Miguel Rep: Atlas de las Bellas Artes. La continuidad de las pinturas

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¿Qué pasa cuando el arte se vuelve sobre sí mismo para pensarse, remontarse a sus propios orígenes, volcar una mirada humorística sobre un canon que parece sagrado?

Si el arte contemporáneo es aquello que instala un conflicto, que cuestiona la misma noción de arte o el carácter de lo artístico, las obras de Rep, sin duda, forman parte de él. Un arte con humor que plasma en imágenes algunas alocadas ideas, como la de un objeto que pinta su propio autorretrato (los girasoles de Van Gogh se postulan como los verdaderos autores de la famosa obra). Rep juega con la idea de mímesis: si el arte está imitando la realidad, entonces debe haber un modelo real por allí que inspiró cada obra de arte. Esta fantasía da lugar a muchas escenas plagadas de humor, como la de un modelo con múltiples miembros que habría inspirado El hombre de Vitruvio de Da Vinci, el dedo alargado de Modigliani con el cual mide los cuellos, o las modelos de Picasso, Matisse y Toulouse Lautrec, que se pasean por una pasarela como si el pintor no hubiera hecho más que reproducir las singulares mujeres que se exhiben ante sus ojos. En esta misma línea encontramos a Dalí reproduciendo el sueño de alguien que duerme.

También sobrevuela la idea de que el mundo queda inmóvil ante la mirada del pintor: una ola o los personajes del cuadro de Brueghel le piden permiso al maestro para moverse como si el arte no hiciera más que captar ese momento petrificado. Una atormentada cabeza llena de clavos sirve como modelo para la publicidad de Geniol; este y tantos otros ejemplos reflexionan sobre este movimiento entre ficción y realidad. ¿Es el arte el que imita la vida? ¿O podríamos arriesgar la hipótesis de Oscar Wilde de que, por el contrario, la vida imita al arte? Como dice Régis Debray en Vida y muerte de la imagen, en referencia al antiguo arte mortuorio, “La «verdadera vida» está en una imagen ficticia, no en el cuerpo real”.

Otro fragmento del citado libro de Debray también nos sirve para abordar la dupla ficción y realidad tan presente en esta muestra. Este autor relata la anécdota de un emperador chino que pidió al pintor de su corte que borrase la cascada que había pintado en la pared porque el ruido del agua no le dejaba dormir. Del mismo modo, el humorista gráfico imagina que la mujer de De la Vega le pide a él que apague su cuadro porque no la deja dormir. Los personajes de las obras que aquí se retoman también tienen vida propia. Estos personajes adquieren autonomía y desbordan los marcos que los contienen. Como sugiere el trabajo con la imagen del cuadro La libertad guiando al pueblo de Delacroix (donde un presidiario se escapa de la pintura y grita “libertad”) o el gaucho de Molina Campos que escapa de su lienzo y se muda a otra pintura con su china. Rep imagina universos que prolongan las obras de los artistas en sus vidas (o que las han originado), como una caótica y laberíntica casa de Escher. Si Cortázar concibe la continuidad de los parques como la intromisión de ese mundo ficticio en lo real, podríamos pensar que Rep concibe o sugiere la continuidad de las pinturas, la extensión de ese mundo imaginado del arte, que se cuela entre nosotros.

Por medio de estas obras, los espectadores podemos también imaginar cómo nacieron los colchones con mapas de Kuitca o los ratones de Mickey Mouse. Porque este dibujante nos acerca aquello que parece lejano y nos introduce, sin más, en los entretelones del arte, nos abre una grieta para que nos asomemos y podamos desautomatizar la mirada, correr el velo de lo evidente para ir más allá, como si miráramos el reverso de un cuadro y descubriéramos en él un mundo paralelo. Y, más que nada, Rep nos hace una invitación a jugar con él, no postula verdades; sugiere interpretaciones, esboza explicaciones fantásticas a aquello que es inexplicable (como el origen del arte o del mundo).

Sacar las imágenes de su contexto original, recontextualizarlas, idear otro entorno donde puedan adquirir nuevos significados, esto es lo que lleva a cabo este artista autodidacta. Clásicos de nuestra cultura se ven alterados, intervenidos. Este es el caso de Sin pan y sin trabajo y de El despertar de la criada. Porque, en el arte, cada artista organiza el mundo según su visión, Rep acompaña esta visión y la despliega, la exagera, o la interpela, fuerza sus límites y la resucita con otros cuerpos.

Asimismo, esta muestra (ordenada según distintos ejes temáticos) puede tomarse como un viaje por la historia del arte, que arranca con alusiones al arte prehistórico, se detiene en artistas fundamentales de distintas épocas y llega hasta la muerte del arte de caballete, el nacimiento del arte pop, el de objetos y las instalaciones. Estas piezas se apoyan en sobreentendidos, como, por ejemplo, sucede con el humor de Woody Allen en Medianoche en París, donde el director también parte de referencias culturales que deben ser conocidas por el espectador para entender los chistes.

Aquí la propuesta es recobrar la ingenuidad y reír dentro de un museo, romper con la solemnidad que suele caracterizar este tipo de espacios. Parecería que en el fondo de cada pieza hay una pregunta, esa perplejidad; ese estado de búsqueda permanente que anima el espíritu artístico se hace presente en esta exhibición. Y, si hay una respuesta, esta llega de la mano de la risa.

La muestra se extiende hasta el 3 de agosto en el Museo Nacional de Bellas Artes, Av. del Libertador 1473.