Entrevista a Ana Lira: Voto! en la 31 Bienal de San Pablo

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A punto de presentar su proyecto “O Voto!” en la 31 Bienal de San Pablo que inaugura el próximo 6 de septiembre para el gran público, la fotógrafa Ana Lira ((1977 Caruaru, vive en Recife), sostiene con su particular mirada sobre la relación arte y política, aportando sin dudas a la convocatoria de este encuentro que lleva como lema: ¿Cómo hablar de cosas que no existen?

Mientras estamos preparándonos para viajar a recorrer esta Bienal y registrar nuestras notas e impresiones del viaje, como solemos hacer y publicar en exclusiva para leedor.com, mantuvimos este intercambio de preguntas y respuestas sumamente estimulantes con Ana.

Agradezco especialmente a Vanda Hercert, que ofició de traductora.

KC: En la próxima bienal vas a presentar tu proyecto “Voto!”… ¿cuántas piezas conforman este trabajo, son todas de la misma ciudad y del mismo año? ¿Son de una zona específica?

AL: Voto es un proyecto que aún está en construcción y que pretendo seguir desarrollando por, al menos,  dos elecciones másen Brasil. Inicié este trabajo en 2012 para colaborar con la película colectiva Eleições: crise de representação, que aún está siendo editada en Recife, donde vivo.

Las fotos iniciales fueron realizadas en distintos barrios de Recife por cerca de dos meses. Sin embargo, al ver con más calma al material producido, percibí que estaba con una investigación muy rica en mis manos y decidí seguir investigando las intervenciones. Entonces, siempre que viajo, ando por las ciudades en búsqueda de afiches y pegatinas de propaganda política en los muros.

Entonces, cuando encuentro algo interesante, fotografío. Lo que pasa es que no es cualquier intervención la que me interesa: suelo pasar un buen rato observando las imágenes y fotografío intervenciones hechas por personas (rasgaduras, escritos, pinturas, collages, etc.) y por la acción del tiempo que proporcionen reflexiones sobre las relaciones políticas y sus desdoblamientos en los contextos electorales.

Así, las imágenes que serán presentadas en la Bienal fueron hechas en estos últimos dos años (2012-2014) en distintos barrios y ciudades de Pernambuco. Mi idea era fotografiar afiches y pegatinas en centros urbanos de otras regiones de Brasil, ya que muchas grandes ciudades han pasado por cambios en el campo de la circulación de la propaganda política.

En São Paulo, por ejemplo, con la Ley de la Ciudad Limpia, está prohibido pegar afiches en los muros. Entonces, tenemos otro modelo de actuación: los candidatos producen caballetes para distribuir en las veredas o pagan a hombres y mujeres para pasar el día portando caballetes por las calles. En ese momento de la investigación, estoy viendo de trabajar con estos nuevos formatos de circulación y con las posibilidades de intervención que existen en los mismos, una vez que, al contrario de los afiches y pegatinas, que pasan meses o años en los muros, los caballetes son destruidos o reciclados al término de las campañas.

Pero, volviendo a la pregunta inicial: para la Bienal vamos tener 16 imágenes, impresas en acrílico transparente y divididas en cuatro grandes paneles que construyen un juego de visualidad que va del imagen hasta la no imagen. Las imágenes elegidas traen una síntesis del espectro de la investigación que estoy realizando y debaten diversas cuestiones que permearon mi estudio hasta el momento.

KC: ¿Qué sucede hoy con la fotografía como modo de captar la realidad? ¿Te preocupan las palabras realidad / fotodocumento / realismo?

AL: Voy a empezar esta respuesta haciendo una pregunta: ¿será que este modo de “captar la realidad” es realmente una característica única de la actualidad? Me gustan mucho las historias de la fotografía y confieso que no logro pensar en una trayectoria única o lineal. Por eso me instiga conocer cómo las culturas de las distintas regiones del mundo se expresan visualmente por medio de la fotografía.

Lo que he percibido al ver compilaciones de fotografía turca, del medio-oriente y latinoamericana es que diferentes formas de se relacionar con la realidad por medio de la imagen siempre existieron. Siempre tuvimos personas que construyeron mejor sus narrativas, enredos o sensaciones por medio de la fotografía directa, otros por medio de intervenciones sobre las imágenes, etc.

Así, tal en otros lenguajes como la música o la literatura, coexisten géneros distintos, mezclas e intercambios con otras áreas, la fotografía sigue el mismo rumbo. También es permeada por diferentes experiencias de ver en cada período.

Lo que cambia es cómo nos relacionamos con los parámetros que interfieren en nuestra manera de fluir y materializar visualmente lo que vivenciamos. Entre esos parámetros están la cultura, la política, las relaciones sociales, el tiempo, el espacio, los elementos técnicos y como lidiamos con lo intangible (las sensaciones, las percepciones, etc.). Entonces, creo que la cuestión sería: ¿qué ocurre, hoy, a nosotros, para que estemos “captando la realidad” de esta manera?

