10 años después: La omisión de la familia Coleman

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Luego de diez años de recorrido La omisión de la familia Coleman, la reconocida obra de Claudio Tolcachir, se instaló en  Paseo La Plaza. Una pieza interesante que lleva a construir una serie de reflexiones sobre su historia y actualidad.

 Resulta particularmente difícil intentar describir, analizar y repensar un suceso que ha sido cruzado por tantas miradas y experiencias. Un hecho artístico que ha trascendido incluso fronteras, avalado siempre por un público que lo acompañó llenando las salas y dedicando innumerables aplausos y elogios. Hoy La omisión de la familia Coleman ya no puede ser pensada simplemente desde su faceta escénica, sino que se nutre de todo ese recorrido que también repercute sobre lo que se observa en las tablas.

En diez años la obra ha atravesado, sin dudas, un proceso de maduración, de renovación y ha mutado, nutrida de todas las opiniones que se vertieron sobre ella, de la  superación de los conflictos que tal vez surgieron en ese viaje, de la experiencia acumulada, de compartir múltiples escenarios con una misma propuesta, del crecimiento personal y profesional de cada uno de sus integrantes y de observar como poco a poco esa obra se iba convirtiendo en un fenómeno.

Sin dudas, ese proceso de cambio ha sucedido también en los espectadores, aquellos que tuvieron la oportunidad de ver la obra en la intimidad de Timbre 4, en sus inicios o en algún punto de su recorrido y hoy asisten a ese homenaje que se le brinda en Paseo La Plaza, un público que probablemente ha desarrollado distintas miradas sobre esta pieza de acuerdo a sus propias experiencias y a todo lo sucedido en su interior en ese lapso de diez años.

Asistir a una función de La omisión de la familia Coleman genera en un punto un sentimiento de alivio, de tachar de la lista algo que construye la creencia generalizada de que todos la deberían ver. Esta situación se da no sólo por la obra en sí misma, sino porque también nos habla de la historia reciente de nuestro teatro, en el crecimiento  y consolidación de uno de los directores más reconocidos de la actualidad artística como Claudio Tolcachir, y fundamentalmente de un entendimiento de muchas aristas que componen la realidad actual de esta pieza.

Permanecen allí inalterables las reflexiones que plantea la obra sobre los lazos familiares y sobre la ferocidad y crueldad que se esconden en la palabra humanidad. La obra se sigue nutriendo de esa estética de lo derruido que construye no sólo a través de las actitudes de los personajes sino también a través del trabajo a nivel de vestuarios y escenografía. En ese contexto convive esa familia disfuncional que acusa al resto de todos sus males y que a la vez en la exposición de sus miserias contribuye a ese caos general que conduce a su disolución.

La pieza se enriquece de esos toques de humor negro que Tolcachir, su creador y director, perfila e introduce con precisión y calidad, involucrando además un juego constante sobre esos cruces que se generan entre realidad e irrealidad donde lo auténtico aparece disfrazado de locura.

En el escenario se observa el compromiso de los actores que ya dedicaron una parte de su alma a estos personajes cargados de cruda humanidad, que los han acompañado durante tanto tiempo. Todos ellos conocen la esencia y la forma justa de retratarlos, de componerlos y los gestos que activan y generan un lazo con el público. Personajes con perfiles particulares y distintivos, pero que a la vez se complejizan y transforman con el suceder de los hechos.

La obra se presenta actualmente en un escenario muy distinto al de sus inicios, con otras dimensiones y recursos, con otras particularidades, y hasta generalidades, que construyen matices diversos en su representación. Se pierde sin dudas ese ámbito de dura cercanía que se generaba en Timbre 4, ese sentimiento de profunda realidad se evanesce un poco en comparación a su puesta actual, porque el formato mismo de la sala nos coloca hoy frente a una distancia real, nos señala constantemente nuestra condición de espectador que admira desde su butaca un fenómeno artístico. Situación a la vez lógica considerando como se ha mencionado que ya no solo observamos la obra, sino que también asistimos a su homenaje

El trabajo en escena también cambia ante el aumento del espacio. Las dinámicas mutan y se adecúan a las potencialidades de la sala, pudiendo fragmentar el escenario para la construcción de los distintos ambientes sin necesidad de grandes movimientos de escenografía y objetos. Más allá de estos cambios se intentan conservar algunas técnicas estables desde su creación, como una interesante y destacable muestra de la pieza como un fenómeno del OFF, entre ellas la permanencia de actores en escena  emulando estar en distintos ambientes y ajenos a lo que sucede a su alrededor, casi como “apagados” esperando para volver a participar en el juego teatral.

Particularmente me opongo a creer que el éxito de esta obra se refleja en su llegada, después de tantos años, a la calle Corrientes. No se puede creer que el éxito de una pieza se dé por su paso al teatro llamado “comercial”. Justamente La Omisión de la familia Coleman ha recorrido la mayoría de su historia exitosa en el OFF, donde además se hallan sus inicios y el de sus intérpretes y creadores. Esta obra es la prueba de un suceso que se construyó desde su validez artística y no desde categorías predefinidas que construyen ámbitos de acción o visiones que limitan a un hecho cultural. Una obra que permanece vigente y que encuentra su éxito, no sólo por su virtud estética y argumental  o por la cantidad de espectadores que atrae, sino fundamentalmente por la calidad de la experiencia que cada uno de los integrantes del público se lleva de esta pieza.

 

   

Ficha técnica

Actúan: Araceli Dvoskin , Miriam Odorico , Inda Lavalle, Fernando Sala, Tamara Kiper ,Diego Faturos , Gonzalo Ruiz, Jorge Castaño Libro y dirección: Claudio Tolcachir Asistencia de dirección: Macarena Trigo Diseño de luces: Ricardo Sica Diseñadora gráfica: Johanna Wolf Fotografía: Giampaolo Samà Prensa: Marisol Cambre Producción: TEATROTIMBRe4 // Maxime Seugé y Jonathan Zak Funciones: Viernes 22hs | Sábados 19:45hs | Domingos 19hs Paseo La Plaza | Sala Pablo Picasso | Corrientes 1660 | CABA Entradas por  Plateanet | www.plateanet.com | 5236-3000 | Localidades desde $200 En facebook: La omisión de la familia Coleman – Oficial En cartel en Paseo La Plaza hasta el 6 de julio