Toque de queda y Torta de mandarinas

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Antes de leer Toque de queda, ya había mirado críticas y entrevistas a Jesse Ball, “la promesa de la nueva literatura norteamericana”. El chico que escribió la novela de una sentada no dejaba de aparecer en diarios y redes sociales. Toque de queda se mostraba como una revelación que había que leer, sumada a la hermosa presentación de la editorial La bestia equilátera.

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La misma tarde que llegó a mis manos, la leí completa. Una historia sobre una niña muda y su padre, la relación de ambos, la relación de ambos con el mundo, y ese mundo irracional lleno de misterios y crueldades donde se desarrolla la trama.

Si bien Jesse Ball no ubica la novela en tiempo ni lugar específico, el lector lo hará según sus circunstancias históricas o políticas. Según los hechos actuales. Basta con mirar un poco de televisión para recordar que este mundo no es un lugar muy amable, y que familias enteras sufren por sucesos que hoy, en pleno siglo XXI, parecen acontecidos en la Edad Media.

La incertidumbre por el destino de los personajes se va hilando con una maravillosa narración y la picardía de una niña a la que no le hace falta voz para estremecer al lector. Su padre, un violinista cercenado que ahora redacta epitafios, trata de mantener una vida placentera dentro del hogar –de mentira-, pero afuera, es distinto y peligroso. Un vecino titiritero y un grupo de muñecos permitirán el escape, la imaginación y el desenlace de la historia.

Mientras cocino un postre, pienso en esa frase en la presentación del libro que, resume mi sensación ante la lectura: “Ball tiene el don de causar la inquietud que provocan los relatos de Kafka, su maestro, la capacidad de asombrar de Murakami y la ternura que solo se encuentra en los personajes de las películas de Miyazaki”. Sí, recordé la valentía de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001) en este pequeño personaje de Toque de queda.

Es la dulzura de esa niña que aprende a manejar títeres y escribe una obra de teatro, la que da forma a mi postre: torta de mandarinas para compartir.

Torta de mandarinas. Licuar dos mandarinas (con cáscaras, partidas a la mitad y sin semillas) con 1 taza de azúcar, 3 cucharadas de aceite y un huevo. Agregar un toque de jugo de naranja. Cuando la mezcla esté homogénea, agregar 1 ½ taza de harina leudante, y mezclar con una cuchara de forma envolvente. Enmantecar y enharinar un molde para horno. Agregar la mezcla. Llevar al horno por 45 min o hasta que el aroma y el color lo indiquen. Compartir con amigos.