“Hay que sacarse el peso de la sociedad”: charla con la gente de Al natural

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Buenos Aires tiene una oferta teatral enorme y variada, tan variada que hasta uno puede encontrar, caminando por la calle México, la publicidad de una obra en la que los actores están una hora en escena completamente desnudos. Al natural, escrita por José Vicente Díaz Rojas, es una comedia de enredos dirigida por Omar Ottomani, en la que actúan Catalina Bedacarratz, Alexander Pifano, Antonela Lo Giudice, Marcos Guillermo Orange, Bruno Giacobbe, María Carolina Ospina y Miguel Haddad.

En la esquina de Independencia y Entre Ríos, me encuentro con parte del elenco y su director, y por supuesto, la conversación sí o sí va girar en torno a qué es esto de sacarse la ropa todas las noches. Sin embargo, pronto aparecen reflexiones interesantes y, sobre todo, se crea un clima que traduce la buena onda que hay entre todos. Café de por medio, empezamos hablando de cuánto creció la obra desde su estreno, porque todos coindicen en que está pasando por su mejor momento en cuánto a producto teatral.

Alexander: Todo tiene su proceso de maduración. La fruta a punto de Al natural está ahora. Se nota que nos fuimos sacando las inseguridades. Estamos seguros no solo de nosotros mismos, sino de la reacción del espectador.

Omar menciona la grabación de la primera función –que fue con público nudista? y señala que es notorio el crecimiento de cada uno, lo que se ve en la obra, en el ritmo, en la precisión de los gags.

¿Escucharon comentarios del público al final de la obra?

Miguel: A veces se oyen algunos comentarios del público. Algunos se quedan para charlar después con nosotros. Por el hecho de haber ido está bueno devolver ese gesto y tener un encuentro con ellos. El comentario en el que todos coinciden es que a los diez minutos de comenzada la obra, como espectador te olvidás de los desnudos. Además, la gente queda conforme con la historia que es divertida y tiene ritmo. La gente sale contenta.

Precisamente, ese ritmo hace que todo tenga que funcionar bien. No hay demasiado lugar para las improvisaciones, salvo –como cuenta Antonela? cuando alguien se olvida la letra o no responde a un pie como era lo esperado. Entonces, improvisan como les pasa a cualquier actor en escena. Sin embargo, “el humor no te permite el poder improvisar”, sentencia. Bruno asiente y agrega que se nota que llegaron a un ritmo más rápido.

¿Qué significó la primera función con público nudista?

Miguel: La primera vez que lo hicimos con el público nudista, logramos romper esa barrera a ver qué iba pasar con el desnudo. Eso ayudó. La segunda función con público textil también salió bien.

Alexander: Yo me sentí más cómodo con el público vestido. A partir de esta obra aprendí que, si mañana tengo que ir a una playa o a un campamento nudista, voy contento. Me prendo. Me sentí más cómodo con el público vestido porque era el que había ido a ver la obra y el que se iba a asombrar. En cambio con el otro me asombré yo porque nunca había visto eso. Me sentí más seguro con ese teatro clásico, el del público con ropa.

¿Siguen los nervios a pesar de esta consolidación de la que hablan?

Alexander: Hay un cosquilleo antes de la obra, pero no los nervios de la primera función. Como artista, si no sentís esa emoción, estás muerto.

Bruno: Los nervios son al comienzo, después te metés en el personaje.

¿Qué creen que busca la gente que va a ver Al natural?

Antonela: Creo que pasa por ver qué le sucede a cada uno cuando se enfrenta a la desnudez ajena. No sé si la gente lo tiene tan consiente, pero mucho de la obra es ver qué me pasa a mí viendo a otro desnudo.

Alexander: Creo que la mayoría va por el morbo del desnudo y después se da cuenta de que el desnudo es algo cien por ciento natural, sin ningún tipo de connotación sexual.

¿Entonces qué se llevan los espectadores después de la función?

Alexander: La sorpresa de ver que no hay nada sexualmente estimulante en escena. La gente entiende finalmente esto de desear sentir en concordancia con la naturaleza, como dice Renato, uno de los protagonistas. El público no recibe una orgía en el escenario.

Antonela: A la gente le llega el mensaje del final. Ahí les cae la ficha, se dan cuenta de la bajada ideológica de la comedia.

Alexander: En el final está el mensaje de la obra.

La charla sobre el mensaje nos lleva a la cuestión del libreto. Vicente Díaz Rojas es el autor, es venezolano, y esta obra ya se representó con éxito en su país, en Chile, en Colombia y en México. Inevitablemente, en escena es el director el encargado de adaptar el guion previo. En este caso, además, había modismos, expresiones dialectales, formas del decir que necesitaban cierta adecuación a un público porteño.