¿Qué cuestiones nos mueven? ¿Qué características de las diversas trayectorias de la fotografía se conectan con nuestros deseos actualmente? ¿Cómo los mismos dialogan con nuestras cuestiones y qué podemos proponer para el futuro? ¿Por qué estamos validando más a algunas expresiones visuales que a otras? Menciono esto porque no podemos desconsiderar que nuestro cotidiano está permeado por relaciones de poder y las elecciones de las expresiones aceptadas socialmente ocurren a través de varios procesos de validación.

Podemos, incluso, preguntarnos: ¿qué quiere decir esto políticamente?

Es una buena reflexión y he pensado sobre eso a menudo desde que empezaron a preguntarme si, con este proyecto (Voto!), había abandonado la “fotografía documental” y empezado a hacer “fotografía contemporánea”.

Estas cuestiones surgieron porque este es el primer trabajo que hago en la calle sin que la misma sea parte de la imagen, pero confieso que siempre me causa extrañeza estos cuestionamientos porque no logro percibir oposición entre las dos cosas. No coloco realidad, documento y realismo de un lado y arte y contemporaneidad del otro.

¿Ya viste a alguien considerar un escritor “no contemporáneo” porque sea cronista y no poeta?¿ Es el género (documental, periodístico, documental, etc.) que determina si es contemporáneo? No sé si creo en esto. Si tomamos en cuenta  que ningún campo de creación es estacionario, permitiendo que trabajemos de la manera que nos sea más interesante, no hay porque crear resistencia a palabras como documento, realidad o realismo.

Creo que tenemos que preocuparnos por si las propuestas que vemos son coherentes. Tengo una amiga, Camila Targino, que investiga tecnologías fotosensibles del siglo 19 y su trabajo tiene una coherencia y actualidad impresionantes; de la misma forma que trabajos como el de Mídia Ninja (Brasil) no tendrían el mismo impacto si descartasen parámetros importantes del fotoperiodismo.

Entonces, no creo que sea una cuestión de estar más o menos conectado con la realidad, hacer o no documento o producir una fotografía más o menos realista, pero si las elecciones que hacemos para materializar visualmente nuestros debates sean coherentes y que agreguen elementos a la discusión. Si queremos aprovechar mejor lo que la fotografía ofrece, hoy, necesitamos, tal vez, nos preocupar menos con géneros y mirar con más cariño a los trabajos y a las redes de creación que los generaron.

KC: ¿Cuál te parece que es la relación del arte con la política, en la medida en la que los artistas hoy son más creíbles que los políticos en nuestras sociedades?

AL: Esta es una cuestión bien delicada y muy buena para pensar. Creo que todos nos tornamos seres políticos y que la producción artística está directamente influenciada por nuestras elecciones. Para mí, existe una relación umbilical entre arte y política, mismo que la línea de la política con la cual me relacione sea distinta, por ejemplo, de la que defiende el alejamiento del arte de temáticas que pasan por conflictos sociales, activismo y afines.

Sin embargo, si tomamos en cuenta  un espectro de las innumerables oportunidades de lectura, vivencias y relaciones de poder que envuelven la conexión entre política y arte, el ser político que es el artista está ubicado en un lugar diferente y opera transformaciones sociales de distintas órdenes del ser político que se propone a ocupar cargos públicos y parlamentos.

Las expectativas individuales y colectivas que cercan estas dos personalidades no son las mismas, así como, tal vez, la manera como ellos mismos  se miran. Los deseos y la relación de confianza que se establecen, en cada caso, están conectados con la coherencia que se espera de estas figuras en la senda de sus discursos y acciones. En este caso, no creo que logremos comparar el político-artista con el político-gestor directamente, porque sus contextos de existencia y actuación son diferentes.

Lo que quizás podamos observar es cuales grupos han presentado trayectorias más sensatas, en termos de qué se espera de conexión entre reflexión y práctica política. Es posible que, en ciertos países como Brasil por ejemplo, los artistas estén gozando de una imagen pública mucho mejor que los políticos, pero todo esto es fruto de las dinámicas sociales de cada lugar.

Por ejemplo, aquí estamos viviendo un momento muy especial, en el que las inquietudes  finalmente dejaron el interior de las casas, las mesas de bar y las conversas entre colegas y asumieron un cuerpo colectivo. Se han materializado en protestas, en la creación de nuevos observatorios sociales, movimientos independientes, formatos de asociación y cuestionamiento de estructuras más tradicionales de elaboración y manutención de decisiones públicas.

Este escenario se ha reflejado en el campo del arte y surgieron movimientos, en los últimos años, para hacernos repensarlo todo. Pasan por el fortalecimiento de una colectividad artística, que no quiere más ser rehén de un sistema de intercambio de favores con los políticos-gestores; que no acepta más pedir “por favor” en las sedes de los gobiernos para tener sus trabajos financiados y distribuidos; y que ha cuestionado edictos y modelos de gestión que piensan el arte exclusivamente como mercadería.

