Las mujeres de mi vida: ciclo de setiembre en el MALBA

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Programación septiembre 2014

Las mujeres de mi vida

Programador invitado: Elvio E. Gandolfo

Durante septiembre y octubre

Cuando me propusieron programar un mes de cine en MALBA con un tema central, contesté de inmediato: “las mujeres de mi vida en el cine”. Lo limité en general a las actrices, aunque entró una directora (Doris Dorrie). Me tuve que atener a una lista de títulos disponibles y por eso no están ni Nicole Kidman, ni Claudia Cardinale, ni Ursula Andress, ni Olga Zubarry. Pero alcanza y basta. En general “la mujer de mi vida” como concepto tiene que ver con un “chip” (valga la metáfora tecnológica) que se enciende por motivos tan múltiples y demoledores o fugaces como las caras, estaturas, profesiones ficticias y momentos imaginarios de las que sí estaban y entraron. Alguna podría ser la mujer de su vida que uno quisiera tener al lado en el preciso momento en que los apaches cargan contra nuestra carreta de colono. Otra, la fiel amiga que supo ir más allá que cualquiera (en ese sentido jamás elegiría como mujer de mi vida a Grace Kelly –meramente una princesa- en vez de Thelma Ritter, en La ventana indiscreta).

En muchos casos, en cambio, es el misterio: algo se mueve, y esa cara, esa voz (¡Graciela Borges!), esa certeza (¡Jamie Lee Curtis!), ese carisma en pequeño (¡Geneviève Bujold!), esa forma única de caminar, respirar o hablar (¡Jeanne Moreau!) se graban y no se borran más de la memoria. Además están Nastassia Kinski, María Vaner, Toni Collette, Victoria Abril, Gloria Grahame, Isabella Rossellini, Jacqueline Bisset, Simone Simon, Jean Peters, Janet Leigh, Sissy Spacek, Samantha Morton, Gena Rowlands, Valerie Kaprisky, Maruschka Detmers, Romy Schneider, Fanny Ardant, Julie Christie, Jitsuko Yoshimura y Kioko Kishida. ¿Pueden decirme qué más quieren de la vida? Texto de Elvio E. Gandolfo

Películas

Los sobornados (The Big Heat, EUA-1953) de Fritz Lang, c/ Glenn Ford, Gloria Grahame, Lee Marvin, Jocelyn Brando, Alexander Scourby, Carolyn Jones. 90’.

Una de las obras más importantes del director, Los sobornados comienza con la investigación de un policía sobre el suicidio de un compañero, pero se transforma en una historia de venganza. En el libro Fritz Lang, publicado en 1976, Lotte Eisner escribe: “El ritmo de Los sobornados es la acción incesante, estimulada por el odio, el asesinato y la venganza. Acá Lang tuvo un guión excelente, del periodista policial Sidney Boehm, y uno que pudo considerar de tema serio: una acusación real contra el crimen y el criminal. El guión también le debe haber atraído por su tratamiento de la extendida corrupción en la sociedad a ambos lados de la ley […]. Los personajes de la película no son simplemente gángsters y policías sino gente real, y eso le da a la película una densidad extraordinaria. […] Lang muestra los resultados de la violencia antes que la violencia misma, y de esa forma activa un elemento dramático absolutamente legítimo […] Los héroes de Lang se mueven hacia una madurez y sabiduría que ya no contiene amargura o desprecio por el prójimo”.

Testigo fatal (Blue Steel, EUA-1990) de Kathryn Bigelow, c/Jamie Lee Curtis, Ron Silver, Clancy Brown, Elizabeth Peña. 102’.

Segunda colaboración entre Bigelow y el guionista (y ocasional director) Eric Red. La primera dio como resultado Near Dark (1987), un western protagonizado por vampiros, muestra acabada del talento de Bigelow como directora. Esta vez el género es el policial y su protagonista –extrañamente, dentro de la obra de Bigelow, siempre interesada en universos masculinos- es una mujer. J. L. Curtis es una policía recién recibida, acosada por un asesino obsesionado con ella. El talento visual de Bigelow transforma esta repetida historia en un gran thriller. “Poeta significa revólver”, se escucha decir en una película clásica del cine moderno. Explicar por qué Bigelow es poeta excede el espacio de esta reseña, y para eso están sus películas.

El rata (Pickup on South Street, EUA-1953) de Sam Fuller, c/Richard Widmark, Jean Peters, Thelma Ritter, Murvyn Vye, Richard Kiley. 80’.

