31 Bienal de San Pablo: otras cinco propuestas recomendadas

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Desde el sábado el Pabellón Matarazzo del Ibirapuera no deja de poblarse, no ya sólo de público local como fue la semana pasada, cuando la 31 Bienal se dedicó casi exclusivamente a educación e invitados especiales con fuerte acento en grupos de profesorxs y alumnxs. Hoy domingo, luego de la inauguración de anoche, comenzaron a verse otros rostros, y a escucharse muchos otros idiomas comentar, preguntar, opinar, interactuar con los 81 proyectos participantes.

Lo mejor que se puede hacer en la Bienal de San Pablo, es vivirla toda, andarla, dejarla decantar y volver, en una experiencia única y personal que puede llevarnos unos días, que nunca será un toco y me voy, porque implica poner en juego múltiples competencias y sensaciones corporales que no se producen, sin dudas, intelectualmente. Una bienal supone la complejidad de mundos visuales puestos en constelación, y no puede juzgarse por los comentarios de alguien, por más que la haya estudiado y apreciado en tiempos e intensidades rigurosas.

Aclarado esto, junto a las cinco recomendaciones que ya realizó Alejandra Portela, que son: El museo travesti del Perú, Cities by the river de Anna Boghiguian, Errar de Dios de Grupo Etcétera, Los murales de Eder OliveiraMap, de Qiu Zhijie van aquí cinco sugerencias más, las mías, que complementan miradas y transitan otros márgenes, para aportar como referencia para quien quiera asomarse a la vastedad de esta propuesta con algún consejo previo. Aquí van:

Chto Delat, Los excluidos. En un momento de peligro. Video instalación en 12 episodios, suerte de Rayuela audiovisual donde el juego consiste en alcanzar la oreja, aunque sepamos de antemano que lo que impera es la imposibilidad de ser escuchadxs. Narración de una voluntad que se pone en riesgo desde su propia enunciación (es una videoinstalación de tres canales que implica no solo una cuarta pared activa, sino a momentos multiperceptiva, porque mirar cada pantalla significa perder el hilo de lo que sucede en las otras, que no es más que la dislocación del momento histórico en el que se narra la historia. Con claras reminiscencias al teatro épico brechtiano y a Walter Benjamin, pero al mismo tiempo confrontándolos porque no logra desanclar del desencanto como modo sistemático de desconfiar. Obra del singular colectivo ruso que se llama, sugestivamente Qué hacer.

Chto Delat
Chto Delat

Gulsun Karamustafa, Historia ilustrada / Migrante. La artista turca a la cual entrevistamos especialmente para que nos cuente sobre su trabajo, tiene, en dos zonas diferentes del pabellón, dos desarrollos muy sugestivos. Por un lado, exhibido como un tótem, una pieza de  arte textil realizada como collage de telas usadas para adornar las paredes de los inmigrantes de origen rural dramáticamente conducidos a vivir en medios urbanos de pobreza material y desafío cultural, y por el otro, una video-instalación de dos pantallas en ángulo que problematizan, a partir de dos testimonios, el mismo choque dramático rural/urbano del capitalismo salvaje y aplanador de experiencias y modelos de vida fuera del molde.

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Jo Baer. En la tierra de los gigantes y otros trabajos. Se trata de la propuesta de una pintora de conocida trayectoria en el campo del minimal art de finales de los años sesenta, que experimenta un giro a la figuración de cuño personal, reinventada desde una mitología propia e imaginativa, de gran espesura poética, ligada al mundo celta, pero también a otras mofologías y formalidades. Una presencia que refresca la proclama de lo colectivo como substrato de toda enunciación menor, con telas a pared, dolmenes, paleta suave, centros compositivos estrábicos y una opacidad en el resultado que resulta sobrecogedora y le da un toque íntimo al primer piso del pabellón.

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Vivian Suter, Sin título. Rara avis es esta artista y su prodducción, nacida en Buenos Aires en 1949, pero que reside en la selva guatemalteca, en las cercanías de Panajachel, desde 1982. Otra pintora, que se maneja desde cierto informalismo matérico, dejando secar sus telas al aire libre, en una zona de cafetales, bananos, volcanes y trópicos, presentes en su poética desde el color y la mancha, quizás, pero más aún, entretejidos en la misma tela. Naturaleza y cultura, trabajo y ambiente, para una poética plástica sumamente viva.

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Ines Doujak. 
Doujak es una de las artistas más llamativas y crípticas de esta bienal, y está presente además con una escultura y un díptico y una video instalación. El conjunto de afiches que presenta junto a John Barker, a manera de historia crítica del mundo de la moda, la indumentaria y el tratamiento de lo textil deviene un lenguaje propio donde las claves de su ida y vuelta se aprenden desde el mismo montaje. Impacta la otra línea histórica que puede crear el devenir vestido estrictamente asociada a la colonización y conquista de los cuerpos. Una escultura extraña preside la colección de afiches, con dos telas donde la apropiación del oro en el mundo hispánico revuelven aún más la retórica de las conquistas y la acumulación de capital.
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Amén de estas cinco, están los trabajos de la hindú Sheela Gowda y sus investigaciones en las siringueiras de Brasil, la instalación Historias de Aprendizaje de la chilena Voluspa Jarpa (cuyo trabajo vimos en Arteba), y los proyectos de Ana Lira y Marta Neves, a quienes también entrevistamos.

En días sucesivos continuaremos ampliando estos apuntes y proponiendo recorridos y contratrayectos de esta experiencia 31 Bienal.