Golde Flami, una chica idish en el reparto

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La cita, la primera, fue en el café Alabama de Urquiza y Rivadavia, que aloja ahora un local de Farmacity. Golda Flam, tal su verdadero nombre, vivía a cuadra y media en Urquiza. “Hay dos cafés. Pero el  de la estación de servicio tiene el televisor funcionando y no se puede hablar”, dijo. Fue muy puntual y lo que iba a ser un encuentro breve se transformó en varias charlas tanto telefónicas como en su departamento. Lo que sigue es una síntesis necesaria y, hasta cierto punto,  injusta.     .

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“Yo les llamo “chicas idish” a las que somos de la colectividad y andamos en el ambiente hace muchos años. Rosa Rosen, Amelia Bence, Cipe Linkovsky,  por ejemplo. También otras que se fueron como Laura Hidalgo, María Duval  y Judith Sulian.  Hablando de esta última, nunca le voy a perdonar a León Klimovsky que no me haya llevado a Chile a protagonizar EL JUGADOR, con Roberto Escalada. Pero tengo que comenzar por el principio.

Pertenezco a una familia de judíos ucranianos. Éramos tres hermanas. Llegamos al país con mis padres en 1922 y concluido el primario tuve extensas clases de expresión corporal: trabajaba en una fábrica y tenía que estar parada muy derechita frente a las bobinas de hilo. La vocación llegó muy pronto y creo que se la debo en parte a mi padre. Desde siempre me llevó al circuito de teatro judío que en aquellos años era considerable en Buenos Aires. Era un autodidacta. Cuando estaba internado y a punto de morir le llevé un libro de Gorki y me dijo: “Es muy liviano. Ya lo leí”. Mis comienzos fueron en idish en aquel circuito y alternaba las tablas con la fábrica. Los años 30 fueron realmente muy difíciles, aún cuando habíamos podido mudarnos de Nueva Pompeya a Villa Crespo. Oficialmente me integré al teatro IFT y tuve buenos maestros. Entre mis compañeras recuerdo a Yordana Fain y a la madre de Raymundo Gleyzer, Sara Aijen.  Mi mayor defecto era la excesiva contención. En teatro uno debe proyectar con la voz y el cuerpo hasta la última fila. Pero no había dinero en el IFT. A pesar de que el cine era una mala palabra, yo debía ganarme la vida más allá de la fábrica porque era agobiante. Y empecé como extra en San Miguel, en una película de Libertad Lamarque, EN EL VIEJO BUENOS AIRES.

En un comienzo el cine no me gustaba. Demasiada gente, cámaras y cables por todos lados. Otra chica idish, Berta Moss, me avisó que en EFA estaban buscando actrices para una película con Sandrini y Hugo del Carril. Éramos exóticas y nos tomaron para el rol de dos extranjeras. No recuerdo la trama pero sí que me divertía mucho con Sandrini. Ya estábamos en 1943 y era tiempo de que abandonara el IFT porque en el cine pagaban muy bien. La EFA me ofreció un contrato y acepté. Había en EFA grandes ventiladores que funcionaban aún en los subsuelos, que eran muy fríos en invierno pero igualmente esos ventiladores seguían andando. Me di cuenta de que Luis Bayón Herrera no nos dirigía, nos dejaba hacer. De manera que nos defendíamos como podíamos. Conocí allí a aquella rubia hermosa que era Alicia Barrié, con un dejo chileno en su dicción y a su hermana, Elsa del Campillo. También a Carlos Schlieper, con quien me hubiera gustado trabajar porque él sí sabía cómo tratar a los actores. Zully Moreno andaba todavía en la EFA mientras aclaraba: “Yo me quedo con el gordito”.

