German Piffano: Esta historia me jalaba de la mano.

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Si hubiese buscado un mejor cierre para mi visión de películas en esta 3° edición del Festival Unasur Cine es probable que no lo hubiese  encontrado. No porque la elegida sea la mejor de todas, aunque es excelente en muchos aspectos, pero creo que es imposible determinar la mejor de todas con honestidad porque en muchos casos se comparan documentales que nada tienen que ver entre sí y a lo  mejor dos de ellas son las mejores pero cada uno en su estilo.

En la Competencia Internacional de Documentales se presentó la película colombiana “Infierno  o paraíso” la ópera prima del antropólogo Germán Piffano  que le llevó 10 años realizarla, luchando contra todas las adversidades, pero teniendo claro lo que quería hacer, poniendo como decía nuestro querido Roberto Arlt “la prepotencia del trabajo”.

De ahí el considerarlo mi mejor cierre porque lo realizado por Germán me muestra una vez más la capacidad y la tenacidad de nuestros directores latinoamericanos lo cual me llena de orgullo.

Germán en su película nos acerca la vida de José Antonio Iglesias ingeniero de profesión, un hombre brillante que vivió durante 11 años como habitante de la antigua calle del cartucho y que desde las profundidades de su adicción al bazuco sobrevivió a sí mismo en contra de todos los pronósticos.

AF: En esos 10 años del proceso de realización de la película en algún momento pensaste en dejar el proyecto, y cuál era el motivo por el cual considerabas tan importante hacerla.

 GP: Bueno, esta película se fue haciendo a sí misma. Yo también, como realizador, fui algo así como un accidente. No nació como una película, nació como un registro etnográfico de un antropólógo en campo haciendo un trabajo de ciudad de antropología urbana, pero de ese registro emerge un personaje que me atrapa y que va desarrollando poco a poco  una historia. Esto tomó varios años. Y hubo momentos en que el contacto con el protagonista se pierde. Por cosas de la vida en otros momentos, el mismo protagonista vuelve otra vez a la ciudad a buscarme a exigir que sigamos contando la historia. Y yo no lo puedo rechazar. Se volvió una historia que me jalaba la mano y me llamaba de nuevo a grabar. Ha sido una aventura durante mucho tiempo. Yo como realizador terminé siendo víctima de esta historia.

AF: Cómo fue adentrarse en la calle del cartucho, una de las más complejas y peligrosas de Bogotá?

GP: Pues mira, lo que impulsa este proyecto es una pulsión, una curiosidad muy profunda por conocer a estas personas que hemos dejado al margen en todas las ciudades de América Latina. No solo en Bogotá. En 1998 cuando empieza esta curiosidad, en mi ciudad se construye desde el imaginario, desde la prensa, desde la Alcaldía que este sector que se llama Cartucho como muchas otras villas de un símil como si fuera el infierno, donde no puedes ir,  donde no puedes llegar y que si llegas a entrar vas a salir muerto o lastimado. Y yo me peguntaba si es tan abominable, cómo es que cada noche se refugian allí 12000 seres humanos a buscar refugio que es lo bueno que tiene el Cartucho. Cuando hay una mirada tan unívoca yo decia qué hay debajo de ea historia tan construida. Esa pulsión es la que me lleva a acercarme y me lo planteo como un proyecto de investigación. Me preguntaba qué es para estas personas el bienestar. Nosotros vivimos en un mundo de acumulación, de fugacidad, con otros valores, con otras maneras de ver la vida y esa pregunta me fue llevando a este lugar, a conocer la gente de los bordes, y poco a poco voy entrando como un antropólogo a un barrio que está a dos cuadras de la casa presidencial de mi país. Encuentro gente maravillosa: poetas, filósofos, que había tenido una vida memorable y que viviín allí su vida. Entonces, entre el trabajo que me ofrece la Alcaidia formando parte de un equipo social que va a hacer una indagacion para acercarse a la población para convencerlos de irse de alli, para hacer una renovación urbana como pasó en Buenos Aires con Puerto Madero. Mi obsesion por la imagen, y otras perturbaciones con la imagen y la fotografía me hicieron llevar siempre una cámara,a modo de tomar notas. Fui recogiendo horas y horas de imagenes. Tres años de mi vida me ocupó caminar dentro de Cartucho como uno más del barrio.

AF: ¿Cómo llegás a conocer a José Antonio Iglesias y seguir toda su vida logrando esa indispensable confianza para realizar tu trabajo?

GP: Mira, una cosa que aprendí entre la gente de la calle es que la gente que vive en el asfalto tienen una necesidad de contacto humano muy grande. Cuando les ofreces un instante, oírlos, acercarte a ellos, encuentras unos seres maravillosos. A José lo conocí una noche, me habló del otro lado de la calle preguntándome si tenía un fósforo. Le dije que no, me hizo varias  preguntas picarescas que llamaban mi atención, a todas les respondía que no, que no tenía un lanzallamas, por ejemplo que es lo que me preguntó y de pronto me ofrece marihuana. “Si te dan ganas de fumarte esta marihuana vas a tener que prenderlo y para prenderlo vas a ir a esta esquina y vas a pedir un fósforo, y te lo dan. Si fuera yo, me dan una patada” Me dijo. Entonces, de esa conversación nació un contacto humano que se fue construyendo y la fortuna de contar esta historia.

