Marta Neves: “Não-ideias” en la 31 Bienal de San Pablo

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Otra de las artistas que presentarán su trabajo en la 31 Bienal de San Pablo que inaugura este sábado 6 de septiembre de 2014, con el sugestivo lema: Como falar de coisas que não existem  es Marta Neves  (Belo Horizonte, 1964), que presentará su trabajo “Não-ideias”. A continuación algunas preguntas a una artista que nos estimula conocer y luego su propio texto/memoria de proyecto que damos a circular desde leedor.com, difundiendo el trabajo de distintos artistas.

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Antes de entrar en las respuestas de Marta, queremos destacar que ella realizará dos performances en el fin de semana de la inauguración de la Bienal: el sábado 06/09, a las 15 hs, en el Parque Ibirapuera, será ocasión de compartir su EU NÃO SOU CANTORA. Y el domingo  07/09, también a las 15 hs, en  el marquise (espacio techado de columnas) del Parque Ibirapuera, vecino al Pabellón, presentará NESSA RUA TEM UM MAR.

 

KC: ¿Cómo ves el arte contemporáneo frente al concepto de “lo real” pensándolo como lo que cada uno desea? Hoy, cuando el artista es una especie de catalizador del deseo y el imaginario colectivo…

MN: El arte es la mezcla de dos cosas distintas: él mismo es la cosa más real, porque lidia con nuestras cuestiones vitales, porque pone la vida en relieve -retirando de ella sus elementos fundamentales; y por otro lado, es la cosa más irreal, porque fabrica un mundo propio,  aunque alimentado, como quedó dicho, por la realidad más cotidiana. Al menos es así en mi caso, cuando hablo de que no existe en la cabeza de las personas, hablo de una incapacidad de crear, que es, por otro lado, su humanidad, y por consiguiente, su alimento, de forma extraña y frágil- para lograr vivir, generar y (re) crear la propia vida.

KC: Tu serie de “Não-ideias” que se presentan en San Pablo, trabajan sobre la necesidad de que algo cambie que tiene la gente, que al ser enunciadas se convierten en un bien común… ¿Qué esperás que pase con el público de esta Bienal?

MN: Espero que las personas, independientemente de su formación profesional, de su estatus social, se vean de alguna manera representadas allí. No conseguimos, aunque estemos tan presionados todos los días, transformarnos en máquinas para generar soluciones para nosotros mismos. Entonces, tenemos “não-ideias” (“no ideas), o sea, fallamos. pero las fallas son lo que me interesan quizás más que los aciertos. Es en las fallas donde está la vida, con toda su potencia creadora. Incluso cuando no creamos, incluso cuando no acertamos. En las fallas estamos nosotros, los anti-héroes, las personas comunes, las personas que dudan.  La vida cotidiana tiene esa belleza de lo anverso.

KC: ¿Cómo ves la tensión entre arte y mercado? ¿Cómo financiás tus proyectos?

MN: Mi relación con el mercado es otra  “no idea”…  Me resulta muy difícil, soy horrible como productora, tengo dificultades para tratar con galerías, y poca cantidad de trabajos. Me financio principalmente a través de mi empleo como profesora de Historia del Arte.

KC: ¿Cuál le parece que es el rol de las bienales en el panorama de un arte tan consustanciado con la misma vida cotidiana de nuestras sociedades?

MN: Creo que, por más que los trabajo allí expuestos demuestren proximidad con innumerables temas de la vida cotidiana,  las bienales, principalmente en un país como Brasil, todavía están lejos de las grandes masas. Creo que son eventos importantes, sí, pero no debemos reducir el arte a esos espectáculos grandiosos. Quizás eventos menores, inserciones más diluídas en el cuerpo urbano, sean tan o más eficaces para dialogar con el gran público. 

 

Texto de Marta Neves:  NÃO-IDEIA

Não-ideia, el trabajo que voy a exponer en la 31ª Bienal en forma de pasacalles, sugrió de mi impaciencia frente a mi necesidad constante m forma de faixas de rua, surgiu de uma impaciência minha com a necessidade constante e imperante de producción. Todos – sean o no artista– nos vemos diariamente interrogados a responder de forma “agresivamente creativa” a las preguntas: “¿qué está ud haciendo?” o “¿qué hay de nuevo?”, dentro de un pensamiento empresarial o publicitario al estilo ISO 9000.

Esto – especialmente en el campo del arte – es para mi una enorme dificultad. Creo que el tiempo en el arte es un tanto diferente, aunque estemos inmersos en la misma lógica productivista y excitada de la comunicación.

Tal vez en el – aunque también en todos los procesos de la vida – la libertad de “no crear” sea el propio alimento de la supervivencia creativa. No tener ideas puede ser el momento de vacío necesario para un aliento de vida. A pesar de estar imaginándome este trabajo desde hace más de diez años, parece adquirir un diseño más curioso frente a la dinámica reciente de las redes sociales –donde las pessoas muchas veces parecen tan certeras en tener soluciones, salidas, productos, ideas para la vida, que publican en todo momento como sus “realizaciones” (por más que se trate apenas de la foto de un plato de comida en en restaurante de la esquina.

Insisto, entonces, que, contrariamente a tantas realizaciones, la existencia diaria encierra muchos más vacíos, fallas, imposibilidades (las que, felizmente, también están en las redes), por más que, claro está, la gente quisiera siempre tener ideas precisas de qué hacer en y de la vida. Por otro lado, tales vacíos pueden ser una garantía misma de un poder constructivo, realizador, sea porque el fallo humano es lento, sea porque está fuera del tiempo atropellado de la productividad que nos imponemos. Dentro de este pensamiento es que dearrollo el trabajo cuyo hilo conductor son esas fallas, esas ausencias de ideas que gente diversa me cuenta. Situaciones frente a las cuales debería ocurrírseles algo, pero nada les viene a la mente. Resumo y transpongo esas narraciones a los pasacalles.

Asimilar, de este modo, la falta de ideas a mi propia suspensión deliberada de ideas, es, a mi entender, en el barullo cotidiano y en la exigencia de “hechos” que el sistema del arte impone, un acto de libertad que me garantiza estar dentro de, y al mismo tiempo, satisfactoriamente fuera de él.

Em “Eupalinos o el Arquitecto”, de Paul Valéry, Fedro narra una conversación que tuvo con Eupalinos en el que este le habría hablado sobre su necesidad de “asegurar las ideas propias” para que no fluyesen demasiado rápido, para que ello no matase su arte de constructor, para que fuese libre. Fedro encontró eso extraño: “No te entiendo. ¿Esforzarte entonces en retrasar las Ideas?”. Y Eupalinos respondió: “Es necesario. Impidiendo que me satisfagan, pospongo la pura felicidad”.

Así, para que la realización de la idea, de la vida y del arte continúe, quizás sea preciso el acto, libre de la inmediatez paranoica de la felicidad, de aplazarla.

Marta Neves.