Trans-género/Trans-génico: Francisco Bassim en la GAN de Caracas

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Trans-género/Trans-génico es la exposición de collages de Francisco Bassim en la Galería De Arte Nacional de Caracas. Leedor.com difunde esta propuesta con una galería de imágenes.

El sistema creativo del trabajo de Francisco se apoya en ese prefijo trans- que bien puede (junto con otro de igual relevancia, el prefijo post-) provocar en todos sus agenciamientos posibles e imposibles las bases para comprender la cultura y el arte contemporáneos. Como decimos en nuestras clases, en las universitarias y en los cursos del CAAT, explicar el arte contemporáneo en dos palabras puede parecer poco serio; sin embargo, definirlo en dos prefijos, en dos medias palabras, en dos insinuaciones, en dos categorías tan vacías y potenciales, es más realista.

Ahora, la obra de Francisco porta una potencia ligeramente abyecta, profundamente paródica, que focaliza una de las cuestiones centrales de la práctica artística postmoderna: el collage, el remix, el hombre cyborg, la irrealidad, la cirugía prometeica y efímera del botox que portamos como estigma del post frankestein en los que lenta o rápidamente nos convertimos, al que jugamos durante el tiempo que dura una inyección labial, y sus correlatos: el gatopardismo, los modelos de superficie, la estetización del freak como nuevo sublime, y demás formas en las que parecen confrontarse viejos problemas: los modos de representación de la violencia propia del mundo cotidiano, el deseo de un cuerpo libre, la vanitas, las necesidades protésicas que proyectan nuestros deseos, los post -géneros (corporales, textuales y artísticos), la post-industria, la post-ciencia.

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El tono crítico lo da la mezcla, la igualación, pensar en un Cristo, o en el retrato de una crítica, o en un motivo del arte clásico, o en un personaje venezolano, en la cultura de masas, en los barrios de las montañas, en el Avila de fondo, todo ello en el mismo collage, en la misma instantánea relampagueante y mundana.

Sí, personalmente me siento muy atraída por la obra de Francisco, que quizás aquí en Argentina pueda ser confrontada con la serie cyborn de María Inés Nouizelles y sus búsquedas conceptuales, con un tono que, en el caso de esta artista, le agrega un transfondo trágico. María Inés apunta más a la máquina y a los electrodomésticos, pero podría ser un interesante diálogo poner el trabajo de ambxs confrontar.

Reproducimos a manera de análisis de la obra de Bassim, el texto curatorial de Esmeralda Niño Araque

Más allá de la forma
Una noche senté a la belleza sobre mis rodillas
Y la encontré amarga
Y la injurié

A. Rimbaud

 

Francisco Bassim (Caracas, 1964) es un pintor inabarcable, artista inclasificable, dueño de un lenguaje en el que la simbología y los valores de la cultura gay se hacen presentes junto con el pop y los instrumentos de la sociedad de consumo, quien mediante la manipulación de imágenes conocidas, familiares al espectador, todo lo trastoca, todo lo cambia y lo pone en movimiento. Arquetipos, condicionamientos sociales, perversiones ocultas, estereotipos van sucediéndose en un continuum para crear y rehacer una y otra vez un grupo de nuevos signos y significados que nos remiten a una simbología propia nacida de los pensamientos, de las angustias, de los miedos, en fin, de las sombras del ser más profundo del artista mismo.

A caballo entre el dadaísmo, el pop art, el surrealismo y las nuevas tecnologías, Bassim pudo desarrollar en solitario su obra, explorando técnicas y métodos absolutamente sorprendentes. El suyo es un trabajo de ruptura con lo conocido, cuyas constantes son el privilegiar el movimiento en primer lugar, y luego la transgresión, en un soporte parietal, de una proyección ilimitada, sorprendiendo al espectador, y provocando una subversión del orden hasta lograr el caos total, el impacto y la reacción. En sus trabajos se afinca en la ironía, en el humor, en el absurdo y en la contradicción, generando expresiones límites que pueden resumirse en la palabra “escandalosa”. Como busca el testimonio de la destrucción de la sociedad actual, sus personajes sufren tremendas transformaciones, burlescas, grotescas, terribles, inauditas. La belleza en Bassim pareciera asentarse en el cambio constante, en la duda que todo lo cubre y transforma en otra cosa, en una rebeldía que lo acerca al dadaísmo tanto como a la cultura pop.

La muerte, presencia constante en su obra, es también objeto de una mirada sádica, fetichista, que lo mismo expone las flechas de un San Sebastián, que las de un venado al estilo de Frida Kahlo, con un rostro humano circundado por el sufrimiento. Su trabajo consiste en extraer lo bello por la fuerza, buscando el impacto del feísmo, de la crueldad, de la lucha contra lo inmóvil, para dar paso a las imágenes incomprensibles que producen un choque brutal en el espectador, quien las rechaza o las adhiere espontáneamente, más por la sensibilidad que por la razón. Ese mismo espectador que puede que no entienda o que no llegue a comprender en su totalidad qué misterio es el que el autor le quiere develar, pero que sin duda no se siente indiferente ante la avalancha de imágenes que se transforman, para terminar por decidir si aquello que observa le gusta o no, guiado por ese hilo invisible que une al artista con el público.