Hice dos Oscar Wilde con Bayón: UNA MUJER SIN IMPORTANCIA y UN MARIDO IDEAL, en ambas ya encasillada como una malvada vampiresa. Lo que me habían criticado en el IFT, mi falta de énfasis, me ayudó mucho en el cine donde no se puede decir que haya sobreactuado. O eso creo. Disconforme con la paga me llegué hasta la SONO donde un gentil Atilio Mentasti me dijo que no necesitaban personal. Y comenzó la etapa independiente donde trabajaba sin parar tanto en teatro como en cine. Mis grandes fracasos como primera figura, EL QUE RECIBE LAS BOFETADAS, EL BARCO SALE A LAS DIEZ y RODRIGUEZ SUPERNUMERARIO, me condenaron a los repartos en segundos o terceros papeles. Porque debo decirlo: esas tres películas no tuvieron aceptación alguna. Me gustaba en especial EL BARCO… porque tenía un doble papel y me sacaba del encasillamiento. EL QUE RECIBE LAS BOFETADAS fue una adaptación de Andreiev  y Boris Hardy la filmó como una costosa superproducción. Ibáñez Menta dio una mano en cuanto a dirección de actores. Pesimista en exceso, el público la recibió con frialdad.

Y yo tenía que seguir pagando las deudas y manteniéndome sin padrino alguno. El primer beso que recibió esta vampiresa en cine, un beso que me pareció sensacional, me fue dado por Roberto Escalada en  SE LLAMABA CARLOS GARDEL. Aunque le parezca mentira, estaba  muy nerviosa y Escalada me dijo que lo dejara hacer a él. La verdad, quedé con ganas de más besos. He aquí que por esas idas y vueltas, me llamaron de la  SONO para la ex bailarina renga de  MARIHUANA. Fanny Navarro y López Lagar estaban en su apogeo y con ellos trabajé también en teatro, en CERVANTES EN EL NEUQUÉN. A mí Fanny nunca se me aproximó para hablarme de peronismo. Yo estaba en la izquierda y era sabido por todo el mundo. Había heredado las ideas de mi padre. En cuanto a MARIHUANA, debió haberse llamado NICOTINA por la cantidad de cigarrillos que consumíamos.

A Malisa Zini, una muy buena actriz y también peronista, la conocí luego en VOLVER A LA VIDA, donde el galán italiano Amadeo Nazzari llegaba sumido en vapores etílicos que había que disipar. Siempre de mujer de mala vida y, además, lesbiana, me integré al gigantesco elenco de DESHONRA. Tinayre trataba muy mal a Alba Mugica, Angeles Martínez y Myriam de Urquijo. Bueno, nos trataba mal a todas pero no sé por qué a ellas en especial. A Fanny le tenía miedo. Para colmo, ella llegaba tarde constantemente y una vez le grité que no tenía derecho. No lo tomó a mal. Se habló mucho de aquella lesbiana llamada Roberta y el gigantesco éxito de la película me hizo pensar en roles más importantes. Ilusiones. Hice un papelito como la madre de Olga Zubarry en ELLOS NOS HICIERON ASÍ. El director era Mario Soffici y tuve un, digamos, entredicho con él por un acercamiento de cámara. Debo decir que Olga se mantuvo en su lugar sin decir una palabra mientras se dirimía el entuerto. Luego, en LOS HAMPONES conocí a Elida Gay Palmer, una chica muy callada y de muy buena presencia. El insoportable Mario Cabré era mi pareja y ahí también fui primera figura para nada. Nunca vi esa película. .

En aquel momento, lo que se denominaba el Hollywood argentino se vino abajo justo con el golpe del 55. No sé de qué Hollywood hablaban cuando había que tomar colectivo y tren hasta los estudios, porque sacando a EFA y al RIO DE LA PLATA, estaban todos en el Gran Buenos Aires. No  me gustó lo que ocurrió luego de aquel golpe de Estado, a pesar de no haber sido jamás peronista. En cine, al menos, era un sálvese quién pueda. No es mucho lo que puedo rescatar de lo que vino. Pero sí que con Fanny hicimos para canal 7 una obra de Ernesto Sábato, LA VIEJA BANDERA y ahí me di cuenta, por fin, de que ella era de veras una buena actriz. Estábamos solas porque eran dos personajes y se entregaba del todo aunque a mí me gustó siempre controlar a la criatura que estoy encarnando. A Ud. puede no gustarle AMORINA pero Hugo del Carril controló a Tita Merello y ella siguió a pie juntillas y sin chistar las indicaciones del director. A mí Hugo me dijo: “Golde, Ud. ha fumado muchos cigarrillos en cine pero acá es diferente. Es una profesora y nada de vampiresas, por favor”. Era un director de actores como pocos. Y debo añadir que a Tita nadie la reemplazó jamás. Era una fuera de serie, le guste a Ud. o no.