Alexander: La obra original está más pensada para mostrar que la vida naturista es lo mejor que hay. Omar puso más el acento en lo que tiene de comedia de enredos.

Antonela: Mi personaje, por ejemplo, no existe, es una creación de Omar.

Omar: Sí, necesitaba alguien que fuera enlazando los gags y eso me lo dio el personaje de Antonela. De todas maneras, siempre me planteo el respeto por el autor.

En la entrevista que hicieron algunos de ustedes con Federica Pais, hablaban de la libertad que da el desnudo, ¿qué implica en concreto esa libertad?

Bruno: Es básicamente sentirte libre con tu cuerpo.

Alexander: Sí, pero esa libertad se da en un ámbito que ayuda porque todos están desnudos. Es como si uno dijera: “Soy así, aceptame y listo”.

Antonela: La libertad es con uno. El prejuicio es de uno, de que el otro me está mirando. Hay que sacarse el peso de la sociedad. Hay una imagen que es cierta que en las mujeres es más vendible, y uno aspira a ese ideal de belleza que nos vendieron y que supimos comprar. A mí me pasó que en un momento me hice cargo de mi cuerpo. Me saqué el prejuicio de que me van a mirar el rollito o las estrías o la cola o las piernas. Tengo este cuerpo y me propongo potenciar lo que tengo de atractivo y no compararlo con un ideal. Me toca particularmente la frase del monólogo final que habla de todo esto.

Miguel: Sí, es cuestión de uno con su cuerpo, si se lo acepta o no.

Omar: Ese monólogo del final lo escribió Sandrina Gallegos especialmente para la obra. No está en el original. Fue la primera asistente de dirección que tuve en Al natural, pero que tuvo que dejar los ensayos por problemas familiares. Le encargué el texto y lo escribió de un día para otro. Yo necesitaba un disparador de situaciones y que fuera un factor de humor. También necesitaba sacarle la solemnidad al mensaje naturista, hacerlo más teatral. Este texto complementa el mensaje de la obra. La escena final es de un ritual que existe de verdad en algunos lugares de Latinoamérica, y el personaje de Antonela me dio un equilibrio y potenció eso que estaba un poco difuso. Y evidentemente, el monólogo funcionó porque en muchas funciones hubo aplausos para ese momento en particular.

Antonela: La gente se identifica con lo que escuchan, hombres y mujeres, todos, aunque el mensaje parezca más destinado a las mujeres.

Todo el elenco

¿Recurrieron a algo especial para componer sus personajes?

Alexander: Busqué información sobre naturismo y nudismo, y leí todo porque yo tenía que sentir lo mismo que sentía Renato. Cada noche, yo mato a Alexander y le doy vida a Renato para que la gente crea lo que está viendo. Yo tengo el panfleto naturista en la frente y tengo que sentirlo.

Bruno y Miguel me cuentan que no hicieron nada especial porque en realidad son personajes que se desnudan por diferentes situaciones pero no hacen el papel de naturistas, entonces no necesitaban sentir lo mismo que Alexander. Lo de Antonela fue diferente.

Antonela: No me costó desnudarme nunca y ahora menos. La primera vez me desnudé frente a todos ellos, sin que lo supieran de antemano. Esa vez me sentí incómoda porque sentí que ellos lo estaban. Fue una decisión de Omar, lo charlamos y vimos que era mejor que lo hiciera yo primero. Además, llegados a un punto, él nos planteó que antes de seguir metiéndonos con el texto, teníamos que trabajar el desnudo. Después de este primer paso, colaboró la idea de Omar de juntarnos en el mismo lugar donde ensayábamos pero desnudos, solo para charlar. Tomábamos mate y hablábamos de la obra para naturalizar ese momento, pero no pasábamos la letra.

Miguel: Yo llegué tres semanas antes del estreno. Llegué un martes y el miércoles me desnudé para las fotos, así que no tuve tanto para pensar.

¿Cómo es la relación actores y director?

Antonela: Ayudó que desde el comienzo él resaltara que teníamos que tener buena onda y, ante todo, ser buenas personas. Ese es el panfleto de Omar. Desde el vamos somos todos iguales, todos compañeros que nos juntamos a hacer un laburo que es actuar. Él es abierto, es muy persona y es muy humano; nos cuenta de sus cosas, nos pregunta de las nuestras. Sabemos que él está. Desde octubre, cuando empezamos, lo único que nos mantenía unidos era Omar a pesar de que no sabíamos quién era ni habíamos leído la obra. La confianza surgió de la humanidad que nos supo demostrar. Hay algo de él que da confianza, tiene un criterio. Creo en su persona.

Alexander: Es un director tratable que nos respeta y lo respetamos. Todos tenemos nuestro ego, pero vamos parejos. Hay gente que tiene el ego demasiado alto, pero no es el caso de Omar.

Miguel: Se nota su experiencia de grupo. Lo lleva bien. Además, su mensaje es claro. No es fácil hacer una comedia. Hay un timing, unas marcaciones que hay que respetar para que se cree la comedia, y él logra ser muy claro en sus conceptos. También sabe resolver el problema puntual en cada ensayo. Ahí se nota el oficio que tiene, y por eso uno sigue aprendiendo día a día. Para mí fue genial encontrarme con él en este momento El oficio lo tiene incorporado. Él sabe cómo llevarnos, incluso si alguno viene cruzado. Sabe sacarle el jugo a cada uno.

Bruno: Estoy aprendiendo mucho con él. En este sentido, me ayudaron mucho los distintos gags de la obra.

Tanto halago obliga a que Omar diga también qué piensa de su gente: “Puedo ser un gran director pero si no tengo actores que me interpreten no pasa nada. Es un trabajo en conjunto como el del fútbol. Hay que tener un buen grupo humano y tratar de explotar el talento de cada uno”.

¿Se imaginan la obra en un circuito más comercial, como el de la calle Corrientes?

Alexander: Apuesto a que, si esto estuviera en un lugar de pasaje de mucho público, funcionaría años. Si mostrás a alguien desnudo, seguro que va a haber público. El producto es cien por ciento vendible en un lugar mostrable, porque el desnudo es vendible. Todos tenemos ese morbo. También hay que diferenciar el público de esta época del de otras. Años atrás la gente decía: “Voy al teatro”, era algo más pensado, pero la gente ahora sale, está de paso y se mete si ve algo que le gusta. Si este producto te lo pongo en la nariz, entrás seguro.

Antonela: El público comercial va a ver esto, lo que se muestra, y encima el argumento es divertido. El mismo público que ve a Carmen Barbieri o a Moria Casán bien podría ver Al natural.

Bruno: Hay mucha gente para este tipo de comedias. La gente ahora quiere divertirse.

¿Creen que la comedia tiene un estatus algo menor que el drama?

Alexander: Lo que creo es que el que va a ver teatro clásico no va a ver esta obra. Ambos apuestan a diferentes públicos. Es verdad que, a veces, ciertos intelectuales tienen a la comedia como algo menor. Yo hice teatro de texto que, seguramente, es lo que más enriquece aunque no sea tan vendible. Las comedias son las que me dejaron más satisfacción económica. En este caso, con Al natural yo crecí y esto me enriquece para el futuro.

Antonela: El que es teatrero, el del palo del teatro ?el actor, el director? juzga la comedia. Eso creo yo. Hago stand up, siempre hice comedia y la amo. Para mí es más difícil siempre hacer reír, no es una pavada. El que sí defiende la comedia es el que la hace. Algunos todavía consideran más prestigioso llorar en escena que hacer reír.

A esta altura de la charla, surge el tema de si se puede o no vivir del teatro. Es la aspiración de Alexander o de Antonela. Omar, con más experiencia, dice que es algo complicado y más en esta época: “Este es un momento especial para el teatro. Es complicado mantener una obra en escena. Hay que ver qué es lo que funciona”.

Alexander: Hay que apostar a la difusión a la publicidad. Nos ayudan las notas que fueron apareciendo. Siempre está bueno que se hable del espectáculo ya sea en la radio o en la gráfica.

El grupo ya tuvo notas o menciones en medios gráficos (Semanario, La Razón, Paparazzi) y en la radio (Radio Gráfica FM 89.3, Escenario subterráneo, Radio AM 750 Te quiero a las 10 con Federica Pais, Casting en Radio Rivadavia AM 630).

Alexander: Apostamos a que la obra crezca y que se mantenga en cartel. Sería bueno que se mantuviera presente en la memoria de todos, que dejara una huella en las personas.

Es casi imposible no hacer referencia a La lección de anatomía, una obra en la que también había desnudos y que se mantuvo en cartel durante 35 años. Omar aclara que “Al natural es diferente, entre otras cosas, porque en La lección de anatomía, los personajes estaban ocho minutos desnudos. Hubo otras obras con desnudos parciales, pero ninguna con los personajes una hora desnudos en escena”.

Antonela: Lo bueno es que acá el mismo texto justifica el desnudo, no es una obra que pueda hacerse vestidos.

Todos apostaron mucho por esta obra y todos sintieron que hacerla los cambió en más de un sentido. Apago el grabador y me despido de un lindo grupo de gente trabajadora y, especialmente, que ama lo que hace.

Al natural está todos los viernes y sábados a las 23.45 en El Laberinto del Cíclope, México 1718.