Héctor Schenone, 1919-2014

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De esta manera el Dr. Gastón Burucúa, dilecto discípulo del Prof. Héctor Schenone hace su semblanza:

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Héctor Schenone fue profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador mayor, de fama internacional, en los campos de la historia del arte barroco y la historia del arte colonial hispanoamericano. Desde 1948, en que publicó junto a Adolfo Ribera El arte de la imaginería en el Río de la Plata, hasta sus monumentales volúmenes sobre la iconografía cristiana en América, editados en los últimos veinte años, su obra exploró horizontes de la práctica artística y de la estética de nuestro continente y alcanzó allí resultados, descubrimientos e interpretaciones que guían cotidianamente a sus discípulos quienes se cuentan por decenas. Como miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes, ha dirigido durante tres décadas los trabajos de relevamiento del patrimonio artístico nacional, que también dieron lugar a la producción de libros catálogos, únicos en su género y reconocidos en el mundo entero, al punto de recibir apoyo internacional de instituciones como la Getty Foundation para el proceso de su publicación. El profesor Schenone fue dueño de un saber vastísimo, único en su género, que prodigó con una bondad, una profundidad y un desinterés infrecuentes en estos tiempos. Para muchos de nosotros, su figura constituye un pilar y un ejemplo en nuestras memorias.

Desde lo personal me será dificil olvidar a mi maestro Héctor Schenone quien desde su cátedra de Plástica IV  nos enseñó a mirar hacia arriba cuando visitamos una ciudad o a descubrir las torres achaparradas del colonial latinoamericano.

Físicamente cada vez mas parecido a la iconografía de San Pedro, destilando santidad por los poros, fue un espectador curioso, interesado entre otras cosas por el video arte, para nada enquistado en el pasado. Todo lo que hizo para la preservación del patrimonio del arte argentino desde la acción y el pensamiento es invalorable. Toda su labor  fue hecha desde la más absoluta humildad, dando un testimonio de vocación y decencia para todos los que lo conocieron. Yo le debo mucho, me abrió el camino y estoy orgullosa de haber compartido aunque sea por un breve tiempo con él,  el trabajo en la Academia.

Graciela Taquini, su alumna en los años sesenta.