El otro al que tengo que defender y lo hago es Juan José Jusid que me dirigió en LA FIDELIDAD y en LOS GAUCHOS JUDÍOS. Como actriz me hizo sentir muy bien porque sus indicaciones fueron realmente útiles. Antes, luego de LA VIEJA BANDERA, armaron un unitario en Canal 9 con Pedro López Lagar, justo cuando terminaba el rodaje de AMORINA. Nada menos que EL PADRE de Strindberg. Me llamaron y comenzamos los ensayos. Resulta que me necesitaban para volver a rodar una escena de la película y me ausenté. La ira de López Lagar y los gritos que pegó me dejaron perpleja. No me deprimí cuando me enteré que se había quedado sin voz. Es muy poco lo que puedo decir del resto de mi filmografía excepto que cuando se estrenó CHIQUILINES se asombraron de mi interpretación. Si luego de tantos años de trabajo hubiese estado mal, hubiera sido mejor que me dedicara a otra cosa.

Hubo sí, mucho teatro. Incluyendo una temporada con Alfredo Alcón, alguien a quien admiro pero no respeto. Fue en LAS BRUJAS DE SALEM de Arthur Miller con un elenco gigantesco en el que estaba también Milagros de la Vega.  A Ernesto Griffero le debo mi único unipersonal en teatro: FAMILIA SE VENDE, de la que es autor. Esa mujer abandonada por un marido invisible para el espectador, me dio la oportunidad de demostrar todo lo que había aprendido en mi larga carrera. Pude concentrarme al máximo en ese personaje y dar lo mejor de mi misma en el monodrama. Agustín Alezzo me había dirigido ya en el Miller que mencioné y me llamó para CARTAS DE AMOR EN PAPEL AZUL de Arnold Wesker. Nadie pensó que se iba a transformar en un éxito tan grande. Y comprobé también que se depende enormemente del director tanto en el teatro como en el cine. Por ese trabajo fui nominada como mejor actriz pero lo ganó Leonor Manso.

Como del teatro no se vive hice mis pasaditas por la televisión en teleteatros. Nada que valga la pena recordar. Ya no se ensayaba como en LA VIEJA BANDERA o EL PADRE –aunque fui reemplazada por Blanca del Prado-. Más bien se tiraba letra y yo no sirvo para eso. Es también lo que ocurre en cine: con Enrique Carreras en LAS PROCESADAS, como madre de Mercedes. Yo llegaba casi sin aliento y este hombre decía: “Se rueda. Hablen” y parecía, no sé, un mal ensayo, algo escolar. En este aspecto es muy negativo igualar a todos los directores del cine que hoy se considera viejo porque hay grandes diferencias. Me ha tocado trabajar con Soffici, del Carril, Boris Hardy,  Mugica, Tinayre, Klimovsky, Juancho Jusid y muchos otros. No me parece  justo medirlos con la misma vara. Eso es lo que creían quienes vinieron después que se derrumbaron los estudios y quedamos a la deriva.

Este es un negocio aleatorio. Luego del éxito de CARTAS DE AMOR EN PAPEL AZUL China Zorrilla me llamó para PERDIDOS EN YONKERS. Soy consciente de que tengo problemas con respecto a la velocidad. No podía seguir los ensayos según el ritmo televisivo que ella le imponía a la obra de Neil Simon. Me suplantó por Lydia Lamaison, que no tiene ningún problema para memorizar la guía telefónica. Pero memorizar dos tomos y saltar de un lado al otro del escenario no es crear un personaje. Debo decir, por otra parte, que esta vampiresa que Ud. tiene enfrente fue vencida por el rol de la vieja de CARTAS DE AMOR EN PAPEL AZUL. Sencillamente, no podía sacarme el personaje cuando llegaba a casa y estaba sola. El antiguo dispositivo que me permitía controlar a la criatura se había ido. Ese es mi mayor problema ahora. No creo que pueda volver al teatro. Y eso duele.  Cómo me voy a ganar la vida, no lo sé. Previsora no fui nunca.

Golde Flami murió en Buenos Aires en 2007, a los 89 años. Hacía ya tiempo que se había recluido en un mundo privado. Las entrevistas tuvieron lugar en octubre de 1993.