No se dice Mamushka, Karina Wainschenker

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Desde el título hasta el argumento, desde los personajes hasta la estructura, la novela de Karina Wainschenker sorprende en más de un sentido. No se dice Mamushka es una historia de amor entre Olga y un zombi, Mavorte: un amor doloroso e imposible como tantos otros de la literatura.

Los lectores del siglo XXI estamos acostumbrados a los experimentos narrativos: sabemos de narradores múltiples, de búsquedas a través del lenguaje, de historias donde la anécdota se adelgaza para que los procedimientos técnicos queden en primer plano. Sin embargo, no siempre asistimos a una trama sólida, con un conflicto claro, que se nos ofrezca paralela a un cuidadoso trabajo con la forma. En este sentido, es destacable la relación entre fondo y forma, ya que los lectores nos sentimos atrapados por saber qué pasará entre Olga y Mavorte, pero también nos sorprendemos por la estructura que Wainschenker eligió para contarlo: una combinación muy lograda entre obra teatral, ópera y narrativa.

No se dice mamushka

No se dice Mamushka es una novela dividida en tres actos, cuyas escenas son monólogos, recitativos, cavatinas, romanzas, duetos, es decir una mezcla entre teatro y ópera. Cada acto, a su vez, se corresponde con los momentos de una narración: marco, complicación, resolución. Al respecto dice la autora: “En medio del proceso, tenía mucho material y no sabía muy bien cómo iba a estructurarlo. […] Investigando sobre las Rusalkas, ninfas acuáticas de la mitología eslava y sobrenombre del personaje de Olga en la novela, me encontré con una ópera titulada así Rusalka, de un compositor checo, que estaba dividida en actos. La idea de algo operístico me pareció que iba con los personajes, con este lado exagerado que tienen en el modo de vivir sus emociones más íntimas, un lado que roza lo melodramático. Además, la estructura de ópera me fue útil porque en ella pueden convivir distintos registros”.

Los variados registros con los que trabaja la novela provienen no solo de la estructura operística, sino también de la presencia de textos que van desde entradas de Wikipedia o de blogs con personajes de la mitología eslava; transcripciones de chats o de mails, hasta narraciones tradicionales, en las que Anna –la amiga de Olga– nos contextualiza la historia y nos da la visión desde afuera.

Lo virtual juega un papel muy importante en la novela y se relaciona un poco con el título: las mamushkas son unas muñecas tradicionales rusas, cuya originalidad consiste en que se encuentran huecas por dentro, de tal manera que en su interior albergan otras muñecas. Dentro de la novela, cada acto contiene escenas que, a su vez, despliegan diferentes puntos de vista que dialogan entre sí; que van armando un collage con las vivencias de los personajes, con sus peculiaridades, con sus maneras de expresarse. El texto en su totalidad es una mamushka, y los lectores nos sorprendemos de todo lo que descubrimos en cada una de sus partes. La presencia de la mitología, a su vez, permite un nuevo nivel de lectura que eleva la historia a una categoría atemporal.

En cuanto a los personajes, es imposible no enamorarse un poco de Mavorte o no sufrir con Olga. La exploración de los sentimientos de la protagonista es de una profundidad impresionante y tiene mucho de la tragedia griega en cuanto a la idea del destino como algo inevitable. Olga no puede escapar de un amor que ocupa toda su vida y que la determina. Con respecto a este amor, la autora logra hacer absolutamente verosímil la presencia del zombi porque, como afirma Juan José Saer “la ficción no solicita ser creída en tanto que verdad, sino en tanto que ficción”.

Más que recomendada No se dice Mamushka, un texto donde confluyen la música y la literatura, lo tradicional y lo original, lo personal y lo universal.

Ficha técnica

No se dice Mamushka, Karina Wainschenker, Milena Caserola, 2013, 182 págs.

Karina Wainschenker: cursó la carrera de Artes Combinadas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA). También se formó en actuación, danza, y dirección teatral. Realizó talleres de literatura, escritura, guión y dramaturgia.