En la Bienal de San Pablo está el Infierno

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En la misma Bienal que invita a juntar firmas para abolir el infierno o a mantener amena charla telefónica con Dios, en la que puede asistirse a delirios místicos del rito candomblé o andar por zonas de dominio de los espiritus caboclos, hay un video de la israelí Yael Bartana que nos propone pensar en Infierno.

Aunque la idea parte de la noticia de la construcción del tercer Templo de Salomón en la populosa ciudad de San Pablo bajo la gestión de una iglesia neo-pentecostal brasileña,  sobrevuela a lo largo del video el esperanzado lugar de la religión judía como religión basal y la omnipresencia de sus objetos de rito. En este infierno se anuncia algo encantador.  Bartana, primera no polaca en representa a Polonia en la Bienal de Venecia (2011), logra hibridar varios mundos en uno: San Pablo como la verdadera ciudad del futuro, con sus jóvenes, sus diversidades interminables y sus potentes arquitecturas,la iglesia brasileña atravesando los estratos populares y el sueño de un renacimiento en el que todo volverá a empezar como teleología posible. Latinoamerica como territorio del futuro, y un nuevo muro de los lamentos como el futuro recomenzado.

Para todo esto la realizadora, de larga producción en torno a temas que incluye la problemática judía, no ahorra recursos; la primera panorámica de la ciudad de San Pablo anuncia la rareza que significa para un video-arte presentarse como superproducción, rareza a la que se suma la de contar una historia con principio, desarrollo y final.  18 minutos que atraen la curiosidad de todo tipo de público, y que resuelve en imágenes impecables, en cantidad de extras impensables y en una música arrolladora.

El video monocanal instalado en uno de las grandes boxes del segundo piso de la bienal es arte contemporáneo, pero se disfraza de cine comercial y atrae desde la idílica felicidad inicial hasta una irrupción diabólica que lo destruirá todo hacia el final. Su potencia visual y musical está por encima de la contundencia del significado, algo perdido, creo, en cierto manierismo formal que va de lo futurista a lo utópico sin terminar de cerrar algunas puntas, si de lo narrativo se trata, sin embargo logra convertirse en una de las apuestas fuertes de esta Bienal y la sumamos a los imperdibles de esta edición.

 

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