Francis Alys: el pequeño gesto es gesto político

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En Montevideo, donde acabamos de inaugurar un nuevo nodo de nuestro proyecto Itineraria: 10 mujeres 2 territorios, tuvimos oportunidad de compartir la 15 Temporada del EAC de Montevideo  con una retrospectiva de buena parte de los trabajos de Francis Alys (Amberes, 1959, residente en México), artista contemporáneo que suele estar presente en la mayoría de las bienales y encuentros de arte internacional. Como compartimos montajes, cenas y desayunos, aprovechamos para conversar e intercambiar ideas, y de allí salieron estos apuntes.

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Uno de los temas que surgió en la charla que brindó Alys el jueves 7 en el auditorio del EAC moderada por el curador de su muestra, Fernando Sicco, fue el de su relación entre el mundo personal, los pequeños gestos atravesados de cuestiones autobiográficas y al mismo tiempo la proyección social que adquirían sus trabajos. Gente del público comentó acerca del equilibrio entre lo ético y lo estético, lo personal y lo político. A la  mañana siguiente, café mediante, desde este eje comenzaron las preguntas.

KC: Ayer cuando el público preguntaba sobre la relación o el equilibrio entre tu ética y tu estética, yo pensaba inmediatamente en el slogan feminista, que hoy es casi un axioma de la práctica artística y cultural, “lo personal es político”, creo que más que equilibrio, o coordenadas de trabajo, hay algo más molecular en tu propuesta, que tiene que ver con el modo de andar de buena parte de los artistas contemporáneos, que elaborando de un modo estético lo que viven completan un gesto abierto, múltiple y poético. Lo interesante de pensar es que no es tanto un equilibrio, si no una igualdad de conceptos.  Eso lo hace auténtico. Cuando estrellás el Ladda en San Petersburgo, en tu gira desde Amberes huyendo de la comodidad burguesa, del mandato…

FA: exacto, ¿por qué no dijiste eso ayer? como síntesis, es perfecto (risas).  Sí, la política existe en mi obra y es la distancia poética que me permite decir cosas sin tener que comprabarlas, No es necesario que sean verídicas, eso es lo bueno. Sería como una especie de periodista, pero el periodista tiene que ajustarse a los hechos, ser verídico, el artista no precisa esto, puede empezar quizás por la realidad, partir de un hecho, pero allí se desvía, se vuelve más narrativo si lo desea, y luego termina construyendo una ficción. Esto significa, que tiene capacidad de llegar a lugares más improbables, a partir de su versión subjetiva, contando sus emociones, lo que siente, y allí encuentra a la gente, que busca nuevos modos de ver la realidad, su realidad, lo que vive, lo que le pasa, y cuando lo ve puesto allí, en el trabajo del artista, ve otra manera de abordar las cosas.

KC: en este sentido, el artista termina siendo, desde la producción de ficciones donde se instala, más creíble que un periodista, que un político, que un economista, a los artistas se les “cree”, se los percibe más auténticos que los líderes…

FA: Es un fenómeno que podemos pensar como un nuevo contrato del siglo XXI. Tiene que ver con el fraude de la política y la supuesta sinceridad ética que se espera de los artistas. Es un fenómeno nuevo, de nuestros fracasos frente a las esperanzas de políticas de cambio. El artista, m{as que líder, es un catalizador de lo que percibimos. Es como la mecánica del rumor, el rumor prende y se esparce cuando encuentra expectativas en la gente, en un contexto determinado de su historia, cuando lo ve posible y real.

El artista tiene capacidad de percibir por donde va  el viento, de escuchar qué sucede en un momento determinado, y desde ahí logra a veces materializar la angustia de la comunidad. Ese papel de catalizador no es activo ni pasivo, es como un conducto, un cable, entre dos elementos, un punto de conexión de la gente con el otro lado de su realidad.

KC: eso es muy romántico, hay un componente a lo Holderlin, los románticos alemanes del primer romanticismo especialmente… el poeta como nexo…

FA: pero en este caso, no con la naturaleza y las musas, sino con el barrio, con el mundo de las drogas, el narcotráfico, lo marginal, y la gente. El artista les cuenta ese lado. Y desde lo personal, como decíamos. Usar la historia personal para anclar en lo que pasa en una comunidad en un momento dado. Yo me informo, leo, estudio la historia local, la historia general, hago un trabajo de uno o dos años previo, viajo, hago contacto, relevo el contexto y la actualidad. Cada trabajo requiere una oinvestigación previa. Para Afganistán, por ejemplo, realicé 4 viajes previos.

