La Primera Guerra Mundial en color

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Si nos encontrásemos en la primera semana de julio pero de 1914, hace unos días nos hubiésemos enterado del asesinato del archiduque Francisco Fernando. Como muchos, en ese momento, nos hubiésemos preguntado qué importancia tenía este sujeto, por qué tantos dirigentes se reunían para dialogar sobre nuestro futuro como si se tratase del apocalipsis, y finalmente, qué ocurría en los Balcanes.

La situación en los Balcanes era tensa…Según el historiador Eric Hobsbawm, los Balcanes eran “el polvorín de Europa” ya que en esta región multiétnica se disputaban dos imperios: El Imperio Austro – Húngaro y la Rusia zarista (el Imperio turco, que durante mucho tiempo tuvo bajo su poder estos territorios, estaba en desintegración).

Se debe tener en cuenta que ya para 1907, estos estados estaban respaldados por alianzas. Por un lado, la Triple Alianza (promocionada por el canciller Otto von Bismarck en 1882) conformada por Alemania unificada, el Imperio Austro – Húngaro e Italia (que luego tomará una posición anti- alemana en 1915 cuando es dominada por Austria). Por otro lado, la Triple Entente conformada por Francia y Rusia (aliadas desde 1891) y sorpresivamente, Inglaterra ya que había mantenido relaciones tensas con ambos países (con Francia desde 1688 y por Egipto; y con Rusia por la cuestión oriental).

La chispa que desató el gran incendio, como ya se mencionó, fue un asesinato. Específicamente, un regicidio. Quien murió la mañana de 28 de junio fue Francisco Fernando, heredero del Imperio Austro-Húngaro. Quien tiró del gatillo fue un ultranacionalista serbio en las calles de Sarajevo.  Sarajevo era la capital de Bosnia-Herzegovina que quería independizarse del Imperio Austro-Húngaro (que la había anexado en 1908) y unirse al estado independiente de Serbia para crear la Gran Serbia (confederación balcánica de naciones eslavas). Ante las sospechas de que éste último estado estuviese implicado en el hecho, Austria – Hungría envió un ultimátum (so pena de declaración de guerra) en el que establecía que la justicia imperial debía juzgar a los culpables y que la policía austro-húngara debía investigar el caso. Serbia contestó movilizando tropas y alegando que el documento violaba su soberanía. El 28 de julio, Austro-Hungría declaraba la guerra a Serbia.

Hasta aquí, podemos ver que Europa estaba dividida en bloques opuestos y que las reivindicaciones nacionalistas en los Balcanes jugaron un rol importante (podríamos llamarlo “disparador”) en el inicio de la Gran Guerra. Sin embargo, según el historiador David Stevenson, la causa del conflicto bélico fue el desarrollo de una carrera armamentística. Con la segunda Revolución Industrial en la que se desarrollaron (además de utilizarse nuevas fuentes de energía – petróleo y electricidad-), las industrias químicas y siderúrgicas, los estados competían por quien tenía más y mejores armas; aumentaban su gasto militar y desarrollaban sus industrias de armamento. Mientras que Inglaterra buscaba mantener el status quo, Alemania se levantaba como fuerza militar e industrial dominante rivalizando con la flota naval inglesa.

Según Hobsbawm, el imperialismo fue lo que produjo la Gran Guerra, la necesidad de expandirse económicamente, buscar nuevos mercados de consumo y de materias primas. Francia buscaba recuperar Alsacia-Lorena (importante zona industrial) que había sido anexada por Alemania. Como ya se mencionó, Austria – Hungría había anexado Bosnia – Herzegovina en 1908 pero Rusia, protectora de los eslavos del sur, debilitada por la Guerra Ruso-Japonesa no pudo evitarlo. (Es más, si miramos un poco más atrás, la situación internacional ya estaba deteriorada porque en 1911, otro conflicto amenazó la estabilidad del mundo. Por Marruecos, se enfrentaron Alemania y Francia y Gran Bretaña amenazó con entrar en guerra apoyando a Francia). Por otro lado, si bien Gran Bretaña y Francia poseían más colonias que el resto de los estados beligerantes, Alemania sostenía un plan de colonización.

Situándonos en el año 2014, todos los países involucrados hoy conmemoran los cien años del estallido de la Primera Guerra Mundial. Por este motivo, en el Centro Cultural Borges, se ha organizado una muestra fotográfica, realizada en colaboración con la Galerie Bilderwelt de Berlín. Lo excepcional de esta muestra es que en ella se exhiben por primera vez en Argentina imágenes en color de la Gran Guerra. Imágenes que hasta hoy se habían visto en blanco y negro.

