Stanco, Germán Favier

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El cine y la literatura, indudablemente, tienen mucho en común: formas de narrar, técnicas, tratamiento del espacio y del tiempo. Stanco, de Germán Favier, nos permite plantearnos algunas de las cuestiones que giran en torno a esos dos discursos.

El protagonista de esta novela es un expolicía que decide rescatar él solo a su novia secuestrada en una peligrosa villa. A partir de ese momento, se suceden situaciones muy cinematográficas: explosiones, mucha sangre, peleas, persecuciones, en fin, todo lo esperable en una historia policial quizás pensada más para ser llevada al cine que para ser leída.

Es probable que la experiencia de Favier como guionista, como actor o como realizador de sus propios largometrajes haya influido en un predominio de lo visual por encima de lo estrictamente literario. Sin embargo, hay que reconocer que Stanco trabaja bien el narrador y los distintos puntos de vista. El protagonista narra su historia en primera persona pero en forma alternada algunos capítulos se focalizan en los personajes con más peso dentro de la villa. Así tenemos más de una mirada de lo mismo, una visión desde diferentes lugares. También hay otros discursos que se intercalan y que nos llevan a otras voces: entrevistas, informes, testimonios.

Como policial, la novela adhiere a los códigos del policial negro: el espacio es la ciudad y, especialmente, las zonas marginales; el protagonista es un expolicía separado de la fuerza que adopta los métodos violentos de los delincuentes; el gran tema es el de la corrupción en una sociedad en la que el delito es moneda corriente. Favier muestra conocer bien estas características, pero no logra escapar a cierto esquematismo que subyace dentro de este subgénero, en especial en lo que hace al tratamiento de los personajes: hay una marcada división entre buenos y malos, una visión maniquea y determinista de la realidad. El único personaje que presenta un poco más de matices es Stanco un antihéroe por momentos querible y por otros censurable.

Un párrafo aparte merecen ciertas desprolijidades en la escritura. Una novela es un todo: una historia, la forma de contar esa historia, pero también el cuidado con que se maneja el lenguaje. A Stanco le faltó una revisión final para que los errores normativos no terminaran atentando contra una lectura fluida.

La novela de Favier está concebida casi como un guion, un producto que recuerda algunas escenas a las que nos tiene acostumbrado el cine norteamericano de acción y desde este lugar hay que leerla.