Violette, una de las películas de este 2014

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De Pantalla Pinamar a los Avants Premier de cine francés, finalmente está en pantallas comerciales en los cines de Buenos Aires.

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Violette es una biopic sobre la vida de la escritora Violette Leduc (Francia, 1907-1972). Poco conocida como autora, su nombre alcanza en los 50 fama por sus relatos de sesgo autobiográfico y vida polémica, donde despliega su apertura sexual y pone de relieve las relaciones entre mujer, escritora y pobreza.  Sus obras más importantes son Ravages, de 1955 (con el desglose de sus capítulos lésbicos publicados como otra novela, Thérèse et Isabelle, en 1966), o La Batarde, de 1964.  Buena parte de su producción literaria era imposible de conseguir hasta que Gallimard volvió a editarla en la actualidad, con buen éxito de público.

Mujer escritora desconocida para la mayor parte del mundo, como su amiga argentina, cuyo nombre hoy también celebramos y redescubrimos, Aurora Venturini, el estreno de la película tiene lugar en estos días en el festival de cine francés en Buenos Aires conocido como Les Avant-Premières que desde el 13 al 19 de marzo desarrolla su sexta edición.

 

Violette, la película

Estructurada en 6 capítulos: Maurice, Simone, Jacques, Jean, Berthe, Faucon, hace alusión a seis estaciones posibles de su vida, cronológicamente ordenadas, lo que cimenta la estructura del cine biográfico más tradicional. Estos fragmentos le dan coherencia al film pero lo simplifican un tanto, e incluso a momentos lo vuelven muy previsible. Algunos pueden ser más interesantes que otros, como por ejemplo el primero, que corresponde a su relación con el escritor Maurice Sachs, donde se establecen las únicas pistas que la obra brinda del contexto histórico francés en la crisis de finales de guerra, y el llamado Jean, por Jean Genet, que plantea alguna entrada sobre la carga maldita de toda una generación, aunque el personaje resulte tan desdibujado.

Protagonizada por Emmanuelle Devos y Sandrine Kiberlain, como Violette Leduc y Simone de Beauvoir, no deja de ser una película media, que se convierte en una muy buena excusa para ir al cine gracias a la importancia de los personajes en cuestión. La pantalla grande logra mostrar un caso particularmente bello de eso que la Woolf nombró como la necesidad de contar con un cuarto propio. La cita a este texto está en boca del propio personaje Simone de Beauvoir. 

Violeta (6)

Este gusto por los personajes soterrados en las prácticas de las Historias del Arte y en las Historias de la Literatura es parte del camino del director de este filme, Martín Provost, un especialista en provocar historiografías constructoras de ídolxs más o menos aclamados o aburridos. Porque Violette es considerada por su director como integrando un díptico acerca del proceso de creación, junto a su primer filme, Seraphine (2008). Además de cierto paralelismo desde el ninguneo del cánon (pictórico en el primer caso, literario en el segundo), la propia Leduc ha escrito un texto sobre Seraphine para una exhibición de su obra, texto que, según explica el propio Provost, Simone de Beauvoir rechazaría publicar en Tiempos Modernos, una reseña al parecer muy poética y potente .

La rememoración ausente, como las citas explìcitas, implícitas y anheladas, se impone quizás ante la vacancia de un contexto histórico que le de marco a la historia que narra el filme, que omite de manera ostensible una referencia coherente a lo que fue, sin dudas, uno de los momentos más efervescentes para el pensamiento del siglo XX, y que tuvo a Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre y Maurice Merleau Ponty, Albert Camus, Andrè Malraux, Jean Cocteau, Jean Genet, por mencionar algunos, en un estado de ebullición que verá emerger Les Temps Modernes , las movidas situacionistas, la nouveaux roman promovida por el objetivismo (y sus dos mujeres más conocidas, Nathalie Serrault y Marguerite Duras), la Nouvelle Vague, el mayo francés, la sorbonne estructuralista… y la lista se podría volver interminable.
La película además opera estructurando una confrontación entre Violette y la Beauvoir que termina siendo simplificadora. Así, la escritura (y la vida) de la primera escritora aparece como carnal, vitalista, trágica y afiebrada, y la de la segunda como fría, intelectual, subsumida a una finalidad política y racional, como una suerte de máquina feminista que todo lo que busca es tener argumentos para sostener su lucha por la igualdad de derechos.Ahora bien, y para cerrar, una última sensación que viví viendo la película. El cine, como todas las artes, es una borra de café donde leer todo de todo, una manera posible de andar por la vida cubriendo todo de sentidos, semiosis ilimitada que produce constelaciones inacabables, inéditas, efímeras y recursivas, chispazos de felicidad que la retina agradece y la memoria almacena, la gran mayoría de ellos sin que el director, el autor y los intérpretes puedan darse cuenta de lo que está pasando o lo que se ha provocado. Hay un plano del inicio del capítulo Simone, cuando Violette va a la casa de la Beauvoir por primera vez, que se ve claramente y durante unos cuantos segundos emerger, en el afuera del marco de la ventana de su sala, la catedral de Notre Dame con sus torres truncas y su olor a Alejandro Dumas, y la referencia mental al homónimo de la escritora, el gran Eugène Viollet-le-Duc se impone, y una simple biopic más o menos lograda condensa, en un segundo, varios siglos de literatura…  

Violeta (3)

Violeta (5)