Al final de su jornada laboral, un carterista descubre que ha robado sin querer un microfilm misterioso, que resulta estar vinculado con siniestros espías comunistas. Fue, con mucha ventaja, el mejor film del ciclo anticomunista que produjo Hollywood gracias a la dirección de Fuller, a los extremos de violencia física y emotiva típicos de su estilo, y a un trío de intérpretes (Widmark-Peters-Ritter) en perfecta sintonía con el tono general del relato.

Bullitt (EUA, 1968) de Peter Yates, c/Steve McQueen, Robert Vaughn, Jacqueline Bisset, Don Gordon, Robert Duvall, Simon Oakland. 114’.

McQueen recibe la misión de custodiar a un testigo, pero algo le huele mal y tiene razón: en poco tiempo estalla a su alrededor una compleja trama de corrupción que le exige proceder con una autonomía que no tiene. Casi toda la trama está narrada por Yates en términos puramente visuales, apoyados por la legendaria mirada de su protagonista y por una banda sonora (Lalo Schifrin) de vibrante modernidad. La persecución central en automóvil se hizo célebre por su precisión y porque McQueen insistió en hacerla sin dobles.

Psicosis (Psycho, EUA-1960) de Alfred Hitchcock, c/Anthony Perkins, Vera Miles, John Gavin, Janet Leigh, Martin Balsam. 109’.

No es para verla en la cama, ni cenando, ni con la familia dando vueltas. Psicosis hay que ir a verla al cine. Por eso, sea formal. Invite con  anticipación y vaya bien vestido. Procure llegar temprano, la primera escena es de una sensualidad impensable para esa época y envidia para la nuestra. A los diez minutos la historia se dispara y a los cuarenta pasa algo que no tendría que haber pasado. Esa es la valentía del director. Viendo la película entiende por qué, aunque hasta ese momento no haya visto ninguna de sus obras, usted sabe perfectamente bien quién es Hitchcock. Con Psicosis se estableció la matriz con la que luego se moldeó infinidad de argumentos. Ninguna como ella logró que lo que pareciera importante en realidad no signifique nada. También lo contrario. 109 minutos de un director implacable con su única presa: el espectador. Texto de Ricardo Coler.

Alicia en las ciudades (Alice in the Städten, Alemania Occidental-1974), de Wim Wenders. c/110’.

De Estados Unidos a Alemania, el vagabundeo de un hombre desconcertado y una muchachita de nueve años, Alicia, que ayudará a ese compañero de viaje provisorio a reencontrar su camino… Según Wenders, “Los niños representan una suerte de visión ideal, y eso tiene mucho que ver con el cine, porque las películas buscan esa misma actitud.”

Venecia rojo shocking (Don’t Look Now, Gran Bretaña, 1973) de Nicolas Roeg, c/Julie Christie, Donald Sutherland, Hilary Mason. 110’.

La pérdida de una hija funciona como disparador emocional en este film. Más que una película de horror, es un laberinto en el que nada resulta ser lo que parece, excepto la idea de la pérdida, en su sentido más profundo y desolador. A treinta años de su estreno, Venecia rojo shocking (imaginativa traslación local del original Ahora no mires), sigue siendo una experiencia tan perturbadora como entonces.

París, Texas (Alemania / Francia-1984) de Wim Wenders, c/ Harry Dean Stanton, Nastassja Kinski, Dean Stockwell, Aurore Clement, Bernhard Wicki. 147’.

Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1984, esta road movie cuenta la historia de un hombre que aparece en el desierto de Texas sin recordar quién es luego de haber estado desaparecido durante cuatro años, y retoma el contacto con su pasado. A principios de los años setenta, Lotte Eisner se convirtió en una gran defensora y a la vez en un símbolo del renacimiento del cine alemán; el puente entre la generación de Wim Wenders, Werner Herzog, Werner Schroeter y Rainer Werner Fassbinder y la de los grandes directores alemanes de los años veinte. Al igual que los cineastas de la Nouvelle Vague, también Wenders asegura haber aprendido cine en las sesiones de la Cinemateca Francesa. En 1977, le dedicó a Eisner la película El amigo americano, y en 1984, luego de su muerte en noviembre de 1983, le dedicó también París, Texas.

La marca de la pantera (Cat People, EUA.-1942) de Jacques Tourneur, c/Simone Simon, Kent Smith, Jane Randolph, Tom Conway, Jack Holt. 73’.

