Las mujeres y la revolución

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Este texto es en realidad, por un lado una excusa para hablar de ellas, por el otro una suerte de respuesta a la inspiración que me provocó la foto que ilustra el texto. No sé ni donde la encontré. La web es dialéctica, borra las huellas de su génesis. Pero se la ve hermosa, a la foto y a la combatiente, probablemente del Vietcong, luciendo su atuendo de combate, sesentero y con fusil enemigo entre sus manos. Todos los seres humanos somos neofóbicos y a la vez neofílicos. Es decir vivimos con la contradicción de sentirnos atraídos por lo nuevo, a la vez que lo rechazamos. No hay un género más revolucionario que otro, somos todos conservadores y revolucionarios a la vez. Digo esto porque no vaya a ser cosa que alguien crea que el título ensalza en forma ingenua a uno de los viejos bandos. No. La idea es simplemente recordar a aquellas mujeres que participaron de alguna revolución y que claramente, pese al sacrficio, no son reconocidas por la historia, o quedan soslayadas frente al falso (por mezquino) prestigio de los hombres.

El recordatorio es incompleto e injusto. No están todas las que debieran, ni siquiera todas las que uno quisiera. Más aún, la propia categoría de mujeres o de hombres, está cuestionada. Pero no es la intención entrar en un debate de género, sino simplemente rendir un breve homenaje. El propio concepto de revolución es también difícil de capturar, ya que en la mayoría de los casos, su definición depende de quien la enuncia. Lo que para uno es revolucionario, para otro puede ser completamente reaccionario. De hecho, durante mucho tiempo, el partido del poder llamaba a sus golpes de estado en la Argentina, revolución. Aquí, por tanto, no interesan esos debates; simplemente apostamos a parafrasear a Félix Luna, cuando decía que “la revolución viene oliendo a jazmín”.

No hay dudas que durante la última dictadura argentina la resistencia tuvo como protagonistas ineludibles a las mujeres. No es que los hombres no participaran, pero es claro que el rol principal lo llevaron aquellas señoras, generalmente amas de casa, sin experiencia en la lucha política. Su reivinidación revolucionaria era simplemente el pedido de justicia. Ni más ni menos. Lo que debiera ser un derecho, en momentos de represión y miedo, se transforma en un reclamo peligroso y subversivo. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo no sólo pusieron en jaque al gobierno militar, sino que enseñaron al país y al mundo las virtudes de la perseverancia y de la búsqueda incesante de justicia. Su ejemplo hoy en día es reconocido en el mundo entero.

Si miramos a la madre de las revoluciones, la Revolución Francesa, emerge la figura de Olympe de Gouges. Ella fue no sólo una luchadora contra el antiguo regimen, sino una reivindicadora de los derechos de la mujer. Pero su reclamo fue demasiado para un movimiento que ya empezaba a devorarse a sus hijos y su cabeza rodó junto a la de muchos de sus compañeros de ilusión. En la misma línea, pero en un lugar un poco más seguro, como era la Inglaterra de fin del siglo XVIII, no podemos dejar de mencionar a Mary Wollstonecraft, quien escribió su famoso “Vindicación de los derechos de la mujer”.

En América la participación femenina en las revoluciones independentistas del siglo XIX fue fundamental. Basta mencionar a Josefa Ortiz de Domínguez en México, la… ¡Madre de la Patria!, siempre vinculada a los movimientos radicales y libertarios. O en Sudamérica a Juana Azurduy, quien luchó y combatió por los ideales de Mayo y murió pobre como muchos de los héroes de esa gesta.

Más cerca en el siglo XX aparecen Emma Goldman, militante anarquista o Rosa de Luxemburgo, asesinada por los protofascistas de la Freikorps o la misma Pasionaria quien combatió al franquismo y fue una de las líderes comunistas más importantes del siglo. Inolvidables en este recuento las adelitas, combatientes de la Revolución Mexicana y que inspiraran el mundialmente famoso corrido. No queremos dejar fuera a nuestra propia Evita, a la niña del cabello suelto, quien no sólo impulsó el voto femenino sino que fue el claro ejemplo de varias generaciones sucesivas con afán de cambio.

Esta lista es incompleta e injusta. Arbitraria por mi propia ignorancia. Celebremos en ella a todas las mujeres rebeldes. Celebremos pues la desobediencia de la Eva cristiana, quien con su acto se condenó (a los ojos oficiales), pero nos legó el primer acto revolucionario de la cultura: la búsqueda del conocimiento.