Emilia, la última creación de Claudio Tolcachir

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Emilia, la última obra de Claudio Tolcachir, se presenta los viernes y sábados en Timbre 4.

 

“El pasado nunca está muerto, ni siquiera está pasado” William Faulkner

 

Emilia es quizá la obra más oscura, compleja e inquietante de Claudio Tolcachir. Está construida de tal forma que nada es lo que parece ser. Todo lo que oculta o se devela, se dice o se niega, está sujeto a un entramado de símbolos que se irán abriendo –o no, eso dependerá de cada espectador – a  medida que se desenvuelve la trama.  Es por eso quizá también su obra más metafórica.

Para acercarse a Emilia, para disfrutarla (funciona seguramente para acercarse a cualquier obra) es mejor dejar de lado prejuicios e ingenuas expectativas, porque este nuevo trabajo no es La Omisión de la Familia Coleman, no tiene sus mecanismos ni su ritmo vertiginoso. Es otra cosa y se celebra que así sea. Ni siquiera el tema de la familia disfuncional (que tanto le han endilgado) se vuelve aquí un eje central porque lo duramente notable es la fragilidad de los vínculos y los modos (mezquinos, enfermos) para sostenerlos (para no perderlos, para no soltarlos) a cualquier precio.

De entrada, el dispositivo escénico sorprende y connota un mundo de desamparo y desolación. Un cuadrilátero conformado por almohadones da la  idea de juego, de un niño que juega a la familia, a tener una vida feliz y llena de amor. Pero ese mundo imaginado es débil y puede resquebrajarse con facilidad, cualquier lobo feroz (cualquier shock de realidad) puede desmoronar ese castillo de naipes.

En ese medio se mueven los personajes, suben y bajan, ensayan diferentes espacios. Al principio vemos solo a Emilia (Elena Boggan) que funciona también como narradora para meternos de lleno en el relato de un pasado muy potente desde un presente difuso. Ambas escenas (la del pasado y la del presente) empiezan a confundirse rápidamente y, por momentos, los personajes se nos semejan a fantasmas, a recuerdos o a olvidos.

Hay un adentro y un afuera del cuadrilátero (que deviene espacio de lucha con los miedos, con las trampas de la memoria). Walter (Carlos Portaluppi) cuida el refugio construido, lo adormece y adormece también las vidas de su mujer, Caro (Adriana Ferrer) y de su hijo, Leo (Francisco Lumerman). Todo es aparente felicidad y algarabía en ese pasado evocado. No se puede salir de allí porque es peligroso, porque se acaban de mudar y no conocen nada. Pero el afuera ingresa igual con Emilia, la antigua niñera de Walter, que viene a recordarle ( entre risas y anécdotas aparentemente inocentes) una infancia hostil y triste, y con Gabriel (Gabo Ferro) que viene a refregarle en la cara que nada de lo que tiene le pertenece.

Es notable que en medio de una mudanza (de un cambio de casa, de barrio) no se pueda cambiar realmente nada. Walter sigue anclado, perdido en su historia de abandono y desamor. “Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir” dice una canción y es también lo peor, lo más cruel y desesperante. Walter sigue ahí, en el cordón de la vereda, llorando por alguna mala pasada del destino.

Emilia abre un sinfín de preguntas acerca de las formas posibles del amor, no siempre generosas, no siempre desinteresadas y también nos enfrenta a las caras de la solidaridad, porque a veces dar no es simplemente dar sino preservarse, sentirse cómodo o seguro. “Por alguna razón todos se aman, y esa razón no siempre es el amor” se puede leer en la presentación de la obra y esa frase (o alguna parecida) nos ronda en los noventa minutos que dura el espectáculo y nos perseguirá después, cada vez que nos jactemos de actuar por puro amor o generosidad. ¿Será posible tal cosa?

 

 

Ficha técnica

Dramaturgia y dirección:Claudio Tolcachir Intérpretes: Elena Boggan, Gabo Correa, Adriana Ferrer, Francisco Lumerman, Carlos Portaluppi Diseño de escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez Diseño de luces: Ricardo Sica. Asistencia de dirección: Gonzalo Córdoba Estévez Prensa: Marisol Cambre Producción general: Maxime Seugé y Jonathan Zak Funciones: Viernes a las 20.30 hs y sábados a las 20.30 hs y 22.45 hs en Timbre 4, México 3554, CABA.