Misteriosa Argentina: Diario de Viaje, Mario Markic

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Un libro que rescata el valor de nuestro patrimonio cultural, natural e histórico desde la mirada de un periodista que va en busca de historias insólitas, a veces mágicas, o que simplemente describe las maravillas de los paisajes que ve en su camino. Un diario de viaje que permitirá al lector viajar por la Argentina, a la par de su autor.

Misteriosa Argentina: uno podría preguntarse qué la hace misteriosa. En este libro se esbozará más de una respuesta. Por empezar, un fantasma que recorre un teatro y es visto deambulando por ahí. Para seguir, la historia del “angelito”, un niño muerto que, se cree, cuenta con poderes milagrosos. Y muchas otras. No obstante, el misterio no yace sólo en aquellos acontecimientos inexplicables para la razón, también en las fuerzas de la naturaleza. Un hecho como la aparición de un pájaro que ha sido marcado por una bióloga y que es encontrado a miles de kilómetros de distancia de donde ha sido avistado, en medio de una bandada gigante, también contiene en sí un gran misterio. La dificultad que tiene su especie para subsistir es otro tema abordado en la crónica, donde su autor da cuenta de cómo el hombre está exterminando su medio ambiente. Y este, podríamos plantear, es otro misterio.

Markic es, además de un narrador preciso que consigue atrapar al lector con sus profundas investigaciones, un descriptor hábil que está acostumbrado al lenguaje visual y que traduce bellamente sus imágenes en palabras. Así, consigue transmitir la desolación del paisaje de la Antártida con su inmensa blancura, un paisaje donde treinta segundos de exposición al frío son suficientes para que los lóbulos de las orejas se desprendan con solo un tirón no muy fuerte. Allí, la espesa capa de hielo que cubre la Antártida enmascara sus dimensiones, su verdadero relieve. Todo es difícil, todo es frágil y provisorio, describe Markic. También es notable la descripción de su ascenso hacia la Laguna Brava, en La Rioja: La caprichosa geografía sorprende en cada recodo del camino (…), la imaginación vuela hasta concluir que un fantástico cataclismo ordenó las cosas tal como uno las ve.

Este periodista pone el cuerpo en sus notas y esto se refleja en su escritura. El suyo es un relato que permite seguir los pasos de quien lo ha escrito como si fuésemos su sombra. Las sensaciones registradas permiten advertir que quien escribe es más que un mero observador de la realidad, se reconoce como alguien que forma parte de ella, que interactúa con las personas y paisajes que encuentra en su camino. Son registros físicos, por ejemplo, la sensación de falta de oxígeno al recorrer lugares de gran altura o la del viento pegando fuerte: estoy flameando como una bandera. Las marcas de subjetividad aportan lo justo, pero siempre están amalgamadas con datos objetivos como acontecimientos históricos, datos geográficos, citas textuales, fechas, información fáctica acerca de personas y lugares. El ritmo de esta prosa es pausado; tiene los respiros suficientes como para entrar en los personajes, los lugares y los climas. El autor no se ha dejado impregnar por los ritmos propios de la televisión en la que trabaja, ni aquí ni en su programa En el camino, una rara avis dentro del mundo televisivo.
Un elemento que se destaca en los relatos de Markic es evidentemente todo lo que pertenece a la cultura popular, en especial lo vinculado a mitos y leyendas, creencias o a costumbres de los pueblos originarios. El misterio vuelve a aparecer en unas estrellas diaguitas dibujadas en el piso que, aparentemente, eran una forma de agradecimiento de aquel pueblo a la Pachamama. O en Catamarca, en unas pircas circulares de piedras, otro santuario dedicado a la Madre Tierra y en los menhires de Tafí del Valle.

Otro elemento de lo popular se evidencia en el culto a personas que han sido santificadas por el pueblo, como Gilda. La fe ciega en la figura del Gauchito Gil y la Difunta Correa también forma parte de estas creencias y se puede verificar en sus santuarios. Si bien la tentación de negarlo todo es grande, hay algo que queda rondando en la cabeza del periodista después de presenciar estos fenómenos. ¿Cómo se para uno cuando le toca ver multitudes avanzando de rodillas hasta un santuario que lleva más de cien años…? Fervor popular y masivo. Hay en eso algo indiscutible que vence a la pura búsqueda de explicaciones lógicas, reflexiona.