Las  fotografías a color se obtuvieron a través de placas de vidrio Autochrome o autocromas. Estas placas (que constaban de un mosaico de microscópicos gramos de almidón sobre una base de película blanco y negro) fueron creadas por los hermanos Lumière en 1903 y comercializadas de manera limitada en 1907. Sin embargo, por solicitud del ejército, varias fueron tomadas para propaganda o para formar parte del archivo militar.

De las paredes del Centro Cultural Borges cuelgan 106 piezas únicas. Únicas porque no existen negativos para producir copias. Sus autores, entre los que pueden contarse alemanes (Hans Hildenbrand que registró las trincheras alemanas en Francia), australianos (Frank Hurley que sacó en el frente de Oriente Medio) y franceses (Jules Gervais-Courtellemont que sacó en la batalla de Marne; Léon Gimpel que tomó en las trincheras francesas, etc) retrataron en su mayoría el frente francés en 1917, en el que se decidió la suerte de la guerra, en batallas como la de Verdún, Flandes, Alsacia y Lorena.

Las fotografías (y postales coloreadas) registran la vida cotidiana en las trincheras: Cómo se afeitan, cómo se alimentan, o lo que, al fin y al cabo, fueron a hacer: matar o morir.

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El color otorga cercanía temporal a hechos que ocurrieron hace cien años. Podemos ver, también, que la guerra no fue exclusivamente masculina, sino que fue una “guerra total”; involucró tanto a hombres como a mujeres. Mientras que los hombres iban a combatir al frente, las mujeres sirvieron como mano de obra en las industrias de guerra (artillería y municiones).

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Sin embargo, la investigadora Francoise Thébaud, establece que se tomó la mano de obra femenina como último recurso, debido a que hubo varias reticencias, se incorporó de forma lenta y tardía. No obstante, para las mujeres la guerra significó una experiencia de libertad sin precedentes. Sin embargo, el fin de la guerra mostrará cuán frágiles habían sido las conquistas femeninas. Volverá a ser todo como antes pero con ciertos límites.

Para los hombres, por otro lado, representó un fuerte traumatismo, casi una “crisis en la masculinidad”, al verse heridos, golpeados, mutilados, estériles. Existen casos de  grupos feministas que buscaron combatir y que fueron acusadas de “renegar” de su sexo y “copiar” a los hombres. La guerra, dice Thébaud, por este motivo, daba la impresión de una inversión de los roles.

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Mientras tanto, la prensa continuó representando a la mujer en sus actividades tradicionales. Es decir, como enfermera, dama de caridad, etc. Se continuó asociando a la mujer como madre salvadora y consoladora.

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En suma, vale remarcar dos aspectos a tener en cuenta de la exhibición. Por un lado, las llamativas fotografías de las batallas en el Oriente Medio donde se batieron a duelo ingleses y franceses (y sus respectivos súbditos provenientes de sus colonias) contra el Imperio Otomano. En una de ellas, se puede observar al Imperial Camel Corps formado en pleno desierto palestino. La imagen, aún analizada en su contexto, es sorprendente: Los extravagantes jinetes son australianos, batallando por el Imperio británico, contra las tropas turcas, en las arenas de Palestina. Orígenes y motivos, se entrecruzan en una miscélanea internacional como también ocurre en la fotografía en la que aparecen soldados hindúes al servicio del imperio británico.

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Por otro lado, son interesantes las fotografías en las que aparecen niños. Poco se ha escrito sobre el rol de la infancia en este conflicto. Sabemos que varios niños quedaron huérfanos (y varias madres, viudas) pero cabría indagar en la idealización de los soldados en el discurso nacionalista de la época y de qué manera influyó en materia educativa, entre otros temas.

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La Gran Guerra se cobró la vida de más de 10 millones de personas…Uno de los países más afectados por los violentos combates fue Francia, lugar en que se tomaron la mayoría de estas fotos. Paradójicamente, se creyó que el enfrentamiento iba a durar poco pero terminó desgastando a los involucrados por  cuatro años. Fueron arrasados campos de cultivo, carreteras, fábricas y pueblos enteros… Hoy sólo quedan la memoria y varias tumbas. Como dijo un sobreviviente de guerra: “Cuando se ponga el sol y cuando salga los recordaremos. Muchas veces me pregunto si los sacrificios que hicimos valieron la pena. Nos han condenado los años”.

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La muestra “La Gran Guerra en color” se puede visitar hasta el 27 de julio, de lunes a sábado de 10 a 21 horas, en la Sala 23 (Pabellón II) del Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín)