Seinfeld: 25 años

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Tengo grabado en vhs el último capítulo de Seinfeld que transmitía en ese momento Sony Television en Argentina. 1998. Hacía 9 temporadas (desde 1989) que la serie se había convertido en una de las marcas raras de los ´90. Seinfeld iba mejorando con el tiempo y se empezaba a convertir en uno de esos programas de TV a los que se volvía (y se vuelve) siempre descubriendo nuevas cosas. En 1998 no existía youtube, claro.

Como se sabe: en la tele lo mejor siempre está en otro canal. Para el vértigo que se simula con el zapping, lo mejor siempre está en potencia. Todo lo que sucede, que es mucho y permanente, no permite el tiempo de la digestión. Por lo cual era ya de por sí extraño que Seinfeld nos detuviera durante los 30 minutos que duraba para mirar a esos 4 amigos enfrentar dilemas básicos de la vida cotidiana.

En aquellos lejanos primeros capítulos del debut en la NBC, los unipersonales de ese desgarbado cómico neoyorkino Jerry Seinfeld funcionaban como estructura y presentacion de situaciones que se desarrollaban en el sitcom. Más tarde, en los últimos capítulos, se daba por entendido de qué trabajaba Seinfeld, que ya ha adquirido mucha notoriedad, y se obvia muchas veces el show para centrar la atención en lo que pasa en su living, el baño, o en la cafetería de la esquina.

Mientras en algún otro canal alguien moría decapitado, a George, el subvalorado amigo de Jerry, un desconocido lo para en la calle y le pide que cuide un minuto una valija (sólo un tonto haría eso!, le dice Jerry) El desconocido no aparece, George se queda con la valija y comienza a usar la ropa: sin querer parece un turista, y como tal conoce a una chica que lo guía por la ciudad -Es ideal!, le dice a Jerry -no tomo decisiones, vamos donde ella quiere y cree que soy inteligente-. George tiene una necesidad superior de autodefinirse como una persona mejor, empezar de cero, pero en el parecer de los demás. Como esa vez cuando se enamoró de una joven y atractiva reclusa: sin reclamos, ni salidas. Claro que cuando ella es liberada… todo cambia.

En Seinfeld a nadie nunca le pasaba nada. Lo que funcionaba como slogan tambien funcionaba como narrativa. Si no pasaba nada era porque la vida estaba conformada por nanomomentos, sistemas de microrelaciones, en los que subyacía una cierta filosofía de la solidaridad o las relaciones humanas basadas en la amistad,  la ética, o el sentido de las buenas acciones o las malas. Una dialéctica que alimentaba lo absurdo y lo  pequeño de una clase social urbana recluida en pequeños departamentos con pobres aspiraciones de supervivencia.

Me gusta Seinfeld me gusta cada vez más, aunque haya pasado mucho tiempo de su final.

 

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