El beneficio de la duda: ironía y humor negro

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Una mesa, dos sillas, dos personajes alcanzan para que El beneficio de la duda de José Montero atrape al espectador desde el comienzo. La obra gira alrededor de una pregunta que dispara situaciones cómicas, pero siempre cargadas de ironía y de humor negro: ¿importa la verdad o solo importa armar una historia creíble a los ojos de los demás?

Después de haber asesinado a su mujer, Hugo recurre a su amigo Juan, un abogado inescrupuloso que le promete salvarlo sin importar la gravedad de lo que hizo. Hay una verdad conocida y aceptada, pero no es eso lo que interesa porque todo es relativo y se puede acomodar según las necesidades de cada uno. Tomando este concepto de verdad, El beneficio de la duda no solo lo trabaja en el nivel temático, sino también en cuanto a la construcción de la propia obra: cuando nosotros espectadores entramos en la sala, vemos a dos actores en su preparación previa que, además, están siendo filmados dando a entender que son parte de una película que se está rodando. Esto se acentúa en los cortes que presenta la historia, donde los protagonistas se relajan, vuelven a concentrarse y retoman la actuación. Hay una representación dentro de la representación que, entonces, está poniendo en evidencia el problema de los límites entre ficción y realidad, que no es más que un debate sobre los conceptos de verdad y falsedad. Juan José Saer lo explica en “El concepto de ficción”: En las grandes ficciones de nuestro tiempo, y quizás de todos los tiempos, está presente ese entrecruzamiento crítico entre verdad y falsedad, esa tensión íntima y decisiva, no exenta de comicidad ni de gravedad, como el orden central de todas ellas, a veces en tanto que tema explícito y a veces como fundamento implícito de su estructura.

Hay, además, otros temas que se van entrelazando: la corrupción política y de la justicia, la violencia de género, el machismo y la manipulación mediática. Hugo es un personaje público bastante cuestionable, pero que, sin embargo, puede inclinar los medios a su favor y, gracias a estos, lograr la absolución de la sociedad, tan necesaria como la de la justicia. En este sentido, está muy bien lograda la escena en la que Juan le explica cómo tiene que enfrentar una cámara para que el que está del otro lado crea todo lo que él dice: solo alcanza aprender algunos trucos relacionados con posturas, miradas o tonos de voz, y cualquier cosa puede ser tomada como verdad.

Se lucen en escena Santiago Caamaño y Aníbal Grillo que demuestran que trabajaron sus personajes como un todo: el cuerpo acompaña y termina de definir cada una de las dos personalidades. Más allá de las excelentes actuaciones, El beneficio de la duda se apoya también en una puesta en escena lograda y con un muy buen ritmo, que invita al disfrute del espectador.

Ficha técnica

Autor: José Montero
Elenco: Santiago Caamaño (nominado al premio ACE revelación por su trabajo en El cuidador) y Aníbal Grillo
Asistente de cámara: Horacio López
Diseño gráfico: Lelo Carrique
Espacio escénico y vestuario: Leonardo Gavriloff
Musicalización y banda sonora: Horacio López y Leonardo Gavriloff
Asistente de escena: Francisco Grillo
Asistencia de dirección: Horacio López
Puesta en escena y dirección: Leonardo Gavriloff

Funciones: domingos a las 21.30 en El Tinglado, Mario Bravo 948. Reservas al 4-863 1188; valor de la entrada es de $100.

Sobre el autor: José Montero nació en Buenos Aires en 1968. Es periodista, escritor y guionista. En teatro es autor de Confesiones del pene, Gran Buenos Aires, 40 fósforos de madera, Hoy te quiero, mañana vemos, El libro de la esposa, Todo sobre la cama y La napa, entre otras. Con La perrera del oso obtuvo, en 2010, una mención en el Concurso Nacional de Obras de Teatro del Bicentenario, certamen en el que fueron jurados Griselda Gambaro, Ricardo Monti y Mauricio Kartun

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