El cerrajero

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Si la ópera prima de Natalia Smirnoff, la notable Rompecabezas, exploraba el mundo de las sumisiones femeninas, “El Cerrajero” su segunda película toma los comprometidos lazos de lo masculino con la realidad.  Sebastián tiene una cerrajería, y fabrica de manera amateur cajas de música con las partes de las cerraduras. De pronto un día, inexplicablemente se le presentan todos los secretos detrás de las puertas de la gente. Un marido que engaña a su mujer, un hombre que deja a su familia por su secretaria, el robo en la casa donde trabaja la novia del ladrón.

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Este curioso “don” se asocia con el misterioso humo que envuelve a la ciudad durante varias semanas de abril de 2008. A la vez que Sebastián alberga a Daisy (verdadero hallazgo esta joven peruana Yosiria Huaripata) insiste con el fin del embarazo de su novia. Con Daisy aprenderá cierta cotidianidad pero no es lo real lo que llama la atencion en esta exquisita obra de Smirnoff sino aquello que tiene de fantástico y que sobrevuela como una amenaza extraña que parte de algo real: un acontecimiento que ocurrió en Buenos Aires cuando los incendios del Delta, a unos pocos kilómetros de la ciudad, provocaron una invasion incesante de humo que enrareció el aire durante varios días. Un cartel al comienzo se ocupa de informar sobre ese olor fuerte, casi repulsivo.

Algo del aburrimiento se sacude con ese humo omnipresente y la vida de Sebastián se altera con la sola idea de la llegada de un hijo. En ese sentido, también habrá un reencuentro con un padre y algo de introspección en la idea de esa probable paternidad.

El cerrajero es una película simple pero exquisita que bien vale la pena ver.