Lolita y el guión anotado por Nabokov para Kubrick

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How did they ever make a movie of Lolita?” se preguntaba en el póster de estreno para la película de 1962. La novela había sido recibida con tal controversia en 1958 que hacía difícil imaginar que alguna aclaración pudiera venir de la mano de una adaptación al cine. De todas formas, la adaptación de Stanley Kubrick en 1962 no fue más controversial que el libro, y todas las críticas que apuntaban en este sentido eran un eco de aquellas en 1958. En la película no se ven las escenas sexuales entre Humbert Humbert y la joven Lolita narradas en el libro, dejando a la obra de Kubrick dentro de la obsesión de su protagonista y valiéndose de esa atmosfera para permanecer como un film único.

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El problema de las adaptaciones de obras maestras o clásicos – que en el caso de Lolita, en 1962, todavía era más bien una cuestión de engañosa controversia entre el complicado tema de la obra y el talento de Nabokov –, es que estos ya han sido revisados e identificados por sus particulares características al punto de que la adaptación no resiste a la versión mejorada que el tiempo hizo de la obra a través de la crítica y el boca en boca. Para el genio creativo, la idiosincrasia es como el trazo que un gen parece dejar sobre una persona, marcando los rasgos faciales y aptitudes para la vida hasta que el destino final parece ser una descripción de sí mismo. Cuando se tienen dos genios del tipo de Nabokov y Kubrick trabajando sobre una obra cuya recepción todavía vive la ebullición de su controversia, el riesgo es que las particularidades se conviertan en un conjunto de exuberantes detalles sin sentido que atenten contra su armonía.

Stanley Kubrick convenció a Nabokov de que fuera él mismo quien escribiera el guión. Y así lo intentaron durante unos meses, con reuniones semanales en las que Kubrick le contaba a Nabokov sobre sus intenciones para llevar el libro a la pantalla y Nabokov actualizaba a Kubrick sobre sus nuevas invenciones en el guión. Aunque Nabokov recordó del proceso que el director aceptaba sus mayores condiciones mientras él aceptaba las menores preocupaciones de Kubrick. De todas formas, el director no siguió el guion durante el rodaje. Dejo que los actores improvisaran (lo que derivó en una de las mejores actuaciones de la carrera de Peter Sellers), cambió la estructura narrativa que tenía la novela y utilizó la narración en primera persona de Humbert Humbert solo al principio de cada acto – mientras que en la novela esa voz es determinante al encontrar la obsesión del Humbert Humbert en el contrapunto del lenguaje lírico aplicado a la descripción de su actividad pervertida. Pero a Nabokov terminó no molestándose por estos cambios: “Unos días antes, en una proyección privada, tuve que reconocer que Kubrick era un gran director, y que ‘Lolita’ era una película de primera clase con magníficos actores, y que solo algunas partes y curiosidades de mi guión habían sido utilizadas.”

El director David Lynch reconoce a la Lolita de Kubrick como una de sus películas favoritas por su capacidad de crear un ambiente que le es propio, un mundo. Y así, como Humbert Humbert buscando a su Lolita, como Nabokov y su afición por el estudio de las mariposas, la pasión es proyectada sobre la idea del ejemplar único, en este sentido “Lolita” lo es para cualquier cinéfilo.

Acá están las páginas anotadas del guion que Vladimir Nabokov siempre pensó que debía ser publicado como “una nueva versión de un viejo libro”.

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