Cosmogonías, Esteban Moscarda

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¿Quién puede combinar con tanta soltura el inicio del universo, la estética trash y referencias que podrían ser míticas o incluso propias de la ciencia ficción?

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En el principio,
el feto del cosmos
bien acurrucado
en el útero del Caos.
Aroma pestilente,
flotaban los cadáveres
de los centauros
de la versión anterior.

Esteban Moscarda ronda el ambiente del under porteño. Un tipo de 30 años, con expresión eternamente adolescente, siempre de traje, como si fuera un personaje anacrónico por convicción personal. Se lo puede escuchar en algún ciclo de lecturas o evento de poesía, porque es un autor altamente efectivo, que deja de lado la idea estática de la lectura para transformarse en un performer, alguien que decide encarnar sus textos, ya sea prosa o poesía, y darle voz estentórea a los fonemas, convencido de que la literatura es algo vivo, cuyo fin último se expresa mejor que nunca en el momento efímero en que las palabras resuenan en el aire y no necesariamente en el apacible orden de un libro.

Entonces, ¿cómo funciona justamente un libro que compila 74 poemas —algunos tan breves como haikus o aforismos— de un autor con semejantes características? Antes de responder, o como parte de la respuesta, valdría hacerse la siguiente pregunta: ¿quién leerá este libro? Es probable que buena parte sea ese público que ya lo ha escuchado leer y lo descubrió interpretando muchos de estos textos. Para ellos, la lectura estará siempre acompañada de la voz del autor, recreada en la imaginación, con su cadencia peculiar, su roce con el vicio, su estética densa y bizarra. Pero el lector inocente, el lector no iniciado, también configura una voz mientras avanza por las páginas de este libro pequeño y sugerente. Rara vez un autor joven logra conjurar un estilo realmente propio, distintivo, categórico.

Y Cosmogonías definitivamente no será del gusto de cualquier público —ni está pensado para serlo—, pero sí de aquel lector «aspirante a caótico», como dice el autor en «Caos delicioso VIII». Es que se trata de una poética dionisíaca, que celebra la decadencia del paisaje que estamos acostumbrados a ver, pero lejos de ser un compendio de quejas tristes, la palabra clave es celebración: los textos de Cosmogonías están llenos de vida y belleza, y proponen, de alguna manera, una fiesta que termine con todas las fiestas, la última fiesta, la fiesta interminable, donde podamos reírnos de la idea ridícula de que existe algo así como un sentido último del universo. Mejor aún, los poemas de Moscarda festejan el arte como esa otredad en constante tensión con lo cotidiano, un lugar lúdico y lúcido en el que podemos chapotear alegremente sin dejar de —o justamente por—comprender que nada tiene sentido, que el mundo es un compendio de iteraciones azarosas y que en los intersticios de esas iteraciones puede vislumbrarse algo extraordinario que perseguir mediante la palabra.

Entre las páginas, una serie de referencias plantean otro juego posible, un juego de guiños complementario. El compositor polaco Krzysztof Penderecki gravitando cerca de Madonna («Sonaba Treno a las Víctimas de Hiroshima / y Like a virgin de Madonna. / Posibilidad de arpas / y de abortos.»), igualándolos, o instalando un marco dentro del cual se inscribe el resto del verso, como si Moscarda quisiera dejar cuenta de que hay un eje manifiesto entre la alta cultura y la música popular, y que Cosmogonías está hecho de la materia que conforma ese eje.

Y entonces el alumbramiento.
La luz despejando la niebla.
Universo pesa tres kilos y pico.
Nació sano.
Aburrido de historia y de imperios
y de razas que no saben qué hacer
con susdestinos
pero sano.
Todavía sigue creciendo.
Ahora escucha heavy metal.
(Cosmogonía)

Como respuesta a un «Vivaldi en orgasmo de claves y cuerdas», Moscarda contrapone la siguiente escena: «Wagner y Glass / luchando en el lodo / como dos putas ardientes». La fuerza de las imágenes es uno de los puntos altos de este poemario anárquico, o aparentemente anárquico, porque este desorden es hijo de un trabajo muy pensado, que ha alumbrado también versos de volada y frágil hermosura: «Un poema / dentro de un poema. / Es una mujer muñeca / dentro de la piel / de una mujer sueño». Potencia de imágenes y un manoseo de la palabra. Moscarda no le regala flores ni le propone casamiento al lenguaje: se encuentra con él en una esquina de Constitución y le mete mano mientras le ofrece un trago, todos los tragos, de su copa de vino. Más tarde, habrá vino y palabras para todos. Eso promete Cosmogonías mientras desliza una posición estética mucho más profunda e interesante.

Ficha técnica:

Esteban Moscarda
Cosmogonías
(Textos Intrusos, 2014, 110 págs.)

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Juan Manuel Candal (Buenos Aires, 1976) se licenció como director/guionista de cine en 2001. Es editor del área de Literatura del portal Leedor.com, además de colaborar en otros medios. Desde el 2010, co-dirige la revista online Otro Cielo. También el sitio Buenos Muchachos, de entrevistas breves. En 2011 publicó su volumen de cuentos "Siempre tendremos Venezuela". Ha publicado relatos en revistas y antologías, y en 2012 su primera novela.