son ficticios. La única capaz de doblegar su soberbia será su tía Vanessa, una excelente caracterización de Eileen Atkins (“Regreso a Cold Mountain”), protagonizando algunos de los momentos más emotivos y dramáticos de la película.

Puede perfilarse en el personaje de Colin Firth algunos rasgos del propio Woody Allen y si bien es poco probable que haya sido ésta una decisión del director de “Manhattan”, quizás sea su subconsciente quien lo haya traicionado.

Magia a la luz de la luna” es, en opinión de este cronista, una pequeña perlita de Allen que lo muestra nuevamente como el más europeo de los directores norteamericanos en la actualidad.