El film fue un éxito sorpresivo por tratarse de un producto de clase B del que nadie esperaba nada. Gracias esa repercusión su productor Val Lewton obtuvo un margen de libertad creativa para realizar otros varios films que nominalmente se inscribieron en el género “de terror” aunque en realidad todos ellos son más bien, como su modelo, piezas de cámara elaboradas con una rara solvencia literaria y la capacidad de lograr inquietud basándose exclusivamente en la sugestión. Hubo incluso una supuesta secuela (La maldición de la pantera) que, aunque retoma personajes del original es en realidad otra cosa. También fue otra cosa la nueva versión que dirigió Paul Schrader en 1982.

Onibaba, el mito del sexo (Onibaba, Japón-1964) de Kaneto Shindo, c/Nobuko Otowa, Jitsuko Yoshimura, Kei Sato, Jukichi Uno, Taiji Tonoyama. 103’.

Un clima general de ferocidad surge de esta tragedia japonesa, ubicada durante las muchas y misteriosas guerras medievales que tanto han alimentado el cine de ese país. Dos mujeres (suegra y nuera) viven solitarias entre cañaverales dedicadas al crimen y al pillaje contra los soldados heridos que la guerra les acerca. Entre ambas se instala un vecino, tan inescrupuloso como ellas, que pronto se convierte en amante de la mujer joven. Desde allí, la mujer mayor emprende una campaña de celos, despecho, terror y muerte, procurando impedir los encuentros de esa pareja. Bajo la ferocidad exterior se impone una sensación de magia primitiva, una reducción de la vida humana a términos elementales de alimentación, sexo y  supervivencia del más apto, con el agregado de terrores igualmente primitivos sobre el pecado, el castigo, la divinidad y lo diabólico. La realización de Kaneto Shindo se permite todas las sutilezas formales del mejor cine japonés: una interpretación exasperada y vigorosa, un abundante virtuosismo en cámara y montaje, el sabio uso de la lluvia, las plantas, las sombras y, sobre todo, de un pozo enorme que alberga los sucesivos cadáveres y que es, desde la invocación inicial, un símbolo de las oscuras profundidades del tema.

Terciopelo azul (Blue Velvet, EUA-1986) de David Lynch, c/Isabella Rossellini, Kyle MacLachlan, Dennis Hopper, Laura Dern, Hope Lange, Dean Stockwell. 120′.

Lynch definió Terciopelo azul como un “sueño de extraños deseos atrapado dentro de una historia de suspenso”. En el pasaje del freak físico al mental, Lynch inicia una nueva etapa en su obra con este relato instalado en el suburbio ensoñador donde se dispara una pesadilla macabra; etapa que será el campo de acción por excelencia de su marca autoral. Terciopelo azul es la exposición en bruto de una nueva forma de hacer cine, con mayor libertad creativa y una opulencia visual que rescata la experiencia de Lynch con la pintura, con citas a Salvador Dalí, Francis Bacon y al arte pop. En paralelo, Lynch explora múltiples relaciones con la música, tanto en su primera colaboración con Angelo Badalamenti como a partir de las cincuentosas “In Dreams” de Orbison, con insólito lipsync de Stockwell, y “Blue Velvet”, en versión de Vinton y en cover de  Rossellini/Badalamenti. Esas canciones acompasan del más banal sentimentalismo a la máxima crueldad, y encarnan el glam corrosivo de la película, donde en la apariencia encantadora se juega un vértigo riesgoso. Texto de Diego Trerotola.

Dulce y melancólico (Sweet and Lowdown, EUA-1999) de Woody Allen, c/ Sean Penn, Samantha Morton, Uma Thurman, Anthony LaPaglia, Woody Allen, Gretchen Mol. 95′.

El film narra la historia de Emmet Ray, un virtuoso guitarrista egoísta, borracho y algo malvado. Ray vive bajo la sombra de su único ídolo (el guitarrista Django Reinhardt)y parece conocer solamente dos clases de amor: el que profesa por su guitarra y el amor por sí mismo. Al mismo tiempo, la película también cuenta la historia de Hattie, una tímida y dulce lavandera de New Jersey que tiene dos características de las cuales Rey se aprovechará muchas veces: Hattie es muda, y está perdidamente enamorada de él y de su música.

Moderato Cantabile (Francia-1960) de Peter Brook, c/Jeanne Moreau, Jean-Paul Belmondo, Pascale de Boysson, Jean Deschamps. 95’.