Del surrealismo, Bassim toma el rechazo de la realidad y la sustitución por los sueños y fantasías y la libertad interior que estos proveen, desde la magia, la irracionalidad y el inconsciente freudiano. Él, como los surrealistas, busca desorientar al espectador creando un caos atroz, sin precedentes, sin justificación alguna más allá del capricho del creador, sin más orden ni concierto que su visión fragmentada, prismática de la realidad. En el universo freudiano de la interpretación de las fantasías, de los sueños y deseos sexuales y eróticos, se yergue este artista para desplegar todo un contorno magnífico de imágenes tan sorprendentes como absurdas, tan trágicas como risibles, monstruosas y fantásticas.

Otro referente importante en el trabajo de Bassim es el de la cultura pop, la cual se lleva la mejor parte en sus investigaciones sobre un novísimo territorio: el de la tecnología, la cual le sirve de soporte a las obras, y a la cual le rinde tributo el artista, autodidacta en este plano, cuando lleva sus exploraciones al límite hasta rebasar el propio entendimiento, hasta que la pupila, exhausta, pide cerrar el párpado. En sus entramados de imágenes, cuyo sentido sólo parece develarse tras una atenta visión, encontramos una temática urbana que utiliza tanto el cómic como los anuncios publicitarios, las imágenes familiares al espectador, los elementos de la sociedad de consumo y los ídolos pop. Se trata más que nada de un homenaje al cambio, al movimiento, es decir, a la vida misma; al correr de las horas, al paso del tiempo en nuestro cuerpo y sobre los objetos, utilizando muchas veces el filtro del kitsch, de lo irreverente, de lo pervertido y a la vez, con una mirada de piedad sobre una cosmovisión laberíntica y anárquica.

Para lograr su cometido comunicacional de trasmitir su mensaje al espectador, Bassim, en primer lugar, estructura su trabajo en Power Point y después lo traduce a la animación, medio al cual llega por sí mismo, y como todo gran descubrimiento, de modo accidental. Se trata de un artista empírico y autodidacta en un medio que va reinventando paso a paso, siempre fugaz y cambiante. Sin embargo, Bassim no es un neófito en las artes plásticas, es un pintor académico, egresado de la Escuela Cristóbal Rojas, y es también un estudioso del Renacimento. Toda obra de creación implica una búsqueda estética, y la de este artista es una investigación sobre la realidad a la que interviene como lo haría un hacker con las imágenes que circulan por la red, las que utiliza para la creación de un nuevo ser, de un nuevo género, de monstruos y seres feos, de divas maravillosas, en una animación propia de un cubismo animado. Para reafirmar su lenguaje, se afinca en imágenes fálicas, flechas, penes desproporcionados, todo un discurso sexual y desafiante, buscando el choque y la respuesta en quien las observa. La sorprendente utilización de lo grotesco, de lo lúdico, del fetichismo, del sadismo, de los autorretratos, lo lleva a intervenir también las obras de otros artistas, se las apropia y transforma apoderándose de ellas y poniéndoles su sello personalísimo. Son obras más que de terror, terroríficas, que alertan sobre lo que podría estar a punto de suceder: gallos con cabezas de jirafa, piercings en la nariz, cuellos de gola, ruedas en vez de patas, un falo nervudo, seres fantásticos, testimonios de la actividad que involucra el cambio acelerado que lleva la tecnología en su loca carrera al vacío, hacia aquello que aún nos es desconocido.

Esta mezcla de surrealismo con dadaísmo de la que se vale el artista, le permite, por último, dirigir la atención a un punto focal: la denuncia de la violencia de género. De ahí su persistencia en mostrarnos, cuadro a cuadro, imagen a imagen, su particular visión de la transformación, de lo transgénico, de lo transgénero. Bassim utiliza para ello todo lo que tiene a mano, transita el feísmo, los miedos ocultos y tiene, a no dudar, un latido oscuro, como una llamada al miedo por el porvenir. Los elementos del burlesque, de lo masculino y lo femenino, agredidos o ensalzados como la disección de un cirujano que corta con un bisturí, que saca músculo a músculo, tendón a tendón, componen un prisma brutal, un ensamblaje deslumbrante con la factura impecable de este artista del siglo XXI.

 

Galería de imágenes de las obras exhibidas:

cuatro catorce cinco cuarenta y dos cuarenta diecinueve diesiete diez doce treinta y cinco treinta y cuatro treinta y seis treinta y siete

 

Trans-género/Trans-génico, Francisco Bassim
GAN

Avenida Sur 17, Caracas, Venezuela.