Carlos Gorostiza, siempre vigente en Los hermanos queridos

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Con la dirección de Lizardo Laphitz, Los hermanos queridos pone en escena la espera de Pipo y Juan, cuyas esposas han planeado su reencuentro después de varios años de distanciamiento. Seis personajes coexisten en un mismo espacio y tiempo escénicos, aunque las dos familias dialogan entre ellas como si los otros no estuvieran presentes.

La acción se desarrolla en el patio que pertenece a la casa de Juan y a la de Pipo al mismo tiempo. Una mesa que aguarda la cena familiar, una mecedora a la izquierda del espectador y una mesita con un tablero de ajedrez a la derecha conforman la escenografía que se completa con una fila de sillas al fondo donde los personajes se sientan antes de cada entrada. Todo esto permite que las situaciones se repitan con variantes en cada una de las familias para mostrar que en las dos casas los personajes transitan por similares conflictos. Estos muebles no están elegidos al azar y el espectador irá develando cómo se relacionan con lo que ocurre en escena.

Los hermanos y sus esposas están en la misma espera, con la misma ansiedad, con el mismo dolor, lo que le da a la obra una dimensión simbólica. Al respecto afirma el director: “A partir de este texto, tengo una vez más la posibilidad de hablar de estos temas que permanentemente me hacen reflexionar sobre el modo en el que vivimos, luchando contra nuestra incapacidad de vernos, oírnos y aceptarnos tal cual somos; exigiendo respuestas ideales y no reales. Si bien estas dificultades son universales, Carlos Gorostiza nos invita a ser partícipes de esta intimidad familiar que nos enfrenta con nuestros propios egoísmos emocionales”.

La incomunicación, el individualismo, la intolerancia, la traición, el fracaso son algunos de los temas que se actualizan en los diálogos y en las relaciones entre los personajes, pero sin caer en el melodrama. En este sentido, el humor permite aflojar situaciones, cortar la tensión que se genera y remontar el dolor que sienten los protagonistas. Sin dudas, Pipo es el que recurre más al humor, aun en los momentos más dramáticos, por lo que en él recae el verdadero sentido tragicómico de la obra.

Las actuaciones son parejas, pero tanto Pipo como Juan se llevan el mayor aplauso del público por lo bien que manejan los diferentes momentos de sus personajes: si bien ambos tienen una personalidad que los define, pasan por distintas circunstancias en las relaciones con el resto de los personajes y consiguen configurar variados matices que los alejan de los estereotipos. En un teatro como este, donde el argumento es todo, los diálogos son muy importantes, y el autor los trabaja de manera magistral manteniendo la tensión, el ritmo, y manejando los silencios. La puesta reafirma esto al sincronizar con exactitud cada uno de los parlamentos para que el espectador perciba en todo momento que hay dos familias en escena y que, a pesar de la presencia constante de la palabra, la incomunicación es la gran protagonista.

Con un teatro casi lleno, Los hermanos queridos nos demuestra la absoluta vigencia de la propuesta de Carlos Gorostiza.

Funciones: sábados, a las 20.30.
Teatro La Máscara: Piedras 736 (CABA)
Informes: 4307-0566
Entradas: $100

Ficha artístico técnica

Elenco: Norberto Gonzalo, Alejandro Fain, Nora Kaleka, Silvana Sabetta, Marianela Ávalos y Gabriel De Coster
Escenografía y vestuario: Lucía Trebisacce y Carlos Bustamante
Gráfica y fotografía: Ramiro Gómez
Asistente de dirección: Patricio Gonzalo
Dirección: Lizardo Laphitz
Dramaturgia: Carlos Gorostiza