Cazadores en la nieve y Merluza sobre colchón de papas

0
17

“El cuadro «Cazadores en la nieve» de Brueghel tiene para mí una resonancia infinita. Hasta he soñado con él. Cuando lo vi en el film “Solaris” de Andrei Tarkovsky sentí que alguien en otro tiempo y distancia sentía esas vibraciones que no terminan de suceder. Como si hoy se siguiera pintando. Como si formara parte de nuestra vida”. Liliana Díaz Mindurry.

Cuando K vio el libro dijo: tiene título de novela policial. No, le dije. Es un poemario, una pintura fragmentada.

Cazadores en la nieve es un poema basado en una pintura de Pieter Brueghel, el Viejo, de 1565. Liliana Díaz Mindurry, su autora, tiene una mirada muy particular sobre esa obra que la deslumbra y le dispara ideas sobre sus personajes y sobre el mundo.

Los cazadores en la nieve, la obra, pertenece al ciclo “Meses”, en el que Brueghel representa las estaciones. Es invierno, nos ubicamos en diciembre o enero, en una aldea remota arropada por montañas, donde se dibujan historias paralelas que la poeta representa en palabras.

Liliana Díaz Mindurry fragmenta la pintura en historias imaginarias. La supongo parada frente al cuadro tratando de adivinar acciones y sentimientos, dando vida a las figuras inanimadas del óleo. Así un poema rescata un pequeño ser: “Hay una mujer del frío que mira el fuego”. “Los perros fuera de foco que llaman a presas de otro mundo”. “Puede verse ese pájaro planeando el cielo verde…”

Y luego la poesía: “Así como hay chimeneas que lanzan fuego en vez de humo, hay uno en el hielo que abandona a otro”. Y las comparaciones: “Es un film de Tarkovsky: una escena con un hombre detenido en un lugar donde el cosmos sabe dar vida a los pensamientos”. Y la mirada: “Uno cree que hay un cazador en el cuadro que marcha hacia alguna parte, que hay un amanecer que oscurece la torpeza de los camiones de otros mundos distantes de Brueghel”.

Las palabras de Mindurry, nos ubican dentro y fuera de la obra. La miramos con ella, y la imaginamos también. Un juego de palabras, de poesía, de vida que se esconde en el arte y que recuerda la discusión remota de su interpretación.

Hay un frío contenido, en la imagen y en el verso. Una historia que pudo ser, un personaje que pudo existir. “No hay cazadores en la nieve, ni museo que lo contenga”, dice la poeta que realizó el prefacio a las obras completas de Onetti en la Editorial Galaxia Gutenberg de España.

Dos visiones de una imagen. Una de 1565, y la de este tiempo, con toda la carga emotiva que pudo transmitir el pintor. Una obra de arte siempre está viva, al igual que la poesía. Descubrir este libro, fue una hazaña. Leerlo, recorrerlo, fue un placer.

Para acompañar tanta delicadeza: Merluza sobre colchón de papas y morrón horneado.
Pelar tres papas grandes y cortarlas en láminas finas, colocar sobre una bandeja para horno. Verter por encima aceite de oliva, 4 dientes de ajo, y ramitas de romero troceadas. Aparte salar los trozos de merluza y untarlo con aceite. Colocarlos sobre el colchón de papas. Agregar tomates cherry y un poco de vino blanco. Tapar con papel aluminio y llevar al horno a fuego lento hasta que el líquido se evapore. Morrones: cortar dos morrones rojos en dos o tres partes. Hornear por unos diez minutos, retirar y bañar con un toque de aceite de oliva y perejil picado. Servir con el pescado.