Las asociaciones colectivas, los edictos independientes y los sistemas de financiación colaborativo (crowdfunding) están entre las acciones que conectan arte y política, pero se alejan de las prácticas de cambalache de los gabinetes. Por ejemplo, en una encuesta realizada en asociación por las plataformas Catarse y Chorus (http://pesquisa.catarse.me/#/01) con 3336 personas, en Brasil, cerca de 82% respondieron que no quieren gobiernos involucrados con financiaciones colaborativas de proyectos.

Es un miedo claro de perder la libertad de elección que estos espacios aportaron. He percibido un interés muy fuerte en fortalecer estos formatos de actuación y participación, paralelamente a un movimiento que cobra edictos gubernamentales más transparentes, una vez que el dinero de ellos es fruto de los impuestos pagados por la población. Obviamente, cualquier formato de actuación tiene aspectos positivos y negativos, pero las transformaciones llegan para que uno experimentar y ofrecer propuestas. En términos políticos, el campo del arte no puede sortear este debate.

KC: En este marco y dentro de este lugar del artista como generador, cronista o catalizador de transformaciones en una comunidad, ¿qué aporta la práctica de las bienales? ¿Qué significa para vos, concretamente, la frase “como falar de coisas que não existem” (Nota de la traductora: “¿cómo hablar de cosas que no existen?”).

AL: Bueno, creo que cualquier muestra es una propuesta de discusión. Si vamos a pensar en el artista como generador, cronista o catalizador de transformaciones en una comunidad, creo que una de las posibles colaboraciones de las bienales está en promover interacciones que indaguen y reflexionen sobre estas propuestas de diálogo y cambios.

Me parece hermoso cuando una muestra no se transforma en altar, cuando va más allá del culto a la obra o al artista y efectivamente promueve inquietudes. Me gusta mucho cuando veo una propuesta curatorial impactar la rutina de las personas, movilizar incertidumbres o generar desplazamientos en los flujos creativos de una región.

Por ejemplo, es siempre un desafío lograr pautar un debate en la prensa brasileña, a partir de propuestas artísticas, más allá de la divulgación de la apertura de una muestra o del lanzamiento de algún producto generado por la exhibición. Es como si, para determinados circuitos, el arte no pudiera ser activadora de discusiones fuera de sus espacios “inaugurales” – y no debería ser así.

Hay diversos ejemplos de trabajos lindos que pueden generar otros desdoblamientos en el cotidiano de las personas, pero que, por la manera como el arte es encarado, no salen de los circuitos donde han sido producidos. Pensar sobre cómo estrechar estos lazos, como hacer para que estos agentes catalizadores entren en contacto o como discutir los motivos, procesos y consecuencias de estas  distancias puede ser un modo formidable de actuar.

Así, creo que la pregunta “como falar de coisas que não existem?” puede haber surgido en un contexto similar de reflexión. Pasé un buen rato meditando cuando la leí por primera vez. Es una llave maestra. Abre muchas puertas, posibilidades de creación y pensamiento. Por otro lado, además, viene cargada de las dudas que permean cualquier proceso de investigación.

Me encanta cada vez que releo esta pregunta porque me lleva a lugares que me gustan mucho, donde se encuentran entrelíneas y percepciones. Aquél estado en que uno siente, pero no logra afirmar o precisar qué– y necesita de un cierto tiempo para ver como materializa las preguntas que quedan dando vueltas.

Creo que es una cuestión relevante porque, al menos para mí, evoca la necesidad de respetar el movimiento que hace cada uno para crear, independientemente de cuál sea. El tiempo es un privilegio en un medio que requiere que se responda a los más diversos estímulos con trabajos increíbles, cada vez más rápido. Mal se termina algo y las personas ya están preguntando: ¿cuál es tu próximo proyecto? ¿Qué estás discutiendo ahora? ¿Cuál es la nueva investigación?¡Calma!

Es necesario que se pueda sentir las transformaciones, ver como ellas nos afectan y decidir si queremos abordarlas en alguna obra. Pienso que, en vez de reaccionar a todo como se pudiéramos ofrecer respuestas todo el tiempo, es necesario experimentar más la sensación de ser extranjero en nuestros propios ambientes, preguntarnos más, observar mejor las lagunas, dejar la duda madurando en baño-maría dentro de uno por más tiempo. Me gusta eso.

El proyecto O Voto!, mismo, surgió en 2012 para una pregunta que me hicieron dos años antes. Me involucré en diversos otros proyectos, algunos de amigos y, otros, motivada por propuestas de trabajo, que fueron importantes para que viera las entrelíneas que me llevaron a percibir los afiches de propaganda política como material de investigación. Acredito mucho en esas preguntas activadoras y he pensado mucho en esta específicamente para otras cosas que he hecho actualmente.

Ilustra la nota: Ana Lira. Voto! 2012. Dimensiones variadas. ©Ana Lira