Proyecto Posadas

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Proyecto Posadas, de Andrés Binetti, transcurre en un espacio real re significado: la Barbería La Época se transforma los viernes por la noche en campo de batalla para una historia (en dos actos), que se debate entre el pasado perdido y  un presente desolador.

 

ahora son pedacitos desparramados bajo todo el país 
hojitas caídas del fervor / la esperanza / la fe / 
pedacitos que fueron alegría / combate / confianza 
en sueños / sueños / sueños / sueños 
y los pedacitos rotos del sueño / ¿se juntarán alguna vez? 
¿se juntarán algún día / pedacitos? 
¿están diciendo que los enganchemos al tejido del sueño general? 
¿están diciendo que soñemos mejor?

Juan Gelman. Fragmento de “Nota XII” 

 

 Hay algo que se detecta en el aire: cierto abatimiento por lo que pudo haber sido y no fue, cierto desgano del sinsentido. Y eso que se percibe ahoga la risa, la deja a mitad de camino entre la carcajada y el llanto desconsolado. Entre esos cauces, entre dos tiempos históricos (tan distintos, tan dispares), entre dos actos, se mueve Proyecto Posadas.

El primer acto nos ubica en la turbulenta década del 70´. Un grupo de jóvenes militantes aguarda en una peluquería de barrio la llegada de su líder, que se retrasa, se hace desear. Es el transcurso de una espera, con los preparativos para la bienvenida pero también con sus especulaciones, sus hipótesis fallidas, sus temores y sus contratiempos inesperados; una espera que hace eco en otras esperas históricas, en otras respuestas que no llegaron.

La imagen imperceptible del ausente y las ideas de Posadas  circundan la escena. Amalia            (Malala González) explica y se convence: “Es evidente que los extraterrestres existen, si nos están visitando constantemente con sus naves interestelares que conocemos como OVNIS. Si una civilización ha llegado a un nivel tan alto de perfeccionamiento científico y tecnológico, es evidente que han llegado a las mismas conclusiones que el Marxismo.” La afirmación es disparatada pero es también un acto de fe y la certeza de que la política y la revolución, si no lo son ya, también pueden serlo. Creer o dudar es la cuestión y en ese pesar se debaten los personajes.

El segundo acto transcurre en la actualidad. Los mismos actores construyen otros jóvenes (menos comprometidos o ¿Comprometidos con qué?) que llegan a la misma peluquería en busca de material para un documental. Victoria (interpretada en el primer acto por Geraldine Lapiduz y ahora por Laura Igelko) les contará a regañadientes su historia en la militancia. No sabemos bien si algo de lo que dice llega a interesarlos. Parecen más inmersos en otros sueños más mezquinos, que conocemos a través de un recurso acertadísimo (sus voces en off nos develan esos pensamientos que los otros personajes participantes desconocen). ¿Esperan? ¿Esperan otra cosa? ¿No esperan nada?

El juego se abre y otros temas decantan de la trama: pensamos en la política, en la militancia y en los jóvenes pero también en el arte, en cómo vivirlo, cuidarlo o frivolizarlo. Pensamos en los sueños, en los otros, en la capacidad de renuncia por un ideal (Es notable que un momento se repita: el rechazo del matrimonio por motivos diferentes, por ideas diferentes).  Pensamos además que todo está muy cerca, es muy nuestro y que ese vidrio (real, literal) que nos separa de lo que acontece es un disimulo, una pequeña defensa.

La obra transcurre en un espacio real resignificado. La Barbería la Época, sita en el Barrio de Caballito, se transforma los viernes  por la noche en campo de batalla para una historia que se debate entre el pasado perdido y  un presente desolador. Los ruidos de la calle, los colectivos, la gente que pasa, la gente que se detiene y curiosea, la gente que se asusta y llama a la policía, modifican el todo, le dan un plus de verosimilitud inusitada. Adentro, en un pequeño espacio, otra gente devenida en público espía un mundo (o dos mundos) con una visión parcial (como todas), acotada por la propia ubicación.

La ironía y el humor tienen mucho de verdad. Permiten negarse a las afirmaciones taxativas  y  a los estereotipos irrefutables. Andrés Binetti lo hace una vez más, construye un texto arrollador, cargado de preguntas. La ironía y el humor lo atraviesan tanto como la belleza de las palabras; belleza que es resaltada en la puesta de Michelle Wejcman y en el trabajo de los actores, que conmueven y divierten, que exasperan y hacen temblar.

Creer en un disparate (albergar un sueño, una esperanza) quizá sea mejor que no creer en nada. Vaya a ver Proyecto Posadas y que ellos se lo cuenten.

 

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=nyJpZrekW4c[/youtube]

 

 

Ficha técnica

Actúan: Malala González, María Eugenia Álvarez, Laura Igelko, Fabián Caero, Geraldine Lapiduz, David Ledesma. Vestuario: Ana Algranati, Celina Barbieri Fotografía: María Belén Cobas Diseño gráfico: Florencia Cuello Trailer: Rodrigo González Prensa: Marisol Cambre Asistente de dirección: Yesica Wejcman Dirección: Michelle Wejcman Dramaturgia: Andrés Binetti Funciones: Viernes a las 21 hs en Barbería La Época*, Guayaquil 877, CABA. Reservas al 15.3175.1592 o vía mail: proyectoposadasteatro@gmail.com

*Museo Barbería La Época de comienzos de siglo, declarado Sitio de Interés Cultural por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y por la Presidencia de la Nación Argentina. Dirigido por Miguel Barnes, “El conde de Caballito”.