Ganador del Pardo de Oro de Locarno: Lav Díaz por Mula sa Kunk ang noon

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“He pretendido luchar aquí con mis más queridas impresiones estéticas, tratando de llevar hasta sus últimos y más crueles límites la sinceridad intelectual”.
Marcel Proust

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El ganador del Pardo de Oro de Locarno dijo en conferencia de Prensa que su film estaba basado en las memorias de su infancia, más precisamente en los relatos de su abuelo dos años antes de la imposición de la Ley Marcial:

“Mi abuelo tiene 99 años y nunca habló sobre la guerra. Ahora él ya no puede hablar porque tiene las cuerdas vocales muy mal y temo que yo también empiece a olvidarme lo que solía recordar que él me contaba. En los años ‘60, él hacía mucho tiempo que había dejado de taladrar agujeros en vagones colmados de arvejas o arroz para recolectar algo de comida para su familia y vecinos; y en la TV le gustaba ver las noticias. Una vez me contó sobre una misteriosa serie de asesinatos en Filipinas alrededor de esa época y lo extraño que había sido que nadie supiera qué era lo que pasaba. El amaba la historia y la política, pero nunca hablaba de la guerra”.

Hoy sabemos, que ese período negro de la historia de la Filipinas (1970 al 72) obedecía a un plan estratégico diseñado por los militares para instalar el régimen del Gral. Marcos, por lo que los personajes son reales y sus tragedias también, obvio, con otros nombres. La historia se centra en las áreas rurales, que fueron las más afectadas, y en las cuales incluso se daba una paradoja… era tanto el miedo que sufría la población, que de alguna manera deseaban la presencia de un dictador para recuperar la tranquilidad. En 335 minutos en blanco y negro, su director ficcionaliza la Historia para realizar al mismo tiempo una revisión. Por lo que en el film conviven dos historias. Lav Diaz no tiene miedo de hacer ni declaraciones políticas, ni de hablar sobre la función del arte. Por lo que dijo: “el arte tiene la responsabilidad de trabajar con los temas que no podemos manejar. Sin el arte no hay libertad… La libertad es un derecho pero, sobre todo, una responsabilidad y una puerta directa a la memoria. Especialmente porque los grandes horrores están donde se la suprime”.

Una estética muy pictórica despojada de referencias espaciales o temporales se impone sin ningún tipo de concesiones. La tensión crece en planos secuencia, pausados y con poco movimiento, con escenas por momentos devastadoras, las cuales no permiten ningún tipo de descanso, ni visual, ni auditivo. Estrategia que contribuye a la construcción de la personalidad de los personajes, donde cada secuencia deviene en una unidad de significado. A medida que cada uno de ellos va apareciendo sospechamos que portan algún tipo de secreto, que en todo caso comprobamos luego, que tiene que ver con la imposibilidad de hablar de la situación política que los rodea. Porque además las historias individuales que se cuentan son lo suficientemente fuertes para inmovilizar al espectador.

Y claro está que la duración del film contribuye sin lugar a dudas a que este se sumerja de lleno en ese mundo tan dramático: Itang, Joselina, Sito, Hakob, Tony y un cura, – que da cuenta de los resabios de la colonización española, y por ende religiosa – son algunos de los personajes que conforman un relato sobre la historia de un barrio, donde la fortaleza de espíritu, y la solidaridad son más fuertes que las inclemencias del entorno, y la crueldad que las roza. A casi 30 años del fin de la dictadura de Ferdinand Marcos, un pueblo con una tradición heroica de sacrificio tiene hoy un escenario político que avanza hacia la estrangulación de la democracia, transformándose en una vía al paraíso para las élites y un infierno para los marginados, despojados y oprimidos del país. Y la filmografía de Lav Díaz da cuenta de esa realidad político- social con films de grandes duraciones -por momentos con estructuras narrativas bastante literarias- como Evolution of a Filipino Family (2004), aclamada en Toronto o Rotterdam por la crítica; o Melancholia (2008), Gran Premio en Venecia de la sección Orizzonti, que selecciona los trabajos más independientes de la muestra, o su anterior film, Norte. The End of History (Norte, Hangganan ng Kasaysayan, 2013), que es una adaptación libre de Crimen y castigo al contexto político filipino, en el cual realiza un diagnóstico sobre el fascismo de su país.

Durante la mayor parte del film el acontecimiento de la dictadura de Marcos se mantiene fuera de campo, y sólo vemos sus consecuencias: un día aparece un cuerpo muerto en un cruce, las vacas desaparecen, algunos habitantes huyen o son asesinados, otros actúan de manera extraña… y Diaz aprovecha para indagar como siempre en las relaciones afectivas entre los principales protagonistas, a la manera del más puro melodrama: pasiones, fidelidades fraternales, traiciones vecinales, amores paternales sin filiación sanguínea, sentimientos llevados al extremo….Todo al servicio de recuperar la memoria de Manila y reclamarle explicaciones al pasado sobre la destrucción de una cultura y su identidad.