Diana Bellessi en La Boutique del Libro

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Hablar de Diana Bellesi (1946) es hablar de una de las grandes poetas argentinas, a la que todavía tenemos la posibilidad de ver, de escuchar, además de participar de ese magnetismo que irradia a través de la lectura de sus poemas.

El miércoles 11 de Junio se presentó, dentro del ciclo Mujeres que son ciclones, en la Boutique del Libro en San Isidro. A sala colmada, Ana Cerri, poeta, amiga de Bellesi y organizadora del ciclo, hizo la presentación de la que fue la primera visita de Diana a ese lugar. El ciclo lo completaron Selva Almada, Alejandra Laurencich y Liliana Bodoc, que se presenta el próximo miércoles 18 de Junio. Diana Bellesi fue la única poeta y por eso mismo era imprescindible realizar una visita a dicho ciclo en general y a ella en particular. Autora de innumerables títulos, podemos nombrar Destino y Propagaciones (1970), Tributo del mudo (1982), Eroica (1988), Mate Cocido (2002), La Edad dorada (2003) y Zavalla con z (2011).

Luego de la presentación de Ana Cerri, Diana Bellesi comenzó la lectura del primero de los doce poemas de la tarde. “Espero que aguanten la lectura o si no me dicen y saco algunos”, dijo con su voz suave entre risas cómplices. Desfilaron “Destino”, “El hueco”, “Como una espina dulce”, “Éxtasis”, “Cabritas” y el más emotivo: “La Desaparición de Talita Kumi” y luego su segunda parte “El Regreso de Talita Kumi”; una díada en donde Bellesi explora al máximo el dolor de haber perdido a su perra y la alegría de haberla encontrado tres días después.

La poeta, luego de la lectura, realizó una disertación en donde habló de las vanguardias del siglo XX y criticó su permanencia en el imaginario literario como beneficiosa —al que, sin embargo, no le quitó mérito— y que fue, según su punto de vista, totalmente contraproducente. “Me alegro de que nos hayamos librado de ellas”, dijo con énfasis. “Como experimentación con el lenguaje estuvo bien, pero volvamos al Romanticismo, por favor”, dijo a modo de súplica. “Hay que volver, de hecho está sucediendo, a una poesía más centrada en la emoción. Después de la crisis del 2001 algo le pasó a la poesía argentina”, reflexionó. “Retomamos las mejores cosas del Romanticismo. Keats estaba allí, Blake estaba allí”, decía eufórica, y para rematar ironizó: “Por suerte yo me formé con la poesía del Siglo de Oro español”.

No conforme con ello siguió:  “La poesía es un género tan sencillo como la narrativa, pero usa algunos procedimientos que requieren una contemplación extrema para poder tocarlas, sentirlas. Con la poesía vanguardista sucedió que, criado dentro del realismo, un día te despertás, ves algo contemporáneo, del siglo XX, y no sabés qué es lo que estás viendo. Eso pasó en las décadas del 30 y del 40 —pleno auge del dadaísmo, el cubismo, el surrealismo—en el que la poesía no convocaba. Las vanguardias ahuyentaron a ese público masivo que se arremolinaba con el Federico García Lorca de los 20”.

Bellessi habló de los poetas jóvenes y aseguró que los leía con gran interés. “Están empezando un nuevo ciclo más centrado en las sensaciones, sin tanta abstracción”, afirmó.

Y hablando de su proceso creativo deslizó algunas curiosidades. “A veces suplanto una coma por el corte del verso. La cadencia, el ritmo, la música del poema son tan importantes como las palabras que encierran. Nunca pongo punto final. La poesía requiere de una lectura exigente. Hay que estar entero y entregado. El poema hace algo muy loco con el tiempo y exige al que lee que también haga esas mismas cosas locas. Nunca se entiende todo el poema, sino que uno se deja llevar por la música, por la cadencia. Por eso digo que muchos de los que me escuchan no entienden algunas cosas que digo, pero para eso está la música de los versos. A veces digo que la poesía es la hija tonta de la literatura porque es la pequeña voz del mundo. Es esa vocecita de la escritura, la que se fija en lo que a nadie le importa; esos pequeños detalles en donde se demora”.

Bellessi habla y quiere saber cómo se llama el que le pregunta, lo busca, lo mira, interactúa con el público de una manera curiosa. Le preguntan sobre sus maestros. “Tuve muchos”, dice. “Aldo Liva, Madariaga, Orozco, Vallejo”. Le preguntan sobre su relación con los místicos. “Bueno”, piensa, “Juan de la Cruz fue uno de ellos. Cuando uno se cría en el campo, en medio de la naturaleza, como yo, tiene una relación mística con el entorno y no tiene por qué ser religiosa, pero Juan de la Cruz fue una de mis influencias”.

Habló de la película Jardín Secreto (2011). Un proyecto que tres directores jóvenes (Cristian Constantini, Diego Panich y Claudia Prado), le propusieron—como en su momento se había hecho con Saer y el documental Retrato de Juan José Saer— filmarla en su vida cotidiana, sus traslados desde Santa Fe a Buenos Aires, su estadía en las islas del Delta. “Fue maravilloso”, dijo, “casi no me di cuenta que me estaban filmando para una película”. La película tuvo una buena recepción y se proyectó en innumerables lugares como en el Malba, el cine Cosmos, el Centro Cultural de la Cooperación y en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

La editorial Adriana Hidalgo recopiló, en el 2009, la obra completa de Diana Bellessi en una edición de más de 1200 páginas. Una curiosidad y una apuesta audaz para un género que tiene un mercado más reducido que el de la novela. Así y todo, Tener lo que se tiene es una excelente aproximación a la obra de esta gran poeta, con sus “animalitos”, como a ella le gusta decir, con sus cantos a la naturaleza, a la soledad, al silencio. Hay algo que gime en sus poemas algo de cristal herido, de sangre seca, de barro, de tormenta. A la vez su poesía es pacientemente dulce, poblada de diminutivos, apócopes de la intimidad popular en el seno de versos frágiles que esplenden rítmicos, cantados.

La autora apela a los sonidos del campo, del agua, de las mañanas y los atardeceres con onomatopeyas que parecen salirse desde las mismas entrañas de la estructura lírica. Al fin de cuentas, ¿qué otra cosa es la onomatopeya sino una negación de la lengua dentro de sí misma, negación del sentido como concepto y afirmación de algo percibido por los sentidos?

En un momento Diana Bellessi dijo: “Cuando nada pasa, pasa la poesía”. Y, es verdad. Con más de veinticinco libros editados, Premio Konex a la trayectoria artística en dos quinquenios seguidos, Beca Guggenheim a la poesía, entre otros lauros, demuestra que cuando ella pasa, no solo pasa la poesía sino, por suerte, pasa el reconocimiento a una de nuestras grandes artistas de la lengua española.