En el prólogo, escrito por Ricardo de Titto, este historiador resalta la capacidad de Markic para intuir y sacar a la luz historias que para otros pasarían inadvertidas. Estas historias seguramente asombrarán al lector y lo llevarán a preguntarse cómo han sido obtenidas. A veces, el modo en que se ha dado con una historia es evidenciado, otras no. Y aquí podemos encontrar otro misterio. La del hotel Edén, en La Falda, Córdoba, es una con la cual el cronista se ha topado accidentalmente. Un sorprendente relato que muestra los estrechos vínculos de los dueños del hotel con el régimen nazi, incluso su amistad directa con Hitler. El periodista nos cuenta cómo ese lugar, donde los Eichhorn hacían fiestas y donde sus invitados cantaban marchas nazis y saludaban con la mano derecha en alto, ha quedado en ruinas. Un lugar gigantesco y de lujo, completamente equipado para la época, del cual todavía quedan como testimonio los leones rugientes de mármol blanco en el jardín de entrada. Todo está muerto, sentencia Markic. Y lo destacable de cómo está contada esta historia es que no hay un juicio hecho desde quien cuenta acerca de lo que está narrando y describiendo, no hay adjetivos valorativos que digan al lector cómo tiene que interpretar el texto. El periodista expone lo que ve y los testimonios que ha recogido y deja que los hechos hablen por sí mismos, así sus palabras adquieren más fuerza.

Además del pajarito ya mencionado, hay otros animales que protagonizan las crónicas aquí reunidas. Son las del caballo Malacara, héroe de Trevelin en Chubut y la de Fernando, en Resistencia, un perro callejero encantador que desayunaba café con medialunas con el gerente del Banco Nación y que se convertía en el centro de los eventos culturales determinando el éxito o el fracaso de un espectáculo, por ejemplo. Un crítico implacable con un refinado sentido de la estética. Misterios del mundo animal.

Los paisajes que habitan este diario de viaje son absolutamente increíbles y dan cuenta de la variada y asombrosa geografía que conforma el territorio argentino. La singularidad de la Puna catamarqueña donde se encuentran los volcanes más altos del mundo es uno de ellos. Los campos de piedra pómez son descriptos como una geografía que parece irreal: rocas con formas inquietantes, superficies cubiertas de una ceniza muy liviana y blanca. Y en el medio del volcán Galán, la laguna Diamante, refugio de patos y flamencos rosados, frecuentada por vicuñas. Estos textos también transitan por Humahuaca, Valle de la luna y los Valles Calchaquíes.

Shinkal, una ciudad amurallada hecha por los incas es otra joyita que se puede encontrar en Catamarca. Y en esta crónica descubrimos que Londres fue fundada sobre las ruinas de esa construcción. Sí, Londres, porque así como nosotros en Argentina tenemos un San Francisco y un Los Ángeles, hasta un Nueva York, en Catamarca podemos encontrar un lugar llamado Londres. Son muchas las rarezas diseminadas por nuestro territorio: un meteorito en Chaco, la llamativa arquitectura de Salamone o los secretos que oculta la mansión Messidor, situada cerca de Bariloche, son otros elementos que componen la lista.

Estos relatos muestran cómo la realidad puede ser más extraña que la ficción. Si no fuera porque sabemos que este libro pertenece al género periodístico, podríamos pensar que algunas de las historias que en él se cuentan son producto de una frondosa imaginación. Markic realiza un trabajo de arqueólogo para dar con ellas y una vez halladas no las deja morir, las inmortaliza en estas páginas, con un estilo claro y directo. El periodista no devela del todo aquellos misterios que pueblan nuestro presente y nuestro pasado, pero sí utiliza su pluma como una lente por la cual el lector podrá acercar su mirada a ellos.

En Misteriosa Argentina se narra una historia enigmática: la de Guillermo Isidoro Larregui, quien se pasó buena parte de su vida empujando una carretilla a lo largo de veintidós mil kilómetros por todo el país. Larregui era un vasco testarudo que se proponía realizar hazañas imposibles y las cumplía, llevando lo indispensable y soportando condiciones adversas. También, en determinado momento, comenzó a escribir crónicas de sus viajes. En una ocasión, el aventurero escribió: Vivir el ritmo oculto de los campos/ abiertos, llenos de sol/ la emoción de la tierra argentina/ llena de generosidades/ He ahí mi objetivo. Estas palabras podrían haber sido escritas por el mismo Markic que quizás encontró en Larregui a un reflejo suyo. Markic, al igual que Larregui, es un incansable explorador de nuestro territorio. Claro que con medios más modernos, pero con la misma pasión y el mismo tesón, la misma voracidad.

Creo, en definitiva, que este libro nos hará amar más a nuestro país. Porque, como dicen, no se puede amar lo que no se conoce; y, como este libro nos ayudará a conocer más la Argentina ?aquella que no emerge a simple vista? también contribuirá a que crezca nuestro amor por ella.

Ficha técnica: Markic, Mario (2013) Misteriosa Argentina: Diario de Viaje, Buenos Aires: El Ateneo. 272 págs.

Mario Markic (Río Gallegos, Santa Cruz, 1953) es un periodista que cuenta con una larga trayectoria tanto en medios gráficos como en televisión. Ha trabajado para las revistas Gente, Siete Días, La semana y Noticias. Desde 1992, realiza informes especiales en Telenoche Investiga y en el noticiero Telenoche. Conduce el programa En el camino desde 1996. Es coautor de Puro Periodismo (2000), y autor de Cuadernos del camino (2004) y de Patagonia de puño y letra (2010). Desde 1997, es profesor titular de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Belgrano.