Al natural, el desnudo en escena

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Al natural es una comedia atípica: los personajes representan sus roles totalmente desnudos. Por supuesto, hay una razón relacionada con el argumento ya que Renato y Alí, dos hermanos, se reencuentran después de dieciséis años en una enorme casa que ambos recibieron como herencia, donde el primero lleva a cabo su proyecto de una posada nudista.

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Cuando las luces del escenario se encienden, los espectadores nos encontramos de golpe con la desnudez, y lo que al principio impacta termina siendo algo lógico, espontáneo, normal dentro del devenir de la historia. Antonela Lo Giudice, una de las actrices de la obra, nos cuenta cómo fue la experiencia de lograr que los desnudos se vean tan naturales: “Yo fui la primera en desnudarme. En uno de los primeros ensayos, mientras probábamos nuestros personajes aún vestidos, yo ingrese con uno de mis parlamentos, y como mi personaje me lo permite, de manera loca me fui sacando la ropa. Así rompimos el hielo. Ya el siguiente ensayo fuimos desnudándonos todos. Creo que fue por la buena onda y la confianza que hubo entre el elenco que se pudo procesar rápido el hecho de que nuestro vestuario sea nuestro propio cuerpo sin ropa”.

Como comedia de enredos, Al natural tiene las características que definen este subgénero: un escenario reducido que suele ser un ambiente de una casa o de un hotel –en este caso es la sala de estar de la posada nudista–; la necesidad de los protagonistas de permanecer por un tiempo en ese espacio hasta que se resuelva determinado hecho; la presencia de equívocos; la continua entrada y salida de personajes que, a su vez, son reconocibles y estereotipados –en la obra están el hermano bueno y el malo, el abogado, la turista, el fotógrafo y la periodista, retratados a partir de alguna característica que los identifica–. Salvo Alí, que presenta cierta evolución, el resto solo presenta variaciones de esa faceta que los define como personajes planos.

Abordar una comedia, además, implica tener en cuenta ciertos supuestos de los que parte el autor, pero también el director: el conflicto comúnmente es generado por un vicio de carácter de uno de los protagonistas. La ambición de Alí, en el caso de Al natural, es la que desencadena las diferentes situaciones que provocan la sonrisa del espectador. Pero este vicio, a su vez, debe ser castigado para restituir el equilibrio y lograr un final feliz. Alcanzar este final, en ocasiones, implica recurrir a soluciones mágicas que los griegos ya contemplaban: el deux ex machina, un elemento externo que resuelve una historia sin seguir su lógica interna, y del cual se vale Al natural. En el medio de todo esto, abundan las hipérboles de todo tipo, los juegos de palabras y la gestualidad. Cabe preguntarse cuál es el límite con el cual trabaja el director a la hora de marcar gestos, tics, o exageraciones en los tonos de voz. En algunos momentos, hay cierta sobreactuación en algunos personajes, aunque esto se entiende si pensamos en el propósito manifiesto de acentuar los rasgos que hacen a una comedia de enredos.

Alexander Pifano tiene clara cuál es la finalidad del espectáculo: “Uno de nuestros principales objetivos es lograr que el espectador se olvide del desnudo y lo tome como algo totalmente natural. Apostamos a cuerpos fuera de la perfección modelada. Esta obra nos enseña a reflexionar sobre la relación que tenemos con nuestro propio cuerpo desnudo. Ya que una de las filosofías del naturismo es desear sentirse en concordancia con la naturaleza, saber apreciar a los otros sin la coraza de la vestimenta”. La reflexión sobre la desnudez y nuestra relación con el cuerpo ocupa un lugar importante en la obra, pero esto queda un poco forzado porque Al natural termina transformándose en un panfleto a favor del nudismo. Argumentalmente, el autor podría haber explotado un poco más la característica de comedia de enredos, aunque se nota que su intención fue más bien apostar a una defensa de la vida natural, y la del director, reforzar los pasos de comedia.

La puesta en escena se apoya en la iluminación y en la música que acompaña cada una de las secuencias. Esto es lo que le da a la comedia el ritmo que la caracteriza, aunque a veces hay algunos desajustes entre estos elementos y la actuación de los personajes, propios de una obra que recién se estrena y que irá encontrando su tiempo propio. Resulta más difícil trabajar el ritmo de una comedia que el de una obra dramática, y esto requiere mucho trabajo del director con los actores y de los actores entre sí. Acá se nota que hay un buen equipo y que cada uno irá potenciando lo que su personaje tiene de esencial. Todos son actores jóvenes, pero con mucha experiencia, y transitan este desafío con buenos resultados. Catalina Bedacarratz, Alexander Pifano, Antonela Lo Giudice, Marcos Guillermo Orange, Bruno Giacobbe, María Carolina Ospina y Miguel Haddad logran hacer creíbles ciertas situaciones que podrían haber sonado inverosímiles, y eso es un punto a favor, sin dudas.

Ficha artístico técnica

Elenco: Catalina Bedacarratz, Alexander Pifano, Antonela Lo Giudice, Marcos Guillermo Orange, Bruno Giacobbe, María Carolina Ospina y Miguel Haddad.
Dirección general y puesta en escena: Omar Ottomani
Dramaturgia: José Vicente Díaz Rojas (entrevista al autor)

Funciones: viernes y sábados de julio, a las 23.45, Teatro El Laberinto del Cíclope: México 1718 (CABA), 4-381-8223; 15 54059432
Duración: 70 minutos aproximadamente
Precio de la entrada: 100
+Info: http://ellaberintodelciclope.blogspot.com.ar/