AF: Como testigo permanente de José Antonio, ¿preveías que iba a poder salir  de ese infierno?

GP: Con el corazón te lo digo, empecé grabándolo con el ojo del antropólogo y terminé grabándolo con el ojo del amigo. Entonces el antropólogo que era muy escéptico porque conocía todas las estadísticas, tenía la certeza que con absoluta seguridad, José Antonio iba a sucumbir en su intento de salir de la droga. Pero como a los 8 meses, hubo un episodio traumático para José que lo hizo tocar fondo, lo dieron por muerto, le dispararon en la cara y lo abandonaron envuelto en una bolsa plástica en una basura y ahí lo descubrieron, Había estado sin sentido unas 12 horas. Eso fue un impulso para sacarlo del bazuco, en Argentina es el paco.

AF: Hay un encuentro de José Iglesias, él ya recuperado, con sus hermanas que es  muy fuerte en la película donde pareciera que lo único que los une es el recuerdo de la madre quien nunca olvido al hijo perdido

GP: Sí, es muy fuerte no sólo para la película sino para la familia. José fue dado por perdido durante 17 para su familia. Cuando nos encontramos, una de sus motivaciones, con el tratamiento, con los síntomas de la abstinencia, con el delirio tremens, con señales fisiológicos que lo torturaban enormemente, se aferraba del deseo de limpiarse para volver a tocar la puerta de su casa y abrazar a su madre. No lo pusimos en la pelicula por otras razones pero para él era su motivación. Cuando finalmente lo logra 2 años despues, se entera que justo el día que comenzó su tratamiento fue el día de la muerte de su madre. Ese vinculo casi metafísico, tan poderoso de una madre y un hijo perdido. Y en la familia hay una mezcla muy rara de reproche, amargura y la alegría del reencuentro con un hermano que daban por muerto. Esa tensión la tratamos de comunicar pero persiste. Me parece que es una lección por trabajar con estos hermanos que caen en el laberinto de la drogadicción. como una familia puede perdonar esos dolores y volver a abrirle la puerta a esos hijos para que retomen su vida.

AF: Tres años después de completar su  desintoxicación José conforma una  nueva familia y regresa a su España  natal acompañado con su nueva  mujer y su pequeño hijo. Pero España lo recibe con una nueva prueba :  sin un trabajo estable y con las secuelas de su adicción la batalla continua pero ahora acompañado y sostenido por una mujer y un hijo. ¿Cómo está José Iglesias hoy?

GP: Fijate que la pelicula, y el nombre de la pelicula se asocia con esos episodios. Lo que me apasiona del cine documental es que lo que sucede frente a cámara esté sucediendo auténticamente y que no esté intervenido por el realizador, mas allá de la subjetividad de la edición. Cuando José termina su recuperación, no encuentra manera de insertarse en la sociedad de Bogotá (en el 2003) y trata de recuperar sus vínculos, él es español nacido en Sevilla. Entra en contacto con sus familiares en España, recupera su pasaporte y logra viajar. Después se las ve en dificultades porque su esposa es colombiana, no puede formalizar su matrimonio, les cuesta mucho lograr el visado para poder reunirse y finalmente lo logran. En ese tiempo, para José se marca un progreso pero hay una bonanza, accede a créditos bancarios de una medida diría yo desmedida, y termina siendo su tortura, cuando estalla la crisis inmobiliaria en España. En ese desajuste social 40.000 familias en Sevilla empiezan a vivir el mismo drama de José Iglesias, gente que tenia hipotecas, que perdió sus casas pero que siguen teniendo la deuda, por generaciones, en una situación que no tiene paralelo en el mundo. Envuelto en esta situación, su vida se configura en torno a su esposa y su niño, y la angustia de poder estar en la calle lo agobia y lo transforma en un ser huraño. Este mundo tan ilusorio,  tan precario como sociedad y como civilización termina produciendo torturas que pueden ser mas agobiantes que la adicción a la droga. Esta es una de mis obsesiones en este documental a pesar que ha costado muchísimo porque no lo hace atractivo, es una película dificil, agobia mucho al espectador. Pero yo como realizador y antropólogo he estado muy interesado en mostrar el giro completo que tiene la vida de José, entre la droga que estaba llena de sicarios y las deudas que está llena de banqueros. Y José, dice que se terminan pareciendo mucho.

AF:  ¿Cómo lograste incorporar a tu  proyecto a José Salcedo uno de los montajistas más reconocidos de Europa?

GP: Es algo muy bello. Lo contacté  por un correo electrónico anónimo como tirando una botella al mar. Muy poco despues, me contesto diciéndome que quería saber algo, y le conté, vio un par de imágenes y se enamoró del proyecto. Trabajó casi tres años en el montaje y el tema económico nunca estuvo sobre la mesa. Este señor con muchas películas editadas y montadas diría que fue la pasión por el cine lo que nos permitió con él en esta pelicula. El nos acompaño desde el comienzo y nunca tuvimos un desgano de Pepe. Fue muy generoso ademas del montaje mismo que apostó por una estructura clasica debido a las fracturas que tenia el propio material.

Muchas gracias Germán pues tu película es  un tributo a la extraordinaria capacidad que tiene el alma humana de renacer.