Como ha escrito Tomás Eloy Martínez, este es “un verdadero film de escritor (si es que los hay), en el que se dan a fondo todos los datos que definen el universo de Duras: el artificio poético y a la vez la trivialidad del diálogo, la actitud de espera y falta de entrega mutua en los personajes, la omisión más que la presencia del sentimiento, la indeterminación de espacio y de tiempo, la ausencia de lo que se entiende por acción psicológica. (…) Lo que Brook domina por sobre todo es la dirección de actores: deja que Moreau lance su avasalladora sugestión, la nostalgia de su rostro hermosísimo; maneja como se debe el intelectualismo interpretativo de Belmondo, extrae el jugo a la ternura de Didier Haudepin. Es hábil también para elegir equipo técnico y un ejemplo es la presencia del iluminador Thirard, cuyos grises pesados, otoñales, son de una poesía que a veces encandila al propio Brook. Es el mismo tipo de luz que todo lector de Moderato… ha conferido a la historia mientras la imaginaba”.

La mosca (The Fly, EUA-1986) de David Cronenberg, c/Jeff Goldblum, Geena Davis, John Getz, Joy Boushel. 100’.

Esta es la historia más triste jamás contada. Con esta frase comienza el libro El buen soldado de Ford Madox Ford. Y también así podría comenzar esta película. La relectura que hace Cronenberg del clásico La mosca de la cabeza blanca, es el punto intermedio entre sus primeras y salvajes películas y su obra posterior. Un film en donde los cambios no son sólo los del protagonista, sino también los del propio Cronenberg, quien a partir de esta película abandona el terror para transformarse él mismo en un género cinematográfico. La película cuenta la historia de amor entre un científico y una periodista, y de un experimento que no sale del todo bien. Pero sobre todo, nos muestra el horror que implica transformarnos en lo que no queremos ser y, peor aún, hacerlo delante de la persona que amamos.

Una Eva y dos Adanes (Some Like It Hot, EUA-1959) de Billy Wilder, c/ Marilyn Monroe, Tony Curtis, Jack Lemmon, George Raft, Pat O’Brien, Joe E. Brown. 120’.

Una de las ventajas de ubicar una comedia de enredos en la costa de Florida es que se puede tener a Tony Curtis vestido no sólo de mujer (junto a su compañero/a Jack Lemmon, en los zapatos -con taco- de dos chicos que se unen a una orquesta de señoritas) sino también de millonario capitán de un bote y dueño de Shell Oil (por un juego de palabras, de los tantos que llenan esta fiesta del doble sentido, que surge como una chispa cuando el personaje encuentra un balde con caracoles en la arena). Eso y a Marilyn en malla, bañándose en el mar con las amigas o jugando a la pelota, veraniega, vestida con transparencias además de tocando el ukelele, enamoradiza, melancólica, suavizada por el blanco y negro, ingenua como  siempre, ilusionada con una ilusión tan profunda como los escotes que luce en la espalda.

La ciénaga (Argentina, 2000) de Lucrecia Martel, c/Graciela Borges, Mercedes Morán, Martín Adjemián, Leonora Balcarce, Silvia Baylé, Sofía Bertolotto. 93’.

Los cuerpos son los protagonistas de La ciénaga pero esos cuerpos muchas veces se mojan; el agua es como una presencia a la vez ominosa y totalmente palpable, real, perceptible en su materialidad, que nunca lava ni refresca. Los personajes se bañan para limpiarse, como lo hace Verónica (Leonora Balcarce), pero el hermano mete el pie en la ducha que se llena de barro y la elocuencia de esa imagen golpea la vista. Mecha (Graciela Borges) está todo el tiempo buscando hielo pero para refrescarse pero ese hielo viene con alcohol y nunca parece suficiente, la pileta no se puede usar, está sucia, estancada porque nada funciona en esa casa. Lucrecia Martel se abrió un lugar en el cine argentino con esta película húmeda y agobiante en la que lo que pasa es ante todo y literalmente una cuestión climática.

Trenes rigurosamente vigilados (Ostre sledované vlaky, 1966) de Jirí Menzel, c/Václav Neckár, Josef Somr, Vlastimil Brodsky, Vladimir Valenta. 93’.

Prisioneros de una noche (Argentina, 1960) de David José Kohon, c/María Vaner, Alfredo Alcón, Osvaldo Terranova, Elena Tritek. 84’.