KC: ¿usás formatos o prácticas cinematográficas? porque la calidad de la imagen a veces es impactante…

FA: uso muy buenos equipos, pero no puedo trabajar en fílmico. No puedo usar equipos caros, por cuestiones de seguridad, ya me han robado muchas veces, y en ocasiones lo hacemos sin demasiados permisos, entonces no se puede trabajar con un equipo de producción de cine, no se puede trabajar con material caro, me encantaría hacer cine, porque disfruto mucho el cine.

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KC:
¿Cómo financiaste toda la movida de Afganistán?

FA: Lo pagó la Documenta, pero yo me pasé mucho de presupuesto, porque fui muchas veces, tuve muchos gastos de preproducción, la investigación llevó mucho tiempo y dinero. Y luego, por supuesto, volví. No se puede ir, trabajar en esa comunidad, compartir cosas, y luego desaparecer porque a 10 mil kilómetros se inauguró la bienal. Hay que volver, seguir en contacto, llevarles lo que hiciste. Con Ashmel, el amigo de Afganistán que me acompañó durante toda la experiencia, hicimos la presentación en el barrio donde más estuvimos filmando. También se presentó en Kabul.

Además de filmar, en todo trabajo, llevamos dos actividades paralelas. Por un lado, hacemos una tarea de producción, como se haría para cualquier cortometraje: solucionamos temas técnicos, legales, de logística… pero también, y para no desgastarme en la tarea administrativa, pinto y dibujo, es decir, utilizo todo mi potencial imaginario, en lo que voy viendo y viviendo. Algo de esto puede verse muy bien en el trabajo de Gibraltar, como método de trabajo. Ese es mi modo de trabajar. Produzco el evento, el registro, pero también creo imágenes plásticas. Y luego vendo esas imágenes. Mis videos pueden verse libremente, pero mis dibujos, ilustraciones, pinturas, son vendidas para recaudar fondos y fortalecer el financiamiento de los proyectos que encaramos.

KC: ¿qué quedó del Alys caminante, más allá de que metafóricamente lo seas, sos un artista nómade, como tantos artistas contemporáneos, pero qué pasó con el Alys de tus primeros trabajos?

FA: Yo me dí cuenta que al caminar, corro el riesgo de convertirme en un artista de circo, es el riesgo de la apuesta al hacer obra contemporánea, todos la aprovechamos en cierta manera, pero es muy artificial. Va contra cierta lógica. Todos somos en el fondo sedentarios, lo natural es afincarse en un sitio. Pero tiene que ver con lo que circula en las plazas del arte, y muchos nos sentimos seducidos por esas propuestas.

Hablábamos con las artistas argentinas el otro día en el desayuno, con Ester (Nazarian) y Mónica (Rojas), que los artistas contemporáneos somos los nuevos espías del siglo XXI. Porque entramos en cualquier país, accedemos a toda la información, recabamos datos súper valiosos de las comunidades, manejamos muchas cuestiones, y los gobiernos no se dan cuenta de este potencial. Y encima, ¡nos encanta el doble juego!

Pero volviendo a la pregunta, rescato el deambular. Estuve diez años mapeando México, limitándome al centro histórico, en un radio de 12×12 cuadras. Mis caminatas, los rotulistas, la serie de los durmientes, los imanes… Los primeros años como artista fueron esos, yo empecé así como artista. Fue el definir un lenguaje. Y el pasar de turista a local. Luego pude tomar una posición más crítica, pero primero fui observador, registrando fenómenos, en un intento de traducir, de aprender un lenguaje.

La serie de los Borregos, ya marca la transición. Empiezo a tomar posición más crítica. Perdí la mirada de alguien de afuera y empecé a trabajar fuera de México. Así vinieron La fe mueve montañas en Lima e Historia (2002) de una decepción en Buenos Aires (2004). Ese fue el giro. Ahora, estoy volviendo a México. Hoy mi proyecto principal es en Ciudad Juárez, cómo posicionarse frente a lo que está sucediendo allí, qué hacer con el horror. El video de los espejos, que está exhibiéndose ahora en el EAC, con la curaduría de Fernando, es el primer punto de contacto con esta nueva etapa, relevando una vez más cómo los niños expresan la violencia.

KC: última pregunta, una curiosidad personal, ¿qué artistas contemporáneos admirás?

FA: creo que el artista latinoamericano para mí es Cildo Meirelles, y también admiro mucho el trabajo de Teresa Margolles.