Historias de Cabeza Partida, Kekena Corvalán

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Hay textos que nos interpelan de una manera especial; textos que cuestionan nuestro propio estatus de lectores porque nos obligan a desandar caminos, a borrar preconceptos; textos provocadores, inclasificables, originales, como Historias de Cabeza Partida de Kekena Corvalán.

Para Umberto Eco, todo texto ofrece un conjunto de instrucciones para su interpretación, pero también requiere un lector que colabore en dicha interpretación. En consecuencia, la cooperación resulta una actividad promovida desde la escritura. ¿Qué tipo de lector requiere la novela de Kekena Corvalán? Resulta obvio que es ese lector al que también apuntaba Cortázar: un lector activo o cómplice encargado de unificar los fragmentos de vida de los personajes –de Cabeza Partida, del bebé, de la vieja, del padre– tal como en la vida cotidiana damos unidad y sentido a los datos dispersos de los que disponemos sobre aquellos que nos rodean. Parados en el afuera del texto, vamos adentrándonos en sus escenas y descubriendo pluralidad de miradas, de voces, de registros, y con esas diapositivas construimos un significado.

Hablar de miradas, de diapositivas, de adentro y afuera, tiene que ver, además, con la concepción espacial de esta novela que trabaja con la linealidad propia de la escritura, pero que la supera al proponer una lectura transversal y más profunda. Las notas al pie, la intertextualidad, la narración dentro de la narración, la exploración de los puntos de vista nos saca del lugar cómodo y simple de seguir una historia para enterarnos cómo termina. Acá no importa eso, lo que importa es lo que ocurre mientras, el desafío de entrar en cada página y de iniciar cada vez un nuevo recorrido.

Historias de Cabeza Partida también cuestiona algunos otros conceptos como el de género. ¿Es una novela? No en el sentido tradicional. Sí, es una nouvelle que recuerda algo de Rayuela de Julio Cortázar –por la fragmentación, y por la presentación de una escritura nueva y desafiante– o algo de Juan José Saer en Nadie nada nunca –por la exploración de los puntos de vista y la creación de escenas breves, pero contundentes–. Hay también mucho de poesía en la narración y bastante de teatro con un narrador que hace acotaciones, que le habla a los personajes como dándoles indicaciones: “El bebé está sentado sobre un gran almohadón de cretona con grandes flores. […]. Su cara mira hacia abajo, mientras pasa las hojas. Alza y baja los brazos, con movimientos pequeños y rápidos, ante las ilustraciones que pasan por sus ojos. Es torpe, impreciso. Cada tanto observa a su derecha, (sin levantar del todo su cabeza), como si esperara la llegada de alguien, y vuelve a la lectura”.

Finalmente, si la literatura tiene como materia prima el lenguaje, en este libro se nota que la autora actúa como un pintor que combina colores y texturas. Acá cada escena implica diferentes trabajos con la palabra, con la tipografía, con la relación oralidad / escritura, con la alternancia entre un lenguaje escueto por momentos y, por otros, uno más descriptivo.

Como afirma Gabriela Cabezón Cámara en la contratapa, este libro no se parece a ninguno. Solo queda leerlo con una mirada virginal, nueva, abierta. Vale la pena.

Ficha técnica

Historias de Cabeza Partida, Kekena Corvalán, Buenos Aires, Ediciones del bien, 2014, 60 págs.

La presentación del libro se realizará en el Museo del Libro y de la Lengua el 30 de julio a las 19 h, Av. Las Heras 2555. CABA. Mientras tanto se puede adquirir vía Facebook.