En el transcurso de un día y una noche, Martín y Elsa se conocen e inician una relación que se ve inmediatamente amenazada, en parte por temores de ella y en parte por un hombre que la codicia. Kohon inserta a sus protagonistas en una Buenos Aires reconocible pero desmitificada gracias al expresivo uso de locaciones deslucidas, como el Mercado de Abasto, el Parque Japonés de Retiro, una academia de baile y diversos bares y restaurantes populares. Como otras veces en la obra del realizador, el amor nace y crece en forma de alegre juego que, poco a poco, las circunstancias van transformando en tragedia. Aunque se estrenó después de su film Tres veces Ana, éste fue el primer largometraje de Kohon.

Átame (España-1990), de Pedro Almodóvar, c/Victoria Abril, Antonio Banderas, Francisco Rabal, Loles Leon, Julieta Serrano, María Barranco. 101′.

En su libro Deseo ilimitado, Paul Julian Smith se refiere a esta película como uno de los puntos más altos en la filmografía del director español, “un cine de saturación, en el que los colores vividos y el vestuario compiten por la atención con narrativas y diálogos audaces, en los cuales es vital examinar el contexto de las imágenes y los puntos de giro narrativos y no congelarlos, reprobándolos de manera aislada. Las discontinuidades de la técnica de Almodóvar no deben ser desdeñadas como un resultado del azar o la incompetencia: en realidad ellas forman parte de una crítica a la representación que también esta manifestado como un amor a las ironías reflexivas reminiscentes a Douglas Sirk (un frecuente punto de referencia) o, inclusive, a Jean-Luc Godard.”

Hombres (Männer, Alemania-1985) de Doris Dörrie, c/Heiner Lauterbach, Uwe Ochsenknecht, Ulrike Kriener, Janna Marangosoff, Angelika Dietmar Bär, Edith Volkmann, Monika Schwarz, Sabine Wegner. 95′.

El casamiento de Muriel (Muriel’s Wedding, Australia/Francia-1994) de P.J. Hogan, c/ Toni Collette, Bill Hunter, Rachel Griffiths, Sophie Lee. 106 ?.

En buena medida, la música del grupo sueco Abba fue rescatada de las tinieblas del pasado por este film australiano, cuya protagonista sueña con un universo fantástico que luego procura volver real.

Confidencialmente tuya (Vivement Dimanche!, Francia-1983) de François Truffaut, c/Fanny Ardant, Jean-Louis Trintignant, Caroline Sihol, Philippe Laudenbach. 111’.

“La última de sus películas será Confidencialmente tuya, la que, no importa de qué reseña se trate, suele ser señalada como un homenaje a Alfred Hitchcock. (…) La película está muy bien lograda y seguir a Fanny Ardant en su pesquisa para descubrir al verdadero asesino es a la vez divertido y placentero. La película tiene un tono humorístico cuyo momento más alto es aquel en el que el asesino se ve descubierto y, teniendo ya un cigarrillo en la boca, enciende otro y se dispone a fumarlo. Lo mejor de Confidencialmente tuya es ese tono divertido que usa Truffaut para tratar un argumento tan oscuro y ese de sabor de irrealidad con que nos deja, que se parece a la sensación que sentimos cuando nos despertamos de una pesadilla”. Texto de Sebastián Peroni.

Ordet (Dinamarca-1954) de Carl T. Dreyer, c/ Henrik Malberg, Emil Hass Christensen, Preben Lerdorff, Birgitte Federspiel, Cay Kristiansen. 124’

Ordet es una adaptación de una obra de teatro de Kaj Munk. En la introducción a la entrevista que le hizo al director en Cahiers du Cinéma “Rencontre avec Carl Dreyer”) Lotte Eisner señala: “Dreyer me cuenta la emoción que sintió ante ese drama de la fe: […] Munk nos muestra a un viejo granjero rico que durante su larga vida, ha dado pruebas de una creencia cristiana que evoluciona hasta el gozo, doctrina radiante que opone al fanatismo religioso de un sastre que ha reunido a su alrededor a celadores tan tenebrosos como él. Sin embargo, el viejo granjero […] se convierte en una especie de Job: uno de sus hijos, “el que no creía”, pierda a Inge, su mujer, durante el parto; el que cree de un modo demasiado febril se vuelve loco, se cree Jesucristo y el tercero, un joven aún maleable, se siente atraído por la hija del sastre fanático. Drama de la fe o de la creencia intensa que no escatima su suerte victoriosa: el loco Johannes, que ha recuperado el juicio, les reprocha su falta de fe a los afligidos ante el ataúd de Inge, y pronuncia la palabra de Cristo: ‘Mujer, resucita’. Inge abre los ojos y se levanta del ataúd […] Dreyer deja la opción de la explicación al espíritu más o menos recalcitrante de cada espectador, y salva así la escena del tópico y del conformismo”.

Una mujer bajo influencia (A Woman Under the Influence, EUA, 1974) de John Cassavetes, c/Peter Falk, Gena Rowlands, Fred Draper, Lady Rowlands, Matthew Cassel. 112′.

El deterioro mental de un ama de casa se expone de manera implacable en esta obra mayor de Cassavetes, iluminada por el trabajo de sus protagonistas. Como sugiere el crítico Roger Ebert, el film maneja la complejidad necesaria para indicar que la mujer no es la única loca de la casa y que la diferencia entre ella y su marido es que la alineación masculina suele exteriorizarse de maneras socialmente admitidas. Se exhibe la versión de estreno internacional, algo más corta que la original norteamericana.

 

GRILLA DE PROGRAMACIÓN
JUEVES 4
19:00 Los caminos del sur, de Joseph Losey
21:00 Los sobornados, de Fritz Lang
23:00 Testigo fatal, de Kathryn Bigelow
VIERNES 5
18:00 El rata, de Sam Fuller
20:00 La ballena va llena, de J. C. Capurro, J. C. Cedrón, M. Céspedes, O. Santoro
22:00 Bullitt, de Peter Yates
24:00 Psicosis, de Alfred Hitchcock
SÁBADO 6
18:00 Seré millones, de F. Krichmar, O. Neri, M. Simoncini
20:00 Mauro, de Hernán Rosselli
22:00 Alicia en las ciudades, de Wim Wenders
24:00 Venecia rojo shocking, de Nicolas Roeg
DOMINGO 7
18:00 Mauro, de Hernán Rosselli
20:00 París-Texas, de Wim Wenders
22:30 La marca de la pantera, de Jacques Tourneur
JUEVES 11
19:00 El niño del pelo verde, de Joseph Losey
21:00 Onibaba, de Kaneto Shindo
23:00 Terciopelo azul, de David Lynch
VIERNES 12
18:00 Dulce y melancólico, de Woody Allen
20:00 La ballena va llena, de J. C. Capurro, J. C. Cedrón, M. Céspedes, O. Santoro
22:00 Moderato cantabile, de Peter Brook
24:00 La mosca, de David Cronenberg
SÁBADO 13
18:00 Seré millones, de F. Krichmar, O. Neri, M. Simoncini
20:00 Mauro, de Hernán Rosselli
22:00 Una Eva y dos Adanes, de Billy Wilder
24:00 Terciopelo azul, de David Lynch
DOMINGO 14
18:00 Mauro, de Hernán Rosselli
20:00 La ciénaga, de Lucrecia Martel
22:00 Trenes rigurosamente vigilados, de Jirí Menzel
JUEVES 15
19:00 El asesinato de Trotsky, de Joseph Losey
21:00 Tres veces Ana, de David José Kohon
23:15 Átame, de Pedro Almodóvar
VIERNES 19
18:00 Hombres, de Doris Dörrie20:00 La ballena va llena, de J. C. Capurro, J. C. Cedrón, M. Céspedes, O. Santoro
22:00 El casamiento de Muriel, de P. J. Hogan
24:00 Terciopelo azul, de David Lynch
SÁBADO 20
18:00 Seré millones, de F. Krichmar, O. Neri, M. Simoncini
20:00 Mauro, de Hernán Rosselli
22:00 Confidencialmente tuya, de François Truffaut
24:00 Psicosis, de Alfred Hitchcock
DOMINGO 21
18:00 Mauro, de Hernán Rosselli
20:00 Ordet, de Carl T. Dreyer
22:15 Una mujer bajo influencia, de John Cassavetes
VIERNES 26
20:00 La ballena va llena, de J. C. Capurro, J. C. Cedrón, M. Céspedes, O. Santoro
22:00 París-Texas, de Wim Wenders
SÁBADO 27
20:00 Mauro, de Hernán Rosselli
22:00 Bullitt, de Peter Yates
24:00 La Marca de la pantera, de Jacques Tourneur
Entradas
General: $40. Estudiantes y jubilados: $20.
Abono: $180. Estudiantes y jubilados: $90.

 

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