José Luis Visconti: poemas de flora y fauna

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El cuarto libro de poemas del platense José Luis Visconti, 46, lleva por título flora y fauna. Quien lo reseña da dos pasos atrás/hacia lo inesperado. Y quien lo lee también.

Dividido en cuatro partes, estas 59 hojas de poesía nos entregan una voz que persiste y cree: más allá o más acá de las palabras devaluadas en nuestra vida cotidiana o en los medios masivos, los poetas combinan lógica y música. Se sabe que le poesía no vende si no es en las canciones del así llamado rock nacional. Por lo tanto, si se ha elegido la difícil tarea de publicar lo escrito, hay que recorrer editoriales. Visconti se llegó hasta Ediciones del Dock, en donde aceptaron financiar parte de la impresión.

La primera parte de flora y fauna ofrece una autodefinición de quien escribe: así, en Desembocadura, admite: “nado en dirección contraria a mis deseos (…) apenas queda el silencio al final del recorrido/el enorme espacio en que me deshabito de mi flora y mi fauna/y una tarde que no termina”. Esta primera parte concluye con un poema titulado Rabia en donde se aclara que “la rabia me desnuda/acaba en otros cuerpos/epidemia en trance/de volverse sobre si misma”.

El recorrido por una (in)cierta infancia en la segunda parte que continúa en la tercera. Comienza con Las mujeres de la casa. No hay nostalgia aquí sino más bien un vacío eterno: “los padres construyen la casa/que nunca se termina”  (de Atardecer en ciudad vieja). Precisamente son esas casas que nunca se terminan las que el poeta debe completar, sacar a flote, extirpar de su memoria. Porque, tal vez, el secreto está en aquella primera casa que habitamos, la inconclusa, la irrepetible y a la que no se puede regresar. En ese poema, se reconoce “la puerta que se cierra/y el dolor intacto”.

En la cuarta parte el tema del deseo amortiguado puede volverse irónico, tal como ocurre en estos versos: “la mujer que me pretendía se esfumó/quizás temerosa de mi soledad” o bien “para volver a verte/ crucé ocho mares sin saber nadar”. Sin embargo, la actitud con respecto a la pareja puede ser de taimada resignación. Es lo que ocurre en esos Ocho mares: “esperamos que asome la mañana/el sonido del despertador/el ruido de la puerta del baño al cerrarse/ y volvimos a empezar”.

No es fácil reseñar –fea palabra- un libro de poesía. Esos “dos pasos atrás/hacia lo desconocido” pueden hacernos caer en una trampa: se sabe que todo buen poeta admite –y debe ser humilde- una multiplicidad de interpretaciones. A veces ni siquiera hace falta interpretar sino sentir. Precisamente es este sentimiento unido a la idea lo que otorga valor a la lectura de un libro de poemas, algo que debe hacerse lentamente, degustando cada uno de ellos. Y, por supuesto, no todos tienen el mismo sabor.

José Luis Visconti es autor también de un ensayo titulado La senda tenebrosa: Una aproximación a la imagen de la mujer en el cine argentino 1990-2007, que apareciera en 2009. Se aguarda que este hombre silencioso, fanático del fútbol y de la música rockera de los 46 años, no se deje tragar por los ensayos y persista en la poesía. Es ella la que de veras hace falta en el país. Andamos un poco huérfanos en la materia o bien los editores se han transformado en los mercaderes del templo, del templo